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jueves, 13 de junio de 2019

La Beneficencia del Poderío. Quousque tandem abutere, Julián, patientia nostra?



Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore


En mi ganadería se unen mis gustos
 con los de los toreros
Joaquín Núñez del Cuvillo


José Ramón Márquez

 Hoy, la Beneficencia del Poderío. Porque poderío es haberse preparado este show equino/pedestre al quedar fuera de San Isidro, para venir a vendimiar lo que hubiese por la zona de Ventas, o setas o Rolex, con las carambolas preparadas como dicen que se las preparaban al gran felón de Fernando VII, antepasado del buen Rey don Felipe VI, que hoy se vino a echar la tarde con nosotros.

La Beneficencia, antes de ser la del poderío era la de la torería, es decir que era corrida que se ganaba a lo largo de la Feria, cuyos triunfadores siempre tenían asegurado un hueco en la corrida de más tradición de las que se dan en Madrid. Sin ir más lejos, ahí permanece el recuerdo de César Rincón y Ortega Cano con aquélla de Samuel Flores, a ver quién les empata; y a base de cálculo, de intriga y de atender a los intereses de parte, hoy miércoles 12 de junio han conseguido convertir a la Corrida Extraordinaria de Beneficencia en la planta de oportunidades de El Corte Inglés de Sol, a ver si mediante el apaño surgía la oportunidad de que el Pasmo de San Blas tuviese por fin la cosa de abrir la Puerta Grande de Madrid y ya poder superar, al fin, a  Morenito de Maracay en salidas a hombros hacia la calle de Alcalá, porque al Niño de Leganés ya hace tiempo que le gana por una.

Importancias de San Blas no quiso entrar en el bombo de Domb cuando se montó lo del bombo, antes de la Feria, no fuese a ser que le saliese la bolita de “susto”, que no están el cuerpo ni la edad para sustos innecesarios y que, además, a él lo que le va es la corrida bien vendimiada y, por supuesto, con alguno de los pocos hierros que le hacen tilín, que por eso es el Poderoso-de-los-toros-a-los-que-no-hay-que-poder.

Y además tiquismiquis, que el Pasmo de San Blas, con 21 años de alternativa a sus lomos, pasa ampliamente de romper Plaza y, retirado el gran Carlos Escolar Frascuelo al sol de las islas Baleares, a ver quién hay por ahí que le vaya a anteceder en un cartel, acaso el Fino, y como la Beneficencia no es corrida para andar confirmando alternativas, que es el truco más habitual que se usa para ese fin, pues la idea que se les ocurre es meter un rejoneador, pero estando Julián por medio todo ha de ser tortuoso y en vez de hacer una corrida con seis de lidia ordinaria y uno de rejones, que ha habido unas cuantas así, mismamente la primera que presidió el padre del Rey, pues hay que hacer un aborto taurino con dos de rejones, primero y cuarto, y cuatro de lidia ordinaria, y lo de ordinaria debe tomarse, por lo que a Julián compete, en el sentido que marca la tercera acepción de este adjetivo en el diccionario de la Real Academia Española.

Lo bueno de los rejones es que te permite comprobar que Madrid a las siete y cinco sigue su vida, como si nada: cae la tarde y en las calles los niños uniformados vuelven a sus casas del colegio, en la calle del Marqués de Zafra hay un pequeño embotellamiento de autos, una señora fuma un cigarrillo asomada a la ventana de su domicilio con una lata de cocacola donde echa la ceniza del pitillo, unos albañiles terminan de atar bien una lona azul a un contenedor para taparlo, los camareros de La Tienta sacan los cascos de vidrio y los dejan en una furgoneta… todas esas cosas pasan mientras uno baja despacito hacia Las Ventas, demorándose y sin interés alguno en ver las peripecias de un hombre a caballo frente a un toro desmochado. Luego, cuando se produzca la segunda salida del jinete, abandonaremos la localidad para ir al bar del 8 a tomar una refrescante cerveza y comentar el desarrollo de la primera parte del espectáculo, como el descanso en un teatro, y prepararnos para la segunda.

Antes de continuar hay que explicar que los toreros hoy anunciados eran, ambos con una Puerta Grande de Madrid,  Julián López, el Poderoso, príncipe destronado del corazón de la afición sevillana desde que asomó Aguado, y Diego Urdiales, el Faraón del Cidacos. Lo del ganado es fácil decir cuál, pues estando Julián en el lío, las posibilidades de las ganaderías se reducen de una manera exponencial. Hoy eligieron para las carambolas julianescas a cuatro prendas del Cuvillo, estirpe de Idílico, el Señor de las Adelfas, toro seminal sobre cuya muerte se abren importantes enigmas nunca bien desentrañados por don Joaquín Núñez del Cuvillo. Los del Cuvillo, a los que en la revista que regalan tildan de “delicatesen” llevan de todo, llevan Domecq, llevan Núñez, llevan Osborne, llevan lo de una cabra que pasaba un día por El Grullo, lo de un retinto que se enamoró o lo de una borrica que no tenía clara su condición, pero el caso es que a don Joaquín le sale la ecuación y, generalmente, suelta compendios de bobería óptimos para el neotoreo y el catálogo de cosas innecesarias de que se compone la tauromaquia de corte más moderno. Hay que comprender, para valorar esta ganadería con justicia, que si la nota esencial de los Cuvillo no fuese la congénita estupidez, Julián simplemente no estaría en un cartel con ellos.

El primero de la tarde era un fofo que no podía ni con su alma llamado Luminoso, como el sendero, que iba herrado con el número 32. Se pega varios planchazos en la línea del slapstick que popularizó la productora Keystone en la época del cine mudo y con ello lo único que se consigue es que no se tome muy en serio al toro ni al torero que está ahí con la misión de  ver cómo le mantiene en pie. La verdad es que con esa masa fofa y endeble, con ese soufflé que se viene abajo, todos los esfuerzos de Poderoso se quedan en nada, y la nada es el resumen de su primera actuación, con el ruedo como un sembrado de patatas después de haber recogido la cosecha. Ni los más acérrimos juleros creo que fueran capaces de ver algo reseñable en la actuación de su ídolo. Para ver lo positivo que haya podido tener la actuación del Pulgarcito de Velilla recomiendo la lectura de los habituales portales de agit-prop taurina y de los exégetas del chiquitín en la llamada ‘prensa seria’, que esos bordan lo de sacar leche de una alcuza, tratándose de Julián.

El segundo ya era otra cosa, que no parecía pariente del primero y lo mismo ni lo era. Como este toro no le correspondía a Julián, éste sacó su castita y sus cositas, que no son como para tirar cohetes, pero superan en mucho a lo que nos podíamos esperar. El toro se llamaba Esparraguero, número 55, negro listón. Se pegó un trompazo contra el burladero del 9 y Urdiales, que no veía clara la cosa, echó por delante a El Víctor a que se lo parase, que es lo que un matador debe hacer porque para eso tiene cuadrilla, y esa absurda costumbre de salir a parar los toros los propios matadores que todos practican es lo que antes hacía uno de vez en cuando como para demostrar las ganas de triunfo con las que venía. El toro atacó con energía al caballo en el que iba Manuel Burgos, que le agarró bien, y luego la echa larga en el peto, que no había manera de sacarle. En banderillas hace hilo con Pirri, Víctor Hugo, y le coge contra las tablas al entrar este al burladero, pegándole bien. El toro tenía su alegría, no se caía y, sin ser un leviatán, ponía su parte de emoción. Urdiales está como tantas otras veces ha estado, con sus caros detalles, con su figura compuesta y elegante, con la promesa del toreo bueno que no llega a materializarse por las ventajas que se toma, por el despegado cite con el pico de la muleta, por la ausencia de la decisión de cruzarse, y de pronto un fulgor para dejar indicada la óptima clase del torero y, muy al final de la faena, una serie de naturales de mucho cuajo que es lo mejor de la actuación de Urdiales en el conjunto de la tarde.

Al doblar el tercero, nos vamos al bar y cuando volvemos está a punto de salir a la arena el quinto, Guerrerita, número 172, jabonero, grande, basto y tonto como el que asó la manteca. Y ahí tenemos de nuevo a Julián a ver cómo pone en marcha la obra, a ver cómo explica a los espectadores de Las Ventas que él es una  “figura de época”, al decir de sus exégetas, sin que nadie sea capaz de explicar qué le pasa a este hombre, que en Madrid se transmuta en un manojo de nervios que no da pie con bola. Al toro le recibe con unas verónicas a pies juntos, el pase del pegolete, que decía el abuelo del aficionado V. El toro, de fuerzas, estaba con algo más que las de una gaseosa abierta hace quince días y el castigo en varas fue adecuado a esa condición. En banderillas acudió al cite como el que va a echar la Primitiva y entonces llegó el momento de que Guerrerita conociese la muleta poderosa de Julián que, frente al 7, le pegó unos doblones zarrapastrosos jaleados por la parroquia como si fuesen algo. Lo demás es lo de siempre, la tragedia lumbar del toreo julianesco, la falta de estética como emblema, la ventaja como seña, y mientras, el toro cayéndose, unas veces de los cuartos delanteros y otras de los traseros, y entre medias más poderío, poderío por un tubo e importancia, que no falte, sin conseguir que esa  deslavazada labor conecte con el tendido, hasta llegar al momento del julipié, que tuvo que hacer tres, y hay que decir que menos exagerados que en otras ocasiones y, como tal, se le reconoce el esfuerzo. Para quien quiera las loas y las explicaciones mecanicistas, le recomendamos, de nuevo, la lectura de los medios digitales de agit-prop taurina y de  la llamada ‘prensa seria’.

Alabastro se llamaba el sexto, número 25, pero no lo vimos porque el pañuelo verde le sacó de nuestras vidas. Para demostrar que todo en la vida puede empeorar ahí había un sobrero de Pepe Veragua, Clarinete, número 36, de la ganadería de La Reina. A esas alturas los que habían venido por Julián el Importante ya se habían desentendido de la corrida y muchos incluso se habían ido de la Plaza a otros quehaceres. Con este sexto estuvo Urdiales, de nuevo, en el papel de Buster Keaton riojano, como el Urdiales que tantas veces hemos visto, con menor cantidad de detalles de los que había tenido en su primero. Nadie puede llamarse a engaño con Urdiales, al que se ha visto mil veces en Madrid, aunque los que creemos en los Reyes Magos sabemos bien que él tiene la moneda, como demostró no hace tanto en una de las faenas grandes de nuestra vida de aficionados. Podemos seguir esperando otro chorro de años. No tenemos prisa.


Andrew Moore

Groundhog Day 2019
Julipié

El Juli, de grana y oro
Estocada (palmas)
Tres pinchazos y estocada (saludos)

La de Beneficencia era la corrida más importante del año,
pero los políticos y los periodistas del Consenso, que hacen
collera contra el público, la han convertido en la corrida de
El Importante:
 sin toro en el ruedo, el espectáculo está en burladeros y palcos,
 donde hacen sus nidos los gorrones

Al Rey, que sólo acude a Beneficencia, deben decirle que esto
 no es la tauromaquia, que la tauromaquia fue
la Beneficencia de los Samueles con Rincón y Ortega Cano

para quien quiera las loas y las explicaciones mecanicistas,
 le recomendamos, de nuevo, la lectura de los medios digitales
 de agit-prop taurina y de  la llamada ‘prensa seria’

Julián es a la Beneficencia lo que Nadal al Roland Garros,
 pero en perdedor. No importa. Como éste es un espectáculo
 diseñado contra el público, en 2020 volverá a estar aquí

Diego Urdiales, de rioja y azabache
Estocada que hace guardia y tres descabellos (aviso, saludos)
Estocada desprendida (aviso, saludos)

Urdiales está como tantas otras veces ha estado,
 con sus caros detalles, con su figura compuesta y elegante,
 con la promesa del toreo bueno que no llega a materializarse
 por las ventajas que se toma, por el despegado cite con el pico
 de la muleta, por la ausencia de la decisión de cruzarse

y de pronto un fulgor para dejar indicada la óptima clase
 del torero y, muy al final de la faena, una serie de naturales
de mucho cuajo que es lo mejor de la actuación de Urdiales
 en el conjunto de la tarde

con este sexto estuvo Urdiales, de nuevo, en el papel
 de Buster Keaton riojano, como el Urdiales que tantas veces
 hemos visto

los que creemos en los Reyes Magos sabemos bien que él 
tiene la moneda, como demostró no hace tanto en una
 de las faenas grandes de nuestra vida de aficionados

Cogida de Pirri
Es el rito redondo
que florece y te baña. La oscura libación
de mil gozosas lenguas subterráneas. Ya corre
por el mundo. Son la vida
sus labios. Ya no
se detendrá.
[Parte médico. Cornada grave en la región glútea izquierda, con una trayectoria de 35 centímetros, que contusiona el nervio ciático, con orificio de salida en cresta ilíaca]