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sábado, 22 de marzo de 2014

Sophia Loren

Casa Salvador


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La primavera me ha pillado en una sobremesa de amigos con Gil Parrondo, que ya lleva vistas 93.
    
Madrid regresa a la vulgaridad: para hablar, por ejemplo, del español en África, Don Concha ha tenido que llevarse a los Obiang (Teodoro y Teodorín) al Cervantes (“el Cervantes no se puede estancar”) de Bruselas.

En el centro de Madrid la primavera es un estallido de mal gusto que tiene menos que ver con la mujer en sábana roja de Botticelli que con la Sophia Loren de Stanley Kramer en el rodaje abulense (¡cuna de Suárez!) de “Orgullo y pasión”, con un figurante incontinente abalanzándose sobre el ubérrimo seno de la actriz, donde el recio silvano en celo hincó su diente.

    –Le conminábamos por megafonía a que dejara de mirar a la estrella, pero aquel tipo no sólo no dejó de mirar, sino que saltó y la mordió. ¡Ante las murallas de Ávila!
    
A la llegada de la primavera a Madrid, las Femen que asaltaron el Congreso se han esfumado, cuando el juez las libró de la cárcel a condición de estar localizables.

    –Esfuérzate por lograr lo mejor y el buen gusto –fue la manda testamentaria de Cary Grant (capitán Trumbell, por cierto, en la película de Ávila) a su hija.

    El buen gusto (¡la elegancia!) para Gil es Boris Karloff, con su cortesía de lord y el inglés más sexy hasta Sean Connery.
    
¿Y George C. Scott (Patton con Oscar rechazado)? “Raro, raro. Llegó a Segovia y no salió del hotel en tres días”. ¿Y Karl Malden? “Un hombre maravilloso. Se le saltaron las lágrimas porque le dije qué películas suyas me habían emocionado.” ¿Y Orson Welles? “Insufrible. Genio con complejo de chato. Llegabas a Segovia y había que volver a Madrid porque había olvidado sus narices postizas.”

    Rematamos con Jardiel, el genio bajito que en el friso de escayola de su casa, en letras negras a juego con los delantales de sus doncellas, tenía escrito:

    –Los críticos son los parásitos de la literatura. Échales Flit.
    
En la calle, las primeras chanclas (los lacostes del pobre).