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lunes, 12 de abril de 2021

Capitanes y Reyes


El capitán profana el tabú

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Esto, sin público, no es fútbol, y lo sabemos, pero preferimos poner con la imaginación aquello a lo que no llegamos con la vista. Si nos gusta engañarnos en la política, ¿cómo no nos va a gustar engañarnos con el fútbol?
    

Lo mejor de la final de la Copa del Rey en la Cartuja de Sevilla fue… el Rey, la soledad del Rey, que en eso consiste su majestad, y no es cosa de irnos a la estantería de Luis Díez del Corral.
    

Solo, en el palco, parecía que el Rey hubiera comprado todo el taquillaje para asistir, precisamente así, solo, al espectáculo, a imitación de Roy Bean (Walter Brennan) en la escena cumbre de “El forastero” de William Wyller, con el juez vestido de gala (incluido el sable), ¡él solo en el teatro!, para gozar de la actuación de Lily Langtry, el Lirio de Jersey, que en el caso que nos ocupa sería Portu, que le sacó un penalty al central Íñigo Martínez, o sería Villalibre, el delantero capuchino del Athletic, el segundo equipo de todos los españoles cuando uno era chico, y hoy, efectos de la Santa Transición, más antipático que el Barcelona. Ganó la Real, cuyo único tiro a gol fue el penalty, desgracia que los supersticiosos atribuyen a que Muniain, el capitán navarro del Athletic, tocó la Copa al saltar al campo, gesto que habría convertido a la Real en un toro de cinco patas.
   

 –Sí, sí, existen los toros de cinco patas –dejó dicho Joaquín Rodríguez Cagancho, pero para verlos no hay que ser supersticioso.
    

Muniain es de los que se santiguan al pisar el césped, o sea, que no es supersticioso, aunque en esto de las supersticiones hay una conversación entre Curro Puya y su pariente Joaquín Rodríguez Cagancho (gitano de ojos verdes que un día revolucionó el toreo bajando las manos con el capote y otro día revolucionó el orden público pegando la espantá en Almagro), el día de Año Nuevo de 1931 en Triana, Sevilla, recogida por Fernando Claramunt en “República y toros”.
    

Joaquín, ya sabes que a ese terno (negro y oro) le llaman el catafalco; trae mala suerte.
    

No soy supersticioso, Curro. El nazareno me hace pensar en el Cristo del Gran Poder, le rezo mucho y me ayuda en los ruedos. El otro, que tú llamas catafalco, me da solemnidad; por algo me llaman El Faraón.
    

Mira, primo, a mí me consideran supersticioso por apodarme Gitanillo de Triana. Me traen suerte los colores claros. Voy a estrenar el gris perla y plata, que es muy seguro contra el mal fario.
   

 –Yo no me fiaría, Curro. A ese color le llaman los revisteros Miércoles de Ceniza. Te puede ocurrir una esaborisión.
    

Deja en paz a los malos mengues. He toreado mucho con Vicente Barrera que es de Valencia y no cree en esas tonterías. Alterno con Marcial Lalanda, madrileño, al que le ha tocado ver la muerte de Granero y Varelito en el ruedo. ¡Y no creo que sea gafe! Torearé el 31 de mayo en Madrid con él y no siento la jindama. Por si acaso, ese día llevaré el vestido nuevo, ceniza y plata. Voy a dar la alternativa en Barcelona a Domingo Ortega, un muchacho de un pueblo de Toledo. Va a ser un fenómeno. Lo ha dicho Juan Belmonte.
   

 –Eso no puede ser, Curro. De Despeñaperros para arriba se trabaja. Ortega será como dice Belmonte, pero un trabajador. Tú y yo somos artistas. Se nos nota la sangre de reyes en la palma de la mano. Sólo se torea de Despeñaperros para abajo. Lo demás es trabajar.
    

Seguro que en estos párrafos halla el aficionado al Athletic la razón de su derrota ante la Real en Sevilla, donde se vio que de Despeñaperros arriba se trabaja. Muniain quiere hacer de artista, pero no llega, y a Marcelino García Toral, el asturiano de Villaviciosa que tiene fama de guardar su primer sueldo, se le veía en la banda cara de suspirar por un artista como Ricardo III suspiraba por un caballo.


    –¡Mi reino por un Parejo!


    ¡Ay, si Parejo, en vez de nacer en Coslada, hubiera nacido en Elorrio! Para que se vea la importancia del paisaje en el arte desde que lo descubriera Petrarca para la historia de la estética europea escalando una cima de los Alpes.


    Después de la final de Sevilla, el piperío madridista, que se apresta a recibir al Liverpool, puede estar seguro de que el Real de Zidane, sobre la base de Lucas Vázquez y Benzemá (de quien los cronistas afirman ya que en el remate de cabeza no tiene nada que envidiarle a Santillana), hará doblete sin despeinarse.



 Cagancho

 

CORTESÍA ARBITRAL


    Ni la convocatoria de elecciones en el Florentinato ni la catastrófica imagen de Inglaterra de rodillas a instancias del BLM parecen hechos más relevantes que la noticia de que el árbitro que le birló a Cristiano un gol a Serbia en el último minuto de un partido que acabó en empate, perjudicando gravemente la clasificación de Portugal, se haya disculpado personalmente. Según el seleccionador portugués, el árbitro le pidió disculpas y le dijo “que estaba avergonzado; yo estaba en el vestuario con él y me pidió disculpas; me había dicho en el campo que iba a ver las imágenes y que si era el caso me llamaba para disculparse ... y así fue”. Todo lo cual, en tiempos del VAR, es lo que se dice de aurora boreal.

[Lunes, 5 de Abril]