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martes, 22 de septiembre de 2009

MARTES, 22 DE SEPTIEMBRE

HUMANIDADES

En el fondo, el gran drama de Cebrián es ése: El País ha incubado a varias generaciones que ya no pueden leer El País porque les resulta demasiado difícil y no lo entienden. Son sus hijos, pero prefieren La Sexta y Público, un tebeo plagado de caricaturas, mantras antioccidentales y consignas maniqueas al alcance de cualquier encefalograma plano. ¿Cabría un final más triste?

José García Domínguez
libertaddigital.com



Ángeles Mastretta en su blog (de El País): "Yo creo que El País es un periódico excepcional. Creo que lo hacen personas honradas cuya pasión central es informar. No lo pongo en duda. ¿A qué viene esto? A que hay quien sí lo pone en duda."

La duda, nos dice Borges, es uno de los nombres de la inteligencia, mas ¿cómo entenderlo?

Entender o no entender (a El País): he ahí la cuestión. Yo nunca entendí por qué tienen proscrito a Mingote. Y sus lectores de a pie -la fiel infantería- no entienden ya ni siquiera las gracias de Millás, que es como el Jacinto Grau del agit-prop en la grillera progresista.

Mi amigo Federico Herrero, que tiene la cabeza deformada como un indio sureño de la época del imbunchismo por décadas de editoriales de Javier Pradera, no sé si ahíto del último serial metrosexual Anacleto, agente secreto, ha cambiado El País por una novia argentina de nombre Rocío (Sólo decir tu nombre, Rocío), y no nos hemos vuelto a ver.

Sí. Triste, solitario y final, lo de los lectores de El País. Y sin el glamour -que viene de gramática- de Oswaldo Soriano.

Ignacio Ruiz Quintano