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lunes, 11 de marzo de 2019

De pronto, una Zona Cero

Frascuelo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El Madrid cayó como las Torres Gemelas: los dos clásicos hicieron de aviones, y lo del Ajax sólo fue el derrumbamiento. De pronto (¡una semana!), nos encontramos en una Zona Cero, con Sergio Ramos de guarda de las ruinas y todo el mundo opinando sobre lo que habría que hacer. ¿Reconstruir las torres? ¿Levantar un monumento? ¿Un aparcamiento?
    
En lo que algo se decide, Ramos, que para los medios pasa por ser la cabeza mejor amueblada del vestuario, emerge como el sargento Arensibia de la situación (¡aquellas historias de la p… mili de Ivà!), y se ha hecho cargo del estado psicológico del grupo, viajando a Valladolid de Doctor Rojas para Solari, que ha sido la historia de una incompetencia. A Ramos se lo respeta en el vestuario por su astucia: forzó la tarjeta en Ámsterdam, y como nadie se había enterado, fue a la rueda de prensa a contarlo, con lo cual la Uefa no tuvo más remedio que retirarlo de la circulación para dos partidos, rebaje que él aprovechó para grabar el documental de su vida, que tiene algo de la de Frascuelo.
    
De Frascuelo nos cuenta Cañabate que un día, en una fiesta campera, se comían los asistentes un cordero asado. Cerca de la mesa, amarrado a un árbol con una cadena, un formidable mastín leonés (se lo conoce por los espolones) jugaba a los mondadientes con los huesos que le arrojaban.

    –¡Cualquiera le quita al galán éste un huesillo! –exclamó un comensal.
    
Cualquiera, no sé –contestó Frascuelo–, pero yo, desde luego.
    
Y sin decir más, se puso en cuatro patas y fue acercándose, despacio, al mastín, que le miraba de reojo y gruñía. Frascuelo pilló un hueso, y el perrazo le lanzó un mordisco en la pantorrilla, respondiendo el diestro con un bocado a la oreja del can.
    
Y así, mordisco va y mordisco viene, se estuvieron un rato, hasta que el mastín renunció a seguir comiendo huesos.
    
Me acordé de esta escena leyendo los cuentos sobre el rifirrafe de Ramos con el presidente en el vestuario la Noche Triste del Ajax, en los cuales nada encaja, y si encaja, estamos perdidos.
    
Los arbitristas hacen cola en el Bernabéu proponiendo soluciones para la catástrofe.

    –Suker y Mijatovic no querían pasar el balón a Raúl –declara Capello, convencido de que el Madrid se arregla convenciendo a Isco y Asensio de que pasen el balón a Lucas Vázquez–. Se lo dije a ambos y no pasó más.
    
¿A qué estilo de juego aspira el Madrid? Nadie contesta.
    
Los partidarios de reconstruir las torres quieren a Mourinho. Mourinho es al Madrid lo que Patton a Europa. Dos veces que Alemania la lió, hubo que llamar a Patton (“que Dios me perdone, pero adoro la guerra”) para ponerla en su sitio. A Mourinho se le llama para poner en su sitio al Barcelona, que dio en el Bernabéu una lección, no de juego, que no le hacía falta, sino de autoridad, que resulta más humillante. “Equipo sin alma”, titularon los medios europeos tras lo del Ajax. ¡Cielos! Bien mirado, no sería tan mala idea sustituir las rimas ratoneras del himno de la Décima, que parece hecho por Begoña Gómez y Carmen Calvo en una farra feminista, por el desgarro del “Bella sin alma” de Richard Cocciante: “Y ahora siéntate, en esta silla. / Esta vez escúchame, sin interrumpirme. / Hace tanto tiempo que quiero decírtelo: / vivir contigo, es ya inútil; / todo sin alegría, sin una lágrima, / nada que decirte, ni en el futuro. / En tu trampa también he caído. / El amante próximo tiene mi sitio / pobre diablo, qué pena me da…”
    
La idea de Maquiavelo sería contratar a Mourinho para ejecutar el imprescindible ERE en el vestuario y luego traer a Zidane para pastorear los nuevos egos con los que redondear otro ciclo triunfal, con Ramos en el PSG, para continuar la misión que este año ha cumplido Buffon, que se bastó él solo para clasificar al United de Pogba, el tipo que más lejos ha llevado la paciencia de Mourinho:
    
Siempre intentas encontrar soluciones para los problemas, pero hay un problema para el que no encuentro solución: cuando juega, al jugador le gusta el entrenador; pero cuando no juega, no le gusta el entrenador. La naturaleza es así y no se puede cambiar. Lo he pensado mucho: hace falta prestar más atención a aquéllos a los que no gustamos. Con quienes nos gustan no necesitamos tener esa preocupación. Lo damos por hecho.
    
El problema del Madrid es que da por hecho que sabe a qué estilo de fútbol quiere jugar. Y Sergio Ramos ha tomado el mando.

 Patton
“ARROGANTES Y COMPLACIENTES”

    El entrenador con el que más coquetea el Madrid es Mauricio Pochettino, un central argentino del Español de Lara que ahora entrena al Tottenham que no quiso comprarse Abramovich porque le parecía un barrio pobre, aunque era el club de los positivistas lógicos como Sir Alfred J. Ayer. Pochettino obtiene su energía de los limones, y entrena rodeado de limones, como el padre pintor de Manuel Valls, que los pintaba primorosamente en sus naturalezas muertas. Como entrenador, Pochettino tiene cara de diciembre, es decir, de los que en el Madrid no llegan a Navidad, porque en noviembre ya hn tirado la Liga. Como el Madrid de Solari, el Tottenham de Pochettino lucha por estar entre los cuatro primeros (puestos Champions), pero el sábado perdió con el Southampton, y Pochettino acusó a sus futbolistas de “arrogantes y complacientes”. ¿A qué nos suena?