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miércoles, 26 de marzo de 2014

El duquesado


Beatriz Manjón
Abc

Archisabido es aquello de Hemingway de que se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar, por eso en las diferentes retransmisiones del recorrido del cortejo fúnebre —Ana Blanco en TVE, Griso en Antena 3 y Ana Rosa en Telecinco— hubo más parlamento del necesario, y eso que Carlos Edmundo de Ory dijo que el silencio es políglota. Vivimos obsesionados por rellenar, que se lo digan a Madonna. Era difícil desde casa contagiarse de la emoción, pues hasta con voz en off le ve una el flequillo a Oneto. La evolución de la longitud de la cortina lateral del periodista daría para un gráfico de los que tanto gustan a Ana Pastor. La más comedida fue Ana Blanco, pero llegó luego Mariló, error en flor, y se refirió al «duquesado» —ducado, debió de pensar, es el cigarro—, viniéndoseme a la cabeza Marichalar de cuero y fusta. A la espera estoy del «baronsado». Debería Mariló escribir «50 títulos de Grey». «Ay, qué tiene, qué tiene la cara morena de la marquesona», cantaba Antoñita Romero. La presentadora ha creado un estilo propio consistente en preguntarse y contestarse ella misma, que es lo que hacía Uribarri en Eurovisión: retarse. Hay que agradecerle que esta vez no inquiriera qué había dentro del coche fúnebre, y una aportación definitiva: «Todos llevan abrigo». Y es que entre la premuerte y la postmuerte parece habérsenos ido la primavera. En las conexiones con Ávila, les volaba la cabellera a las reporteras, menos a una de Telecinco, con coleta y plumífero, como de estar cubriendo un temporal, que se refirió al expresidente como «Adolfo», a secas. Otra destacó la mañana «desapalacible». Un acertado Joaquín Prat habló de los «honores ciudadanos» como reconocimiento supremo. Aunque Cuatro y la Sexta no alteraron su programación, en el espacio de Cintora, Revilla advirtió: «Al mío que no vayan los que me odian». Ferreras llegó a dividir la pantalla para mostrar, en una ventana, el interior de la catedral de Ávila y, en otra, a un reportero hablando de Bárcenas ante una sucursal de Bankia. A Cuatro y a la Sexta les pasa con Bárcenas lo que a Pelopony con los gays: es acordarse de él y florecerles todo.

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