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miércoles, 23 de julio de 2014

Fenómeno James. Flóper se apunta a la sabrosura


Hughes

Era una ilusión llegar al Bernabéu y escuchar «¡Emite Radio Caracol!». Aunque las presentaciones del Madrid no se entienden si uno no se fija en las caras de Florentino mirando al muchacho. Se le cae la baba. Pero es que el Madrid ya no ficha, el Madrid realiza operaciones globales de cariño, adquisiciones masivas de afectos. Ayer estaba toda la Colombia madrileña en el campo y el embajador terminó con un «Hala Madrid». Florentino establece relaciones bilaterales con los Estados sin necesidad de referéndum.

James, por cierto, se acabará pronunciando Hames, con una hache aspirada. La jota terrible española no le termina de ir bien a su dulzura colombiana. Vimos un carrusel con sus goles y sonaba esa música épica de los fichajes, que es una fanfarria muy particular. Florentino tiene un compositor sólo para las presentaciones: ¡Grandeza, quiero grandeza! Cuando el presi, ligeramente más gordo, daba su discurso, Manolo Redondo se quedaba de cuclillas fuera de plano con el guión en la mano como un apuntador. Fue interrumpido por un público calurosísimo cuando recordó a Di Stéfano y cuando mencionó la Décima, «la soñada Décima». Habló de valores que desde el cielo manda D. Alfredo y resumió el nuevo Madrid a ritmo de La Unión: Más y más, queremos más y más.

En los discursos de Florentino siempre hay un momento en el que el narrador pasa a la segunda persona: «Querido James, ya eres uno de los nuestros». Ahí se le desparrama el madridismo con un inolvidable tono de homilía y siempre busca al niño, «ese niño que fuiste». Las presentaciones tienen la ternura de ver a todos los directivos haciéndose la foto. La Junta, venerable arcaísmo. Menos mal que Pablo Iglesias no es madridista, ¡también se la cargaría!
 
El público colombiano puede darle al Bernabéu el ritmo y la sabrosura que tantas veces le falta. Con qué ojos miraban a su ídolo. Al Madrid le viene bien un nuevo movimiento de caderas y ya se notó la pasión en los espontáneos que saltaron al campo. Se agarraban a James como si fueran la bola de un preso. Recordamos a ese niño, angelito florentiniano, que saltó cuando Beckham. Estando su mujer cerca temimos que aprovechando la confusión algún espontáneo también quisiera agarrarse a ella.

James es un diez para un equipo de sietes y de nueves. Pero el madridismo ya lo quiere todo. El otro día Arrabal hablaba de la nata de la utopía. El Bernabéu es una gran piscina llena de nata en la que a cámara lenta chapotea la junta, la afición y hasta la prensa, bajo la mirada de JAS (¡otra barba!), Hierro y Ancelotti, que son las tres grandes miradas. Y cuando a James le preguntaron repitió lo de siempre, pero de otro modo : «Estoy en este grande club». El Madrid es mil maneras de decir su grandeza.