domingo, 6 de febrero de 2011

Valdemorillo, para empezar (bien)

Fandiño, Aguilar y Robleño

José Ramón Márquez

Toros en Valdemorillo. La primera corrida del año. Toros de Peñajara para Robleño, Fandiño y Aguilar (Alberto), decíamos ayer. Al final hubo eso y un remiendo de Javier Gallego, un toro grandullón y aleonado que contrastaba bastante con la finura de los peñajaras.

Yo creo que éste es un buen cartel para Valdemorillo: un torero de Madrid que no pasa por sus mejores momentos y dos apuestas para la temporada que entra. Robleño es un torero muy visto y con decididos partidarios. Quiso hacer las cosas bien: algunas le salieron y otras no.

Fandiño lanceó con temple en el saludo de sus dos toros con buenas verónicas, una, dos y en la tercera le agarró el capote el toro en su primero y en su segundo. Quede reseñado el gusto con que dio las que le salieron bien. Con la muleta, altibajos. Momentos de buen toreo, cuando se encajaba y le pisaba el terreno al toro, y momentos de menos intensidad cuando se echaba a lo de siempre. Deja una buena impresión y ganas de volverle a ver.

Alberto Aguilar estuvo bullicioso y conectó con el tendido. Toreó con temple y decisión sin dar el paso adelante y el público serrano le agradeció su entrega. Con esos mimbres en Madrid las hubiese pasado canutas, porque, aunque templa y mueve al toro, le falta concepto.

Los toros, adecuadamente presentados para esta plaza. Les picaron poco, pero bien,y todos acabaron viniéndose arriba en el último tercio, cada cual con sus particularidades, pero haciendo gala de su casta más que de esa tontería a la que ahora llaman bravura, que consiste en que se dejen tundir a mantazos. Todos exigieron a sus matadores y, en general, demandaban más toreo que pinturerías. Al quinto le dieron la vuelta al ruedo, pero yo creo que es que el Presidente se equivocó de pañuelo, sacó el azul por error y luego no supo o no quiso deshacer el entuerto.

***

El jamón ése que rifan -¿es siempre el mismo?- le correspondió al boleto número 460, y resultó que los agraciados eran unos niños. El público, como corresponde a una afición madura, europea y observadora de las leyes o a la fuerte presencia policial, se abstuvo de fumar.


El cartel

El futuro periodismo sin futuro

El jamón

Robleño

Fandiño

Aguilar

La santa compaña

El inaudito despliegue policial