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martes, 14 de octubre de 2014

El buche

Estrella y el buche en Fontanarejo


Francisco Javier Gómez Izquierdo

El otro día solicitaba un servidor purificar la cainita naturaleza española tomando ejemplo  del romero que los vecinos de Fontanarejo queman en los Montes de Toledo.  Mire usted por dónde, antier andaba un servidor retando tormentas por la sierra de  Ronda y a mi doña le llegó por el artefacto de los mensajes la buena nueva del nacimiento de un “buche”... precisamente en Fontanarejo. Curioso que semejante noticia se nos apareciera en terreno que fuera de Tragabuches, uno de “Los siete niños de Écija” (otra mentira española, pues eran mucho más de siete y ninguno era de Écija), y pocos kilómetros después de haber pasado ante la puerta de un restaurante con el nombre del bandido.

          Es fama que Tragabuches era gitano, cantaor y sobre todo torero -el maestro Márquez seguro que tiene algo que decir- y que bajando a torear a Málaga se partió un brazo al caer del caballo.  Como quiera que volvió a su casa a hora tan temprana que nadie le esperaba, encontró a su mujer encamada con el sacristán de Ronda, al que llamaban el Listillo, por lo que procedió conforme a la costumbre de la época dando matarile a la adúltera y al Listillo. Acto seguido tiró al monte, pero no llegó a comer ningún buche -en la Demanda decimos boche-, que el mote ya lo traía de chico, pues quien se tragó el animalito recién nacido y en adobo fue el padre, dando nombre a toda la prole.
       
En los 60 y 70 había en mi pueblo muchos burros y  burras (la de mi casa se llamaba Catalina); tantos, que el tío Chatarra acecinaba pollinos con un arte de padre y muy señor mío, por lo que nunca me ha parecido disparatado comer carne asnal, sorprendiéndome mucho el asco y la extrañeza que demuestran los que conocen por primera vez las hazañas gastronómicas del padre del bandido Tragabuches. Ahora bien, declaremos especie protegida al pollino de los Montes de Toledo y que ninguno de esos que gastan tarjeta negra sepa de la exquisitez de un boche lechal...¡Pues no hay cosas que guardar con cien ojos estos días en España!