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viernes, 25 de septiembre de 2009

DESMAYOS Y CARRERAS DE CURAS


LA FIESTA DEL "CORPUS"

La procesión

La procesión del Corpus es uno de los espectáculos más tradicionales de Madrid. Así es que ayer tarde, a pesar de lo desapacible del tiempo, la concurrencia fue tan numerosa como de costumbre.
La formación, que siempre da una nota alegre, y las bellas madrileñas ávidas siempre de ver y ser vistas, eran alicientes bastantes para animar el espectáculo.
La manifestación religiosa recorrió las calles de Toledo, Colegiata, Conde de Romanotes, Carretas, Puerta del Sol, Mayor, Ciudad Rodrigo, plaza Mayor y otra vez a la calle de Toledo para regresar a la Catedral.

El escándalo de rigor- Confusión y contusos

Todo es tradicional en esta procesión del Corpus. Casi todos los años se producen algunas alarmas con los consiguientes desmayos y carreras de curas, estandartes y pendones. Ayer no podía faltar el ameno número en la fiesta.
Al desembocar la procesión de la calle Mayor en la de Ciudad Rodrigo, se produjo una gran confusión por un hecho insignificante.
Pero la gente, ignorando lo que ocurría, se precipitaba en todas direcciones atropelladamente.
Los cofrades corrían aterrados, los monaguillos arrojaban ciriales y cruces para ponerse en salvo, y los sacerdotes se refugiaban en los soportales de la plaza Mayor.
La procesión quedó deshecha. Al fin, los soldados y la policía lograron a duras penas restablecer el orden, después de llevar a la gente el convencimiento de que no pasaba nada extraordinario.
Lo único que había ocurrido es que un caballero había querido castigar los atrevimientos de un individuo maleducado.
En la Casa de Socorro de l distrito del Centro ingresaron cinco personas que sufrían contusiones en distintas partes del cuerpo.

El "auto" de Peñalver ardiendo

Pocos momentos después, un olor a madera quemada y gran cantidad de humo que salía de un sitio de la plaza Mayor, volvió a sembrar la alarma, con su cortejo de carreras, gritos y atropellos.
Era un automóvil que estaba ardiendo, pero no un automóvil vulgar, sino el del alcalde, conde de Peñalver.
Ni la prontitud con que acudieron los bomberos y los guardias municipales, ni la emulación con que trabajaban en favor de su señor y dueño lograron evitar la total destrucción del vehículo.