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domingo, 18 de abril de 2021

Hablar de fútbol en Taiwán


 

Íker Izquierdo*

Taiwán

Recientemente, apareció en este blog de Salmonetes..., un artículo titulado “Preparar los partidos”. Lo firma José Campos, profesor español veterano de Taiwán y, además, taurófilo, futbolero y devoto del cabrito asado, es decir, lo peor que se puede ser en la España posmoderna. Coincidimos, el profesor y yo, en la concepción básica del balompié, aunque yo dejé mi afición tras el triunfo sociológico de Guardiola, y ahora, el tiempo que dedicaba al fútbol, lo dedico a ver series de televisión, como Pablo Iglesias. Pero Campos sigue viendo fútbol, y hete aquí que tiene la osadía de proponerlo como tema de tertulia cuando los Episodios Nacionales de Galdós ya no dan para más.

Y de esto quería yo dejar constancia, de cómo se habla de fútbol en Taiwán, y de sus consecuencias. Para que se hagan ustedes a la idea, Taiwán es un país de béisbol y chancletas, o sea, de gorra con visera y pinrel al aire, con sus uñas negras y todo; y cuando los urbanitas pequeño-burgueses de Taipéi se ponen a ver fútbol europeo, lo hacen con una inmediatez epistemológica que les impide hacer una valoración histórica de, pongamos por caso, un estilo de juego. Para el taiwanés, o el malasio (para no cargar las tintas en casa), el requiebro de cintura que practica Messi, lo inventó Messi, como si jamás hubiesen existido Di Stefano o Cruyff. Pero el europeo, en cambio, tiene un poso histórico futbolero heredado de su padre (o del borracho del bar) que le permite identificar el fraude o acaso, aportar una anécdota histórica del calado de la que Campos se hace eco en su artículo. Me refiero al “pase atrás”, que en versión taurina es la “pata pa tras” de los toreros modernos, y que fue pergeñado por primera vez en el fútbol español por Panizo ¡y en San Mamés!

Insisto. Es importantísima la cuestión del poso histórico, porque en las tertulias del profesor Campos en Taiwán, huérfanos como estamos de fútbol de verdad, nos queda la historia. Y lo mismo sale Panizo, como salió hace una semana, que sale Pini. Y esto de Pini lo contará el profesor en otro artículo. Pero lo que me ha impelido a garabatear estas líneas es el descubrimiento de la conexión entre Taiwán y el fin del fútbol.

Durante una de esta tertulias, en la que también participó Pedro Prieto, un ingeniero naval español que construye submarinos para los taiwaneses y que se conoce a Joseph Conrad al dedillo, surgió el espinoso asunto del por qué dejé de ver fútbol. Por una parte, hay una explicación muy razonable, que tiene que ver con la diferencia horaria y el ambiente social poco propicio para mantener el interés, es decir, lo que los sociólogos llaman el “group conditioning”, o algo así.  Pero por otra parte, me doy cuenta de que vivir en Taiwán tantos años no ha hecho otra cosa que poner la puntilla a una evolución personal previa, y por tanto, mi desinterés por el fútbol ha de ser una cuestión objetiva. Hablando en plata: el fútbol actual es una verdadera mierda, y solo mantuvo mi interés mientras Mourinho se enfrentó con todo al Boddhisattva de Sampedor. Y desde entonces: nada. Desconozco ya lo que ocurre en el fútbol. No me suena ningún nombre, y cuando el profesor Campos menta la bicha en las tertulias taiwanesas, yo sólo puedo aportar anécdotas históricas o biográficas: que si la cita anual del “piru” Gaínza con Franco, que si el fallido fichaje de la Chelona por el Cádiz para jugar con su compatriota Mágico, que si la liga que ganó el Arsenal a principios de los 90 con dos borrachos en la defensa y jugando a la italiana, que si… en fin. Pues en esa tertulia que les decía, salió también a relucir el nombre de Beckenbauer, porque mi padre, que es uno de los hombres que más sabe de fútbol en España (y parte de Europa occidental), aunque es antimadridista (¡qué le vamos a hacer!), me daba la turra con que yo tenía que aprender del Kaiser, y es que en infantiles, yo jugaba de líbero, que es una cosa tan añeja como lo pueda ser una “palmatoria”.

Y recordando hoy esta anécdota he caído en la cuenta de que cómo ha afectado Taiwán a nuestra percepción del fútbol. Hemos tenido que venir hasta aquí, hasta esta isla que está a 10 000 km de España, para darnos cuenta de que el fútbol, tal y como lo conocíamos, ha desaparecido; de que solo fuera de Europa podemos sacar a relucir en una misma tertulia a Panizo, a Pini y a Beckenbauer. ¿Tenemos que venir a Taiwán para darnos cuenta de que el fútbol ha devenido en videojuego (donde puedes dar infinitos pases atrás)? Porque ver al Manchester City y al Liverpool ¡y hasta a la Real Sociedad! jugando al toquecito, le deja a uno descolocado, cariacontecido e irremediablemente alejado de la masa de currutacos que pueblan las gradas y las redes sociales. ¿Qué queda entonces? La historia del fútbol, y ponerse a leer, yo qué sé, La saga/fuga de J.B.: “Tin morín de dos pingüés, cúcara mácara chíchara fue”.

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*Iker Izquierdo es escritor, traductor y locutor de radio en Taiwán

 


 Racing en la temporada 1951-52
De pie, Teruel, Ortega, Ruiz, Herrero, 'Pin', Mahjoub y Juanito
Agachados, León, Bermúdez, Macala, Magritas y Felipe