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viernes, 9 de abril de 2021

Ay, Dios


Dostoyevski

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El bien supremo que nos ata es la propia vida; de ahí que para ser libre sea necesario destruirse uno mismo: Hannah Arendt revisitando “Los demonios” de Dostoyevski.


    –La docilidad de los escolares y de los tontos ha llegado al más alto nivel –dice Stepánovich–. Los maestros rezuman rencor y bilis. ¿Se da cuenta de la mucha gente que vamos a atrapar con unas cuantas ideíllas fabricadas al por mayor?


    Lo que cunde, observa el narrador, es una irritación general, algo implacablemente maligno, como si todos estuviesen hartos de todo (reinaba, en fin, un cinismo incoherente y general).


    –De qué a qué fue nuestra transición es cosa que no sé ni pienso que nadie sepa. Las gentes más ruines adquirieron de súbito ascendiente entre nosotros y se pusieron a criticar a voz en cuello todo lo más sagrado, cuando antes no osaban decir esta boca es mía; en tanto que las personas principales se aprestaron de pronto a escucharlos, y callaban.
    

Para Arendt, el problema principal en todas las novelas de Dostoyevski no es saber si Dios existe o no, sino si el hombre puede vivir sin creer en Dios: si creo por la sencilla razón de que no puedo soportar no creer, es evidente que no creo. La humanidad no puede sobrevivir sin fe. La posibilidad de lo divino en la tierra depende del acontecimiento de la Encarnación, único medio de salvarse de la desesperación.


    –No se puede plantear el tremendo problema del bien y del mal sin considerar la persona de Jesús de Nazaret. Esta toma de conciencia se produjo al final de la Revolución francesa. Sin ella, ni Melville ni Dostoyevski se hubieran atrevido a desvirtuar la transfiguración gloriosa de Jesús para hacerle regresar al mundo de los hombres, el primero en “Billy Budd”, el segundo en “El Gran Inquisidor”.
    

En Dostoyevski, la señal de la divinidad de Jesús estriba, según Arendt, en su capacidad para tener compasión de todos los hombres en su singularidad, sin necesidad de reunirlos en un conglomerado informe: el pueblo “toujours malhereux”.

[Viernes, 2 de Abril]