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domingo, 10 de marzo de 2019

No es Karius, es Carlos Abad

 Carlos Abad

Manuel  Mosquera, tercero por la derecha, sentado
Manolo Peña, segundo por la izquierda arriba

 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Se entiende que un equipo de fútbol o de lo que sea pierde contra otro por que ha jugado peor, por mala suerte, por el árbitro, porque el rival es muy superior o el manojo de pertinentes justificaciones o evidencias que los aficionados derrotados quieran argumentar. Hoy el cordobesismo... bueno, yo, que soy cordobesista, me he quedado idiotizado ante el televisor reviviendo la actuación de aquel Karius del Liverpool en la figura de nuestro portero Carlos Abad al que le he justificado varios deslices durante la temporada, pero que hoy ha agotado mi paciencia y me ha hecho gritar solo en el salón un “vas con ellos, tío”, que ha sobresaltado a mi doña en los comienzos de su siesta. Cualquier día me llama machista.
     
Y es que si no lo ven ustedes no se lo creen. ¡Qué dos goles! El 1-0 es un balón de córner que le llega fácil y suave a nuestro canario, hoy barítono de ópera, pero fácil, fácil... sin que nadie le acose o ni siquiera le estorbe. ¿Lo coge? Así parece, pero no. Se le escapa, escurre (se habrá lavado los guantes con fairy) y gol. En fin, un error, una pifia, una cantada... y con la que está cayendo, pues pobre Carlos. Me acuerdo de Karius por primera vez, pero en Kiev, Benzema al menos estorbaba. Al finalizar la 1ª parte nuestro portero tiene tres defensas libres para pasarles el balón, pero lo manda al centro, a un azulgrana que sólo tiene que dar dos zancadas y un pase a Zarfino para que el uruguayo empuje un 2-0 en el Francisco de la Hera. Los extremeños no creen lo que están viendo, los 400 cordobeses que han viajado tienen la misma pesadilla y yo doy el grito mencionado líneas arriba y se me vuelve a presentar el fantasma de Karius.
 
La 2ª parte ha sobrado. Nos han expulsado o se ha expulsado Bodiger y nos ha colado el gaditano KikeMárquez (estaba en la lista para reforzarnos) un tercer gol en el minuto 90 para sumar 54 en contra, 12 más que el Gimnástico de Tarragona, segundo equipo más goleado. Una cifra más que significativa de una debilidad defensiva que nos está llevando por el camino de la amargura al infierno del que abominamos.
    
Durante la semana se ha querido vender una reacción que está claro no tiene base por mucha voluntad y amor al club que ponga el nuevo entrenador Rafa Navarro. El cordobesismo, una de las aficiones más irracionales -entiéndase lo de irracional como soñadora e ilusa- se encaminó por la carretera de Badajoz en pos de una esperanza y me da que regresa hundida y..., pongamos un palabro mas cursi que inapropiado, estupefacta.
     
Al Extremadura lo tenía Luis Oliver como de cantera para el Córdoba, pero los extremeños subieron, Oliver se enemistó con el propietario blanquiverde y ha trasladado sus negocios y sus afanes -el tío sabe la tira de fútbol y clubes menesterosos- donde ve color. Para salvar al equipo de Almendralejo ha vuelto a convencer a Reyes, más lento y gordito que en Córdoba, a no sé cuántas novedades invernales y a un tercer entrenador, Manuel Mosquera, ídolo azulgrana allá por los 90 de con Ortuondo de míster y el exburgalesista Manolo Peña de pareja goleadora, que es posible lo consiga, pues Reus, Nástic y Córdoba -ozú- suman tres plazas.
      
El que más me ha gustado ha sido el lateral derecho Álex Arnáiz, que corre como un cuatrocentista; el centrocampista Olabe que es del Atlético de Madrid; la aparente consistencia de la pareja de centrales Pardo y Borja Granero que se van a asentar después de varias pruebas fallidas de los distintos entrenadores y por supuesto Reyes que juega andando pero pone el balón donde pone el ojo.

      ¡Que sensaciones mas malas tengo!