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jueves, 24 de septiembre de 2009

LA GOLA, EL SONNO E LE OTIOSE PIUME

La gola, el sonno e le otiose piume,
Hanno del mondo ogni virtu sbanditta


José Ramón Márquez

BARCELONA

Dice un anuncio:
“¿Quieres ver a José Tomás y Morante de la Puebla juntos en Barcelona? ¿Vas a dejar que se agoten las entradas y tener que acudir a la reventa? Todavía puedes asegurar tu presencia y comprar algunas de las últimas entradas disponibles para un día grande en www.entradastaurinas.com. ¡Hazlo antes de que se agoten! ¿Vas a faltar?”

Parece que las taquillas andan más tranquilas para esta nueva cita de Tomás y otros dos en Barcelona, su ‘plaza fetiche’ al decir de algunos. A lo mejor es que ya le han visto todos los que tenían que verle o quizás ocurra que, los que le hemos visto en esta segunda venida ya nos hemos ido dando cuenta de que da lo mismo ir a verle que no, pues es ahora un torero sin sorpresa y sin misterio, cosas que el hombre trata de sustituir respectivamente con su afamada impavidez, que tanto enloquece a sus fans, y con esas caras que pone como de que le debes dinero o de que le has echado un cubalibre encima a su novia.

Después de Barcelona, con o sin lleno, con o sin “vendo bolígrafo bic y regalo entrada”, con o sin “agotadas las plazas hoteleras en la comarca”, creo yo que tan sólo se abren dos posibilidades reales para el Pasmo de Galapagar: la primera es que trace para el año próximo una temporada acorde a su nombre y a sus emolumentos, alternando con los grandes en las plazas y ferias de respeto y tratando de mostrar su verdad en los sitios de compromiso y con los toros que meten miedo. Sinceramente creo que esto no va a suceder. La segunda es que haga un nuevo ‘mutis por el foro’, reconociendo tácitamente que su reino no es de este mundo y dejando a sus seguidores con la miel en los labios para, quizás, retornar de nuevo en otras cuatro o cinco temporadas. No hay más. No creo que ni sus más acérrimos seguidores puedan soportar otra temporada como la de este 2009, hecha de comparecencias en plazas de poco compromiso y de tomar tantas precauciones, porque los porrazos duelen mucho y el rollo ese de la ‘inmolación de cada tarde’ también se vuelve cansino. Se quiera o no, Tomás corre el riesgo, si no quiere entrar en la liza de verdad y seguir por libre, de que le ocurra como le pasó a Jesulín, por ello no tiene más opción real para seguir en el toro que ponerse en plazas serias y en carteles serios; sólo tiene ésa o la de irse.

Lo demás, lo que terca e interesadamente se nos ha ido vendiendo a lo largo de la temporada, es otro tipo de espectáculo, que servirá de perlas para los hosteleros, para los reventas, para el público de aluvión, para los aficionados a las emociones extremas o para ir rellenando folios, pero que tiene bastante poco que ver con la tauromaquia ni con lo que fue Tomás antes de su retirada. ¡Cómo pasa el tiempo! Hace dos lustros, algunos decían: “Tomás pone la barriga donde los demás colocan el pico de la muleta” ¿Recuerdan?

El que quiera verle, que se dé prisa.