domingo, 20 de marzo de 2011

La traca valenciana


José Ramón Márquez

Valencia es una ruina. Ruina ganadera de primera. Lo de ayer, fiesta mayor, día grande, o lo de los otros días, es exactamente lo mismo. Triunfo del antitaurinismo, triunfo de la negación de la base esencial del espectáculo que es el toro. No se puede echar en todas las corridas las mismas combinaciones y permutaciones de animalejos. Con decir que la corrida que hasta ahora ha brillado por casta y movilidad ha sido la de Fuente Ymbro queda dicho todo.

¿Que El Cid corta una o dos orejas? Pues qué bien ¿Que Ponce vuelve a hacer el ridículo? Pues genial, que se ve que no tuvo bastante el año pasado. ¿Que July estuvo importante? Es lo suyo.

Todo eso es nada sobre nada, porque la base falla.

La suerte de varas es un fantasma que recorre esa plaza vergonzantemente y de tapadillo, un trámite innecesario y sangriento sin finalidad alguna. La antes llamada suerte suprema es lo que frena para que las grandes faenas sean recompensadas como deben, a base de orejas. Es ésa la lógica contemporánea que Valencia nos muestra, en la que ambas cosas deberían ser eliminadas. Fuera caballos y un velcro en la espalda del toro y ya tenemos perpetrada la revolución del toreo. ¿Qué será lo próximo? Serrar los pitones, humanizar aún más esto a ver si conseguimos que ya no vaya nadie a ver esa mofa de un espectáculo que hasta no hace tanto era cosa de tíos con redaños y ahora tuerce hacia un repulsivo ballet lleno de mohínes, respingos y caídas de ojos.

Por lo que toca a los toros, en Valencia ya sólo les queda la de hoy, la de Adolfo, para redimir a esa plaza, antaño seria y exigente, del despropósito. A los toreros, aún se les alargará durante meses su estación de penitencia. A El Cid le queda la cita con Miura y Victorino en esa plaza profanada por el torillo acomodaticio en esta feria de Fallas. Será el día 5 de mayo y ahí estaremos, por los toros. A Ponce le quedan las palabras que le digan entre su suegro y el presentador de las campanadas, los directores de su actual carrera hacia la nada, hacia la dilapidación de su propia historia en su propia plaza. A Juan Mora, ya lo djimos, esta temporada le va a costar mear sangre; después de Valencia le toca Sevilla. A July le da todo lo mismo, porque lo suyo es estar importante y cortar orejas y siempre lo hace. Siempre gana.

Estábamos en Valencia hace muchos años, última fila del tendido. Habíamos ido a ver a Ponce y a Rincón. Hacíamos nuestros comentarios en voz baja, como siempre. Una señora, que estaba sentada delante de nosotros y nos escuchaba se vuelve hacia nosotros y nos dice:

-Ustedes son de Madrid, ¿verdad?

-Sí, señora.

-Claro... Pero es que nosotros venimos aquí a divertirnos.

¿En serio ese espectáculo les resultará divertido?