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sábado, 25 de octubre de 2014

Estafas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En un episodio de “Pawn Stars”, la casa de empeños de los Harrison en Las Vegas, entra a la tienda un paleto para vender el Rolex que perteneció a Bernard L. Madoff, que encarna a la justicia poética de esta época de la estafa como religión mundial.

No me interesa –le dice Rick, porque Madoff no es Al Capone, sino un tipo que robaba a las viejecitas, y eso no vende.
Pero las “viejecitas” de Madoff  son los multimillonarios progres del Nasdaq (también en el Monte de Piedad del padre Piquer había liberales partidarios de invertir en Madoff las pensiones) y los intelectuales de Hollywood, entre los que algunos periódicos incluyeron a Pedro Almodóvar, que ahora va por ahí con su hermano Agustín (como esos parientes que van con el niño, “a ver si le pegan ahora”) impartiendo lecciones de cojonudismo español a los preferentistas del Oso Verde:

Si yo fuera un analfabeto gallego y me entero de las tarjetas voy y les corto el gañote.
Y el “intelectual de Hollywood” (aunque con subvenciones de Madrid, cuantitativamente superiores a los gastos del pobre Abejas, que ha solicitado el paro) cita a Blesa y a Rato, porque al comunista Santín, el tarjetero que los sostenía con su voto, no le pone cara nadie.

Tenga usted esto en cuenta: los listos viven de los tontos, y los tontos, de su trabajo.
Eso dijo Bertolt Brecht (al que probablemente haya leído Almodóvar), y Thomas Mann (al que seguramente no haya leído Almodóvar) le llamó “monstruo”, recibiendo, por ello, el título de “fascista clerical”.
El propio Mann escribió por los 20 las confesiones del estafador Félix Krull, personaje inferior a Chichito, el timador que por los 30 se hacía pasar en la pensión madrileña por periodista: tomó el nombre de Miguel España, y los lectores del “Heraldo” (incluidas su novia y su patrona) pensaban que los artículos de España eran de Chichito.

Y ahora, el pequeño Nicolás.

Advierte, advierte qué extraño es el tiempo y qué extraños hijos tiene: nosotros.