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domingo, 23 de marzo de 2014

En la muerte de Adolfo Suárez


 Adolfo Suárez en ayudados por alto al toro de España

-Desengáñate, Santiago [Carrillo]. En España sólo hay dos políticos: tú y yo.

Adolfo Suárez, el hombre que susurraba a los caudillos
Francisco Umbral
Madrid, tribu urbana

“Traía yo, entre las cuatro cartas de recomendación, una para un tal Adolfo Suárez, desconocido y mítico... Este Suárez parece que dirigía una cadena de emisoras como del Frente de Juventudes o así... La carta para el tal Suárez iba ya tomando la forma de la cadera que no tengo, de tanto ir y venir al despacho donde él nunca estaba. Una mañana... le eché la carta sobre la carpeta de cuero negro. ‘Que quiero ser locutor’. Se levantó, dio la vuelta a la mesa y vino hacia mí. ‘Necesito algo, estoy sin trabajo, he sido locutor, tengo experiencia, que me hagan una prueba, quiero trabajar’. ‘¡No puede usted pedirme nada así a tenazón!’ Recuerdo la palabra, vieja palabra castellana, abulense: ‘tenazón’. Me cogió de un brazo, con asustante energía, y me sacó del despacho.”