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lunes, 27 de octubre de 2014

De un Madrid de cine





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Me lo dijo el taxista, que había “visto” el partido por la radio (“óyeme con los ojos…”, etcétera), mientras me metía en un atasco de veinticinco euros: “De cine, oiga”.

    Un Madrid de cine, en efecto, ofició en el Bernabéu un funeral de Estado por el alma del Barça, que era el tiquitaca: ahora que los del rondo se saben, al fin, muertos, dejarán de aparecerse en la curva y de dar la chapa a los vivos.

    Si nos agarramos a Garci, los jugadores del Madrid aprobaron su “Asignatura pendiente” (no por nada la pasaron el viernes, por La 2), el funeral culé, y se quedan “Solos en la madrugada”, con los rapsodas del viejo Régimen haciendo el Sacristán por las radios.

    Este Madrid de cine es cosa de Florentino Pérez (son sus futbolistas, sus gustos, sus ambiciones, su modos, sus manías), y cualquier día, durante los minutos del “olé-olé-olé” (en los toros el “ole” no lleva acento), hará un cameo a lo Hitchcock o Scorsese, aunque el estilo florentiniano de hacer cine con estos jugadores es el plano-secuencia de Berlanga: coger a los mejores (o que se lo parecen), juntarlos en un campo de buena yerba, gritar “¡acción!” y que sea lo que Dios quiera, con permiso, todos, de ir metiendo en el juego la morcilla que les venga en gana. (El apoderado de Jesulín salió una vez al ruedo y se puso a torear).

Real Madrid C. de  F.

    Vi el partido entre tapados culés (más engorilados de Íker que de Leo) y piperos liberales que aplaudieron por igual las retiradas de Xavi e Isco (nada que ver con los que en la puerta pitaron al marqués de Del Bosque, que descendió de un despampanante Mercedes negro que haría palidecer de envidia a Obama). El público, en general, bien: se las echa de entendido porque siempre va a favor del viento. Y el fútbol, en general, simple. Con Cristiano y Messi, Madrid y Barça son las dos únicas potencias nucleares del fútbol, pero Messi, completamente ido (parecía un robellón que hubiera salido con el riego), y Cristiano, supercalifragilístico espiralidoso, hicieron un partido de Mundial, es decir, inane.

    Ocurre que en este Madrid, si Cristiano es la bomba, Benzema es el maletín nuclear, y nunca agradeceremos bastante que Florentino Pérez, queriendo o sin querer, arrancara a este moro de las Mil y Una Noches del Barça de Guardiola, que se quedó con Villa. Únicamente Benzema justifica una bandera francesa, una, ondeando en la tribuna de la Castellana.

    Una ocasión tuvo Messi, y se la sacó Casillas gracias a su costumbre de salir menos que Calvo-Sotelo, aquel presidente que, según su esposa, sólo pasó fuera de casa la noche del 23-F. Casillas sacó la de Messi, que remató con toque de torera más que de borceguí, y rabió mucho (como el de la escoba en el tren de la bruja), aunque sólo le tose Ramos.
    
Al final, el desequilibrio vino de que el Madrid tiene a Casillas, pero el Barça tiene a Alves, Xavi e Iniesta, más Piqué haciendo de Eugenio, el de los chistes, y Mathieu, el que fuma, subiendo la banda como el que pica carbón bajo el grisú. Luis Enrique se cayó del andamio ése que le sirve de cuartel general: vino a Madrid a correr la Liga con un coche viejo y mítico, pero que parecía tuneado por El Pera. O sea, un Barça de Ivà.

Barcelona  F. C.
EL PÓSTER DE ISCO
    Las dos ovaciones del Bernabéu no fueron para Kroos, ese regalo de Guardiola, sino para Isco y Benzemá, que va del “¡Hosanna! ¡Hosanna!” al “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” con la ola ciclotímica del piperío. Lo de Isco es otra cosa: corre en un tris y tiene un dengue artístico, pero lo que gusta al pueblo es que luche. Es la psicología del “¡Que se jodan lo artistas, que también tienen que correr!” Luchando, Isco, que es de Benalmádena, se parce más a Juanito, que era de Fuengirola, aunque Juanito sea a Isco lo que Morante a Curro: incomparables. Pero Isco protagonizó la jugada mitomotriz de la tarde: carrera de perder el pelo con Iniesta, disputa de balón, síncope de Iniesta, pase de Isco en contrataque y gol de Benzema. Fue el póster del cambio de ciclo, mas el Combinado Autonómico no se mueve por ciclos, sino por edades geológicas.


 Sin techo