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sábado, 22 de junio de 2019

Rovellons

Malraux, de gran parecido con Andrea Levy


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En este cuento infantil que es la política municipal en el Madrid Central de Carmena, el pequeño Almeida hace de Willie fiel a la abeja Maya, Villacís. Tienen gracia, porque ocupan el despacho de Gallardón en Cibeles, réplica del aparcamiento de la T-4 en Barajas, y a Ortega Smith, que los ha colocado ahí, lo envían a una guardilla (“¡El Palomar!”) de la calle Mayor a darse coscorrones. Lo llaman liberalismo, y su desafío es… la cultura.
Para Malraux suyo, el pequeño Almeida ha elegido a Andrea Levy, natural de Barcelona. En Madrid la derecha cree que la cultura es una industria catalana, como los rovellons o los porteros automáticos de Saza en “La escopeta” de Berlanga, y por eso el madrileño, si oye la palabra “cultura”, en vez de la pistola, como Millán, saca la cartera.
Quiero la cultura a las buenas o a las malas –gritaría hoy Maeztu cruzando a gatas, como ya lo hiciera, la plaza de Cibeles, que por algo Ortega decía que la cultura es deporte: “La cultura no es hija del trabajo, sino del deporte. La forma superior de la existencia humana es el deporte”.
Para la cosa cultural la derecha de Gallardón trajo a la barcelonesa Alicia Moreno, hija de Nuria Espert, ayudada por Mario Gas, sobrino de Mario Cabré, mientras la derecha de Aguirre despachaba el servicio con el barcelonés Santiago Fisas ayudado por Albert Boadella, que le gustan los toros. Luego, como las chicas de las tartas en las bodas, apareció la derecha de Botella con el valenciano Fernando Villalonga, una especie de Jack Lang cruzado con Blasco Ibáñez que aportaba “una mirada internacional” (¿Carcagente?) para limpiar “la caspa” capitalina con un míster Próper, “Zímozi” (Timothy Chapman), que tocaba el piano y retiró la subvención a la música de Paloma O’Shea… ¡contra la opinión de la izquierda!
–¡Es la esposa de un banquero! ¿Ustedes defienden que la esposa de Botín haga filantropía con dinero público?
Y Smith, como el cocidito madrileño de Pepe Blanco, repicando en la guardilla.