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viernes, 8 de marzo de 2019

Acosando a la acosada



Hughes

La coincidencia del juicio del «procés» con la semana de feminismo de Estado ha producido contrastes casi divertidos. No se le ha aplicado ninguna sororidad a la secretaria judicial que después de sufrir el acoso aquel 20-S sufre ahora otro en internet por los independentistas, que difunden sus datos como invitando al ejercicio de más no-violencia sobre ella, ajenos quizás o quizás no a que ciertas presiones sobre un testigo pueden ser delito penal.

Cuesta mucho esfuerzo ser secretaria judicial siendo mujer. Exactamente el mismo que le cuesta a un hombre, pero ¿por qué aquí no suenan los violines del género?

Parlamento, tribunales. Todos estos espacios les dan igual. La democracia es lo que se crea cuando un número suficiente de independentistas se juntan. Por los papelotes incautados nos enteramos después del lugar que su futura Constitución reservaba a los partidos discrepantes, que era... Sí, ese, el que están pensando.

El mesiánico futbolista Gerard Piqué publicó ayer un tuit contra Enric Millo con un vídeo que pretendía ser exculpatorio en el que Jordi Cuixart decía: «Marcharán cuando nosotros digamos», lo que se parece mucho a tener a alguien retenido. Pero hombre, ¡ni que los funcionarios judiciales fueran árbitros acorralables!


Aunque ni siquiera eso es lo importante. No haría falta ni recordar a Artur Mas entrando en helicóptero en el Parlament años antes. El escrito de la Fiscalía da al 20-S una importancia en sí mismo, pero sobre todo una importancia preparatoria: conociendo todo lo que sucedió esa jornada, se convocó y organizó el 1-O con la inacción y colaboración de los Mossos. Los Mossos son una fuerza armada y la votación (no democrática sino ritual) era la condición necesaria para la DUI, es decir, para la ruptura de la ley española. Unan los puntos ustedes. Guste o no, la rebelión se pide con cierta base, la justicia podrá dejarla en sedición y el Consenso en indulto.

Hay dos millones de personas que se sienten tan distintas y ungidas como para haberse dado normas propias (la transitoriedad). Va a ser difícil que respeten derechos ajenos que de forma manifiesta ya pisotearon. La funcionaria que negándose a aceptar el paseíllo de oprobio de los perdonavidas eligió la azotea quedará para los restos como una imagen de amedrentamiento y soledad.