martes, 23 de febrero de 2021
lunes, 22 de febrero de 2021
Que te pilla el gato
Ceesepe
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Dos a cero al Valencia chino (nada que ver con aquél de Ayala, Baraja y Albelda, tan duro de roer) de Kang-in Lee, que es coreano, mantiene al Madrid de Zidane pisando (el “¡pisalo, pisalo!” bilardiano) los talones al Atlético de Simeone.
En los 70, “pillar” fue el inicio de la Movida. Del “vamos a pillar una movida” de Ceesepe, el pintor, y Alix, el fotógrafo, en el Rastro surgió la corriente vital de la que siguen viviendo los concejales de Cultura cada vez que se las quieren echar de modernazos, que es (siempre vamos con retraso) decir posmodernidad. Hubo un “pillar” posmoderno, que fue la Movida madrileña, y hay un “pillar” pandémico, que es dar caza al Atlético en la Liga, único entretenimiento permitido por la Autoridad Competente (“militroncha”, por supuesto) para los confinados de “la Coviz”. (Algún día los antropólogos investigarán la proporción de culpa que tiene el fútbol en la estupidización de las masas).
–Ratón que te pilla el gato, / Ratón que te va a pillar. / Si no te pilla esta noche, / Mañana te pillará.
El mayor de los Machado, Manuel, se “pintó” de niño que apoya su sien en un libro-caja de música, escena que luego serviría a Ruano para dar a entender que el hombre tiene sólo una única actitud ante la vida, y que eso fue el Manuel Machado de “aparezco en aquel retrato, calladito, escuchando, encantado, al dulce soniquete”.
–Con melancolía –escribe Ruano– ladeo también ahora (ha muerto el poeta) mi cabeza. ¿Todos tenemos el oído pendiente de una canción lejana que el ruido de los hombres, de nuestros propios pasos, no nos deja oír exactamente? ¿Será, Dios mío, una misma canción? Es probable que la idea final del hombre que muere sea la de que va a nacer. Y esa música sea la nana dulce del pobre niño que todo hombre lleva dentro martirizado por el hombre que lleva fuera.
Estar paranoico no significa que no te persigan, y los atléticos, fatalistas por definición, llevan todos ese soniquete tras de la oreja. Les pisan los talones la baraka de Zidane y el queso mecánico (olvídense de Benito Floro, aquél que al tocar el timbre en casa de Mendoza para firmar el contrato hizo exclamar al presidente: “¡Éste me pide un autógrafo!”) de Koeman, un quesero que echó mal las cuentas, pues con los dieciséis goles del despedido Luis Suárez sería líder con ese Barcelona de quintos de La Masía, uno muy bajito, Riqui Puig, muy feo el otro, Pedri, un Antonio Casal feo (o sea, un feísmo metafísico). Que nunca sepa Simeone de aquel cuento que hacía Ganivet del campesino nórdico que en su trineo, con sus hijos, se ve alcanzado por una manada de lobos, y les arroja el niño más pequeño para ganarles tiempo y distancia, pues lo mismo les echaría a Joao Félix.
Por eso Zidane no quiere niños ni para jugar a los chinos con ese Valencia que tantas cosas dice a un madridista: Mijatovic, Mendieta, “galácticos” (invento de Ortí), “piperos” (invento de Hughes)… Para hacer de niño sacó a Arribas, pero muy al final, y de la mano de Isco, nuestra gitana de capotes, al que una TV midió el tiempo que tardó el otro día en arreglarse el pelo para salir al campo: un minuto y veinte segundos. Ya Mourinho advirtió de la generación que se nos venía encima cuando dijo que en el Madrid los jugadores harían cola delante del espejo. Falta Cucurella en ese vestuario. Y también Mourinho, claro, que una vez apareció con el corte de pelo a lo “Taxi Driver” y explicó que se había quedado dormido y que al despertarse vio tal desastre que le pidió al peluquero un corte al uno.
¿Hay equipo para la Champions? Sí, aunque el partido fue un baile de San Valentín lleno de pisotones. Hubo dos goles (uno para “Chauma” y otro para “Yauma”, que es como los locutores llaman al portero valenciano, que se llama Jaime), pero pudo haber más. A Mendy le anuló el VAR uno que celebró mucho, otro orgasmo fingido en homenaje a la fecha, que ya dice el árbitro Iturralde que esa máquina va a llenar el mundo de “ateos”, que en esto ha venido a parar la escolástica. Lucas Vázquez volvió como una moto, que se suma a la de Vinicius, que es como la moto del mulá Omar: arranca, se va y de él no se vuelve a saber más.
HAALAND Ó MBAPPÉ
¿Haaland o Mbappé? No es lo mismo (aquí, un hilo de chascarrillos que empiecen con “no es lo mismo”). Y ninguno de los dos tendría asegurado un puesto con Zidane, que en sus posiciones cuenta con dos intocables, Benzemá, el Robert Milla europeo, y Lucas Vázquez, que sube y baja, mientras que Mbappé, si sube, no siempre baja, y terminaría en el banquillo como otro Faubert, dando conversación a Bale, a quien Mourinho no ha conseguido dar otra vez cuerda. En cuanto a Haaland, todos sabemos que, estando Benzemá, que baja a recibir como los ángeles, no tendría hueco en el equipo, y al cabo de seis meses sería cedido al Eintracht de Frankfurt. El pipero “Haaland o Mbappé” es tan absurdo como el cubano “Socialismo o muerte”. ¿Dónde está la disyunción?
[Lunes, 15 de Febrero]
"El enfrentamiento entre un toro bravo y un hombre valiente es algo digno de verse"
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"LA CORRIDA DE TOROS IMPLICA HONRADEZ Y HONOR"
-¿Cuándo fue la última vez que asistió a una corrida de toros?
-Durante un viaje a Europa en el verano de 1978. Mi mujer y yo llevamos a nuestros tres hijos adolescentes a una corrida en Barcelona. Resultó menos emocionante que otras veces y nuestros hijos no salieron muy impresionados.
-¿Escribió más sobre toros tras la publicación de El cuerno y la espada?
-Sí. Varios libros, como Mito y magia, contribuyeron a que me consideraran experto en toros, y otras veces me pidieron que escribiese sobre el asunto.
-¿Cómo cambió El cuerno y la espada su visión de la fiesta?
-Investigar y escribir mi tesis doctoral, que fue la base del libro, me llevó a cambiar la visión de la corrida propia de un turista a una valoración profunda de su historia y significado en la cultura española.
-¿Por qué cree que su libro, que se considera un clásico, no se ha traducido antes al español?
-No hay explicación. Otras traducciones, al francés por ejemplo, sí han estado disponibles. Saque sus propias conclusiones...
-Bueno, usted concluye que el aficionado a los toros está contra toda autoridad. ¿Fue ése el motivo de que su libro no se tradujera durante el franquismo?
-Es la explicación más probable.
-Usted visitó España entre 1950 y 1953. ¿Qué recuerdos guarda de entonces?
-En 1950 mi esposa y yo visitamos España, y como turistas fuimos a una corrida de toros. Era un domingo por la tarde de marzo, en la plaza de toros de Barcelona, y mirando atrás, fue una de las mejores corridas a las que jamás he asistido. Aunque lo que de veras me impresionó fue el espíritu electrizante de la gente. Nunca había sido testigo de tal entusiasmo y participación por parte de tanta gente. Supe entonces que tenía que aprender más de ese fenómeno. Después, en mi trabajo de campo para el doctorado en Antropología, volví a España y asistí a muchas corridas, entrevisté a toreros, les hice tests psicológicos e intenté observar la cultura española en general. El resultado apareció en mi tesis e influyó de forma determinante en mis conclusiones sobre el significado del ritual.
-¿Fue mucho a los toros en esa época?
-Sí, había muchas corridas cuando estuve en España, tanto en cosos de grandes ciudades como en plazas de poblaciones pequeñas, y todas con muy buena asistencia. Tanto sol como sombra se llenaban y, aunque por supuesto los turistas estaban presentes -siempre en sombra-, eran españoles los que las llenaban. Recuerdo especialmente una semana entera de corridas en Bilbao. Fue fabuloso.
-¿Viajó posteriormente a España?
-Como antropólogo he viajado mucho, pero no volví hasta la visita de 1978. Entonces ya observé muchos cambios en España. ¡Ahora, me han dicho que los guardias civiles, que parecían seguirnos a todas partes en los 50, se ocupan del control del tráfico!
-¿Hemingway extendió el conocimiento de la fiesta fuera de España?
-Sí, Hemingway y el cine. Los toros bravos, una novela de Tom Lea, se convirtió en una película muy popular, aunque algunas de las escenas de toreo fueron eliminadas por su excesivo realismo para los americanos.
-¿Llegó a tratar a Hemingway o a Orson Welles?
-Orson Welles hubiera sido más interesante, aunque ambos eran demasiado arrogantes.
-El cuerno y la espada formó parte de la biblioteca de Hemingway y del antropólogo Julian Pitt-Rivers. ¿Cree que su libro abrió una nueva vía al estudio de la fiesta de los toros?
-Sí, creo que sí.
-¿Está satisfecho de que sea una universidad la que lo ha publicado?
-Es gratificante saber que un libro que escribí en 1957 sea incluido en las publicaciones de una distinguida universidad. Me siento honrado.
-¿Se considera un buen aficionado a los toros?
-En mi juventud me consideraba un aficionado. Y aún creo que una corrida implica honradez y honor -nunca con cuernos afeitados, por ejemplo-. El enfrentamiento entre un hombre valiente y un toro bravo es algo digno de verse.
-¿Qué opina de que en algunas regiones de España, como Canarias, estén prohibidas las corridas de toros, y en otra como Cataluña pretendan prohibirlas?
-Hay zonas en España que no están bajo la influencia del toreo y la gente tiene derecho a prohibir el ritual, que nunca debe confundirse con un «deporte», pero creo que no deberían influir en las zonas del país que sienten de modo diferente.
-¿Qué piensa del movimiento de defensa de los animales?
-De veras apoyo a aquellos que creen que, como seres humanos, tenemos una norma moral para tratar a todos los seres vivos sin crueldad, y eso incluye a nuestros congéneres. No obstante, de algún modo, creo que un toro de lidia puede tener tanto honor como dignidad en su muerte. ¿Una contradicción? Quizás.
-¿Los animales tienen derechos?
-De nuevo, como seres humanos, podemos y debemos amparar a los animales, en su derecho a ser tratados bien, y a oponernos a la «ley de la selva» de la naturaleza. Y eso quizás es lo que nos hace humanos.
-¿Alguna vez tuvo la tentación de correr en los San Fermines, como tantos norteamericanos?
-No. habiendo sobrevivido a veinte misiones aéreas sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial, no creía que tuviera que hacer algo para demostrar mi hombría o mi valor. Y yo era muy respetuoso ante la bravura de un toro suelto.
*Por documentación, cultura, precisión y sentido periodístico de la ocasión, Alfredo Valenzuela (Lopera, Jaén, 1962) es el mejor entrevistador de España.
domingo, 21 de febrero de 2021
Carta de Mondeño
Le pido disculpas por haber tardado tanto en agradecerle su "Visto y No Visto" dedicado a mí. Su artículo "El Cuerno y el Convento" lo guardaré como oro en polvo en mi corazón.
He oído que es usted el mejor cronista de España. Los que han leído que usted ha recibido una carta mía están deseosos que yo les escriba. Les mando (a muy pocos) mis mondeñinas. Los que las han recibido están impresionados por la manera de contar algunos momentos de mi vida.
Siento mucho que la dirección de ABC sea tacaña con usted al publicarle solamente los sábados sus "Visto y no Visto". Como ahora todo el mundo se manifiesta y protesta, cuando pase por Madrid me voy a manifestar en la puerta del periódico ABC con una pancarta llamándoles tacaños. Soy lector de ABC desde el año 1956 cuando tuve que esperar mientras me preparaban un traje y unos zapatos nuevos en una pequeña tienda frente a la catedral de Sevilla. De allí salí como un señor torero, el dueño de la tienda se llamaba Antonio Burgos. Cuando estoy en Londres busco ABC, en París y en el Aljarafe; ahora que me marcho a Daytona Beach con mi Harley-Davidson lo leeré por Internet. Así que tengo derecho a que la dirección de ABC me oiga.
Como usted verá los de Puerto Real además de tener salero somos valientes.
De nuevo le doy las gracias por "El Cuerno y el Convento".
Le saluda afectuosamente
Juan Mondeño
Mondeño. El cuerno y el convento
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Recibo carta de Mondeño, que no se figura la importancia que uno puede darse con eso.
–Yo también me quedaba quieto delante del toro y además en guapo. Mi abuela Pepa decía que yo era el torero más bonito que había en los 60. Le recuerdo que los de Puerto Real somos más guapos y tenemos más salero que los de Galapagar o Brazatortas.
La carta de Mondeño obra aquí como en Proust la madalena de su tía: en alguna poza del río de la infancia se bañaba Mondeño, y se bañaba dos veces en el mismo río, de modo que no sabe uno si Mondeño era el torero que se metió a fraile o el fraile que se metió a torero, cuando uno sólo quería ser o torero o fraile, igual que hoy bailarín de “Fama” o mochilero de Oenegé.
A Mondeño no lo deja hacerse misionero su abuela Pepa, que rompe en anticlerical, como Antonio Gala, con más salero.
–Mi padre no era malo, pero era muy autoritario y burro. Sólo quería que yo fuera torero para que lo sacara de la miseria. Un día le pregunté por qué no era torero él y así yo podría comprarme una bicicleta. Me dio una bofetada.
Torero por necesidad y, al cabo, fraile por vocación. Toma los hábitos dominicos en Caleruega, la cuna de Santo Domingo, martillo de los albigenses, adonde la gente peregrina en demanda de un milagro de fray Juan García (Mondeño). Esto no es lo que él espera y vuelve a los toros.
–No sabía hacer otra cosa. Mi padre me explotaba, mi madre lloraba, mi hermano me robaba y yo rezaba y toreaba.
Torea hasta en Beirut, con Aparicio, el primero al que yo oí que lo de Mondeño en las plazas era lo de Tomás... en guapo. En la galería de la gran verticalidad de España, Tomás sale tieso, y Mondeño, místico: fascinado por la liturgia que, como al monje, hace al torero. Lo apodera una mujer, y un día le compra a una marquesa de Madrid un Rolls-Royce para coche de cuadrilla. Se ve brindando a Soraya (¡la emperatriz, por Dios!), a la duquesa de Alba, a Yul Brynner o a Jean Cocteau. No olvida que en la puerta de cuadrilla de Málaga un aficionado le grita que tiene torcida la raya del peinado. Cañabate le llama “codillero”, y él explica que, simplemente, necesita tener al toro cerca para hacer su toreo. Una tarde torea en El Puerto un festival: ofrecen una copa a los toreros y aparece Juan Belmonte.
–Durante la conversación el maestro preguntó a un médico que había en el grupo si moría en el acto uno si se pegaba un tiro por la sien. El doctor dijo que la muerte más segura era por detrás.
Hoy Mondeño colecciona coches de época y Harleys de culto. No se sabe si vive en California, en París o en Mairena del Aljarafe, entre naranjos y cabezas de toros. Como un dios.
Del regeneracionismo en una tasca murciana
Comiendo con un amigo el otro día en un local murciano del centro de Madrid éste se empeñó en defender, una vez más, la tradición de los intelectuales regeneracionistas, que, según él, viene de la obsesiva preocupación por el tema de la nación desde la ruina de Castilla en el siglo XVI. Y que, insiste, aparece ya en el célebre soneto de Quevedo
Miré los muros de la patria mía
Si un tiempo fuertes ya desmoronados
De la carrera de la edad cansados
Por quien caduca ya su valentía…
O incluso antes.
Mi amigo no lo sabe, pero no está nada a la moda. Se ha empeñado últimamente en hablar a sus alumnos de la polémica entre Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz sobre la esencia de la historia medieval en España –polémica que a él le tiene ocupado hace varias décadas. En ocasiones se sorprende de que nadie le haya refutado aún.
-A veces me miran un poco raro.
Está dando clase en un instituto de la Alcarria manchega, rodeado según cuenta por las primeras fundaciones de la reforma de los carmelitas, incluido un convento teresiano. Es el lugar perfecto para meditar sobre la crisis espiritual de la Contrarreforma, según afirma.
-Pero no sé si a veces se dan cuenta.
Ellos se lo pierden, pienso yo. Alguna vez he pensado en apuntarme a las clases del centro alcarreño en el invierno meseteño, sólo para oír hablar por fin de asuntos reales, como la literatura arbitrista de los ilustrados. En lugar de las banalidades y fantasías que en el resto del país abundan.
-Estoy leyendo estos días a Ángel Ganivet. He encontrado en él un hilo de reflexión que enlaza con el pesimismo de la Restauración – me cuenta luego.
-Yo de Ganivet sólo recuerdo algún poema sin esperanzas y su figura un tanto desgarrada en la triste Letonia.
-Tú eres un frívolo.
Ganivet, me recuerda luego, hablaba de la abulia como uno de los principales problemas del fin de siglo. En esto no era original, por supuesto. Todo el 98 se dedicó a escribir sobre la abulia, con un entusiasmo y profusión que la refutaban, por cierto.
Me cita un texto belga del cónsul español en Riga, que de pronto –como todo lo que me está contando– me parece extrañamente oportuno.
Si el fin de un período de reformas va a ser llegar a equipararnos, por ejemplo, a Bélgica, mejor es curarse en salud, es decir, mejor es no curarse y morir como hombres, borrarnos del mapa sin hacer nuevas contorsiones.
-Tengo la sensación de que últimamente se lee poco al 98.
Yo había regresado esos días de un viaje por Castilla. El campo seco, los pueblos, las tierras, esperaban el agua. Recordé unas páginas, excelentes, de Azorín sobre la sequía –situadas en su caso en el paisaje del levante del interior.
-El campo está esperando el agua. Hasta las casas la esperaban, me dio la sensación cruzando Ávila.
El café era muy bueno, con cierto regusto a puchero. Del interior de Murcia, nos contó el dueño, traían un aguardiente que en nada tenía que envidiar al de Potes, el mejor que habíamos tomado los dos, convinimos ambos. Está bien que alguien del lugar defienda el interior de Murcia. Y la sierra de Alcaraz, más adentro aún.
-Tráiganos esa esencia de Yecla – le rogamos.
A esas horas se hizo la tarde un tanto espesa y municipal. Mi amigo, con la segunda copa, se puso a hablar a los presentes de la reforma de la orden del Carmelo, tema que, le dijo al camarero, le interesaba especialmente.
-Es un placer hablar de asuntos actuales –le expliqué entonces yo, envalentonado con los postres–. Ahí afuera peroran sobre cosas inexistentes.
"Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios"
DOMINGO, 21 DE FEBRERO
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
Marcos 1,12-15
sábado, 20 de febrero de 2021
La polilla
Polibio
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
A la manera que el orín en el hierro, la polilla y la carcoma en la madera son pestes connaturales que, sin necesidad de otros males exteriores, corroen estos cuerpos, porque fomentan en sí mismos la causa de su destrucción. Estas cosas de Polibio las dábamos en primero de Periodismo.
–De igual modo, cada especie de gobierno –remata el Ónega de los Escipiones– alimenta dentro de sí un cierto vicio que es la causa de su ruina.
Cien mil muertos por el pangolín, ruina vicepresidida por Pablemos, y vamos a ponernos estupendos (¡hasta confitamos un manifiesto!) cuando Pablemos habla de “democracia anormal”, que debe de ser la primera verdad que se le escapa en su pingüe carrera política. ¿O no es “anormal” una democracia (sistema de gobierno basado en el juego mayoría-minoría) donde el cuarto partido electoral, del que Pablemos es jefe, dirige el gobierno, con lo que eso supone en España?
Lanzar un cucurucho de tópicos crujientes a Pablemos porque habla de una democracia rara es equipararlo culturalmente al Ortega de “Vieja y nueva política” del Teatro de la Comedia en el 14:
–La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación.
Ortega no era vicepresidente, mas tampoco Pablemos es filósofo, si bien con su chau-chau “echa de comer” (de eso lo acusan) al canciller ruso Lavrov, una inteligencia malvada que parece mezcla de Metternich y Talleyrand pasada por Fouché (sólo hay que ver cómo les merendó la cena en Siria a dos bobos solemnes como Obama y Kerry) y que ha inspirado a Borrell (“no pain, no gain”) un bonito lema culturista:
–No al cuerpo a cuerpo con Lavrov.
Como canciller español, Borrell recibió la flema de un esquerrista, y como canciller europeo, el correazo de un domador de osos. Pero, como dijo Napoleón (¡el “Boney” de los ingleses!) a Metternich, “quien quiere el fin, quiere los medios”.
[Sábado, 13 de Febrero]
Sábado, 20 de Febrero
Valle de Esteban
Quinces para arriba,
pastor de buena vida;
quinces para abajo,
pastor con mucho trabajo
viernes, 19 de febrero de 2021
Todos al bar
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Entre los juristas hay que distinguir, se decía, entre platónicos y aristotélicos, ontologistas e idealistas, realistas y nominalistas, inteligencias discursivas e intuitivas… Flemáticos y sanguíneos, dinámicos y estáticos, voluntaristas e intelectualistas… Así hasta que en el País Vasco un juez normal ha tomado la decisión de abrir los bares contra el cojonudismo fascistilla de los políticos con nómina y escaño del Estado asegurados.
–¡Eso, todos al bar! –fue la exclamación jubilosa de Bryce Echenique en TV cuando le anunciaron la llegada al plató de Manuel Alvar.
En esto de “la Coviz” todo es mentira menos lo malo, y al leer el folio judicial piensa uno en la taberna “Biencomes”, de Elorrio, que contaba Indalecio Prieto, con su cartel de “Pongo buebos de repente”, razón por la cual los parroquianos llamaban “Ko-ko-ro-ko” al tabernero.
–El secreto de que a las tabernas se les llame bares –escribe Fernández Flórez en los 30– es que las palabras gastan su brillo como las monedas.
Una decisión judicial, según un jurista de juristas, es correcta si se puede esperar que otro juez hubiera decidido del mismo modo. (“Por ‘otro juez’ se entiende aquí el tipo empírico de jurista moderno”.) La fundamentación forma parte de la decisión: busca convencer. ¿A quién? A la instancia superior. (En América el juez tiene que convencer al pueblo, pero es que allí son demócratas, o lo que en España se llama “populistas”). ¿Cómo? A base de “fumus boni iuris” y “periculum in mora”, que no son “pintxos” de Donostia, sino argumentos del juez vasco cuya decisión nos devuelve un poco la fe en el habitante hispánico, que ya decía don Manuel Cano Muñoz, apoderado de Curro, Paula y Pepe Luis, que es lo peor que se despacha en estas tierras.
En Madrid lleva uno confinado seis semanas en una esquina y todavía nadie me ha dicho (en serio) por qué. Politicones que son asesores que son epidemiólogos que son médicos de familia con cursillos,… pero sin vacunas. Crania ibérica!
[Viernes, 12 de Febrero]
El Olimpo: Los intelectuales "al servicio de la República"
Al lugar donde se sientan los contados miembros de esa minoría que lleva la denominación sin contorno y dulcemente cursi de "Al servicio de la República" le llaman los parlamentarios "El Olimpo". La República les ha dado lugar en el Congreso, gozosa de contar con algún inmortal entre tantos honrados oficinistas, abogaditos y curas famosos por sus sermones cuaresmales. Los dioses están allí, herméticos y superiores, como corresponde a su condición, un poco por encima de las cuestiones, refugiados en esas abstracciones inmensas y sutiles que deben de flotar como nubes en el pensamiento de una divinidad. El don de hablar está repartido entre dos de ellos por una de esas extravagancias que abundan en todas las mitologías. Es sabido que la función de pronunciar un discurso consta de dos partes esencialísimas: una de ellas, emitir las palabras y agitar los brazos; la otra, beber agua con o sin azúcar. Don José Ortega y Gasset (hijo de Minerva y de uno de los gigantes que quisieron escalar el cielo) es el que habla. Don Gregorio Marañón (fruto de los amores de Venus y Esculapio) se ocupa en que no falte agua en el vaso de su compañero.
Cuando la voz del filósofo suena, la Cámara observa la conducta que los hombres hemos seguido siempre las pocas veces que los dioses quisieron dejarse oír: primero, escucha; después, alaba; luego, se olvida. El anterior discurso de Ortega y Gasset gustó mucho; el de ayer, menos; si los dioses no tuvieran la prudencia de hablar cada mil y pico de años, los hombres nos irritaríamos contra ellos. El que asentía ayer con mayor frecuencia a las palabras de Ortega y Gasset era el señor Salmerón, que es sordo, y agitaba la cabeza principalmente aconsejado por la fe en lo que no oía.
Pero Ortega y Gasset pudo gozar por segunda vez de la expectación de la Cámara, y de esa emoción -para él de sabor muy conocido- de ofrecer a centenares de miradas el blanco de su rostro, hecho para que, al verlo de repente en un enciclopédico ilustrado, se piense en seguida: "He aquí un filósofo." Frente prolongada en una calva profesional, ojos profundos, y, en las facciones acusadas, ese gesto duro, de mal humor, que cuaja en todos sus colegas el largo miedo a ver combatidas sus teorías, ese mal humor que salpica de insultos las discusiones entre los más notables filósofos. La reputación de Ortega y Gasset es simpática porque nace de su incesante trabajo y de sus concepciones originales, y no excede de sus merecimientos. En oposición a su caso, abundan en España hombres que formaron su renombre de fuera adentro, estatuas de madera en las que todos los periodistas clavaron las tachuelas de los adjetivos elogiosos, hasta dejarlas rutilantes y con apariencias de valioso metal; nombres que ruedan de boca en boca sin que nadie pueda decir concretamente en qué consiste su genialidad. A veces bastaría el martillazo de un artículo para romper la fuerte cáscara formada con tantas admiraciones rutinarias y demostrar que el interior estaba vacío. Pero los intereses creados detienen el golpe.
Ortega y Gasset es otra cosa, y siempre que él quiera podrá servir utilísimamente a España. Hasta ahora, sin embargo, el Olimpo tabletea; es decir, teoriza. Reconocemos que la ocasión exige el tableteo. Hay que recordar, no obstante, que los dioses supieron bajar hasta las murallas de Troya para luchar entre los humanos como un soldado más, sin que encontrasen humillante partir con sus propias manos las cortezas craneanas y rasgar los peritoneos de los viles mortales. Si el señor Ortega ve pasar alguna vez por el hemiciclo una de esas pequeñas cuestiones insensibles a las emanaciones de la filosofía, y que son a veces concretamente dañinas para el país -esas prosaicas cuestiones de riegos, de cambios, de aranceles...-, no vacile en bajar del Olimpo para rasgarle el peritoneo. La política es acción y concreción, y un hombre del inmenso talento y de la inmensa cultura de Ortega, tan autorizado y tan austero, tan independiente, podría realizar mejor que nadie un trabajo igual a aquel de Hércules cuando limpió los establos del rey de la Elida.
(Abc, 5 de Septiembre de 1931)
jueves, 18 de febrero de 2021
Jack y Jean-Jacques
Menipo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Menos aspavientos con Casado, que el hombre se limita a cumplir con la misión histórica del partido de Fraga (aquí, como quería Croce, la historia es siempre contemporánea): incorporar (“integrar”, en jerga de Leibholz, ideólogo del Estado de Partidos) a la derecha social al consenso de turno. Primero, al consenso setentayochista, el de reparto de la herencia. Y ahora (en junio del 16 se anunció editorialmente en el periódico de las elites), al consenso separatista, llamado federalista, un descalzaperros pasado por Proudhon, Pi y Hamilton, pero sin quedarse en ninguno de los tres.
–Somos partidarios de un modelo federal en un espacio europeo liberal-demócrata (?) –dijo Rivera un día, y ésa es la “idea” de Casado, que sólo cambia de ídolo: el de Rivera era Suárez, el del aeropuerto, y el de Casado, Jack, el ceo de Twitter, con más dinero que Onassis y con más mando que Franco, para que lo entiendan los viejos del partido.
Desde luego, es el consenso ganador (Vox se quedó en el 78, como la mujer de Lot).
Jack, un señoritingo vestido de Menipo de Velázquez con arete nasal indicativo de casta, tapa la boca a su presidente, que lo es de los Estados Unidos, “para salvar la democracia”. Jack es el Jean-Jacques Rousseau del Gran Reseteo, y cuando Casado, líder de “la derecha clasicista e intelectual”, quiere llevar Silicon Valley a la Barceloneta de Ivà (a Madrid quería traer la City de Boris), lo que quiere es que lo vean tan sensible como Jean-Jacques y tan moderno como Jack.
–Él entró en el siglo como uno de esos energúmenos que, vomitados del desierto, ataviados con un saco viejo, ceñidos con pelo de camello y la cabeza cubierta de ceniza, pasean su llanto melancólico por las calles de Sión –fue la respuesta de Maurras a Barrés en la Asamblea Nacional con motivo del bicentenario de Rousseau.
Como Maurras en Jean-Jacques, Casado cree escuchar en Jack el llanto de un derviche dispuesto a “salvar la democracia”. Nuestra derecha es romántica y llega San Valentín.
[Jueves, 11 de Febrero]
Los tres errores de Enrique Ponce
José Ramón Márquez
Creo que Enrique Ponce Martínez en su XX aniversario está haciendo hasta ahora todo mal. Me explico en tres trancos, como el Diablo Cojuelo:
TRANCO I
A principios de la temporada, antes de que un solo toro hubiese pisado un ruedo en España, se creó una polémica artificial, a mi manera de ver, a base de soltar en los medios de comunicación que existía una disposición de José Tomás a anunciarse en un mano a mano con Ponce. La reacción del valenciano fue declarar que él estaba dispuesto a prestarse a esa corrida siempre que se retransmitiese por la TV. De facto ese anuncio equivalía a una negativa, dado que es conocido que el de Galapagar no está dispuesto a ser retransmitido. Ponce debería haber aceptado el reto de Tomás en las condiciones que Tomás fijase salvo en una totalmente irrenunciable: la presencia junto a ellos de una seria ganadería de toros como Palha, Victorino o cualquiera otra de similar estilo. Los toreros se retan con toros, no con cámaras.
TRANCO II
En Valencia tiene otro error monumental. Es impropio de una figura de su dimensión que para la celebración de su onomástica taurina decida, de una forma totalmente incomprensible, anunciarse con las ganaderías que más daño le pueden hacer a estas alturas de su carrera, las del repugnante toro comercial. Ir a un mano a mano con juampedros podridos o zalduendos gordinflones es ir abocado al fracaso; anunciarse con esa porquería de toros junto a Juli es prestarse a que el eterno niño le robe la cartera, como le ocurrió, ante su fiel público. Resulta que, para más INRI, donde Ponce más brilló fue justamente con el ‘garbanzo negro’, con el zalduendo que sacó los pies del tiesto. El planteamiento de Ponce en Valencia debería haber sido el de ser anunciado sólo con serias ganaderías de toros como Palha, Victorino o cualquiera otra de similar estilo. Los toreros celebran sus efemérides con toros, no con cabras.
TRANCO III
A la hora de escribir estas letras se da ya por hecho que Ponce no va a estar en San Isidro, en Madrid. Eso es una gran mancha para la empresa y un fracaso para el torero y los que le rodean y aconsejan. Enrique Ponce debería haber establecido su negociación con la empresa de Madrid buscando acuerdo desde el principio, pero bajo la irrenunciable premisa de ser anunciado sólo con serias ganaderías de toros como Palha, Victorino o cualquiera otra de similar estilo. Los toreros torean toros de verdad en las ferias de compromiso.
Todo lo que Enrique Ponce es, se lo debe a los toros. Es hora de que él les devuelva algo de lo que le han dado. Ahora es especialmente necesario un gesto decidido en favor del toro bravo, y los gestos de los toreros se hacen con toros. En momentos como los presentes, sería vital que alguien del peso de Enrique Ponce optase decididamente por reivindicar el toro integro y encastado y que, sobre esa importante base, cimiento de un espectáculo llamado ‘Los Toros’, dictase su verdad en las cinco ferias importantes que hay en España.
[27 de Marzo de 2010]
miércoles, 17 de febrero de 2021
El recibo
Richard Hooker
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La borrasca Filomena nos dejó una nevada de esbeltos dientes y un recibo de la luz que quita el hipo.
–Fue Filomena, caballero, que disparó el kilovatio –me explica la compañía–. ¿Algo más?
El lema de las eléctricas es el de las viejas ventas andaluzas: “Ave de paso, ‘cañaso’”. En Inglaterra, el mero anuncio de una subida de tres libras en el recibo de la luz coloca a los consumidores en disposición de organizar otra “Gloriosa”. Inglaterra, no España, fue siempre la “diferente”.
–Para el europeo continental –dice Keyserling en su “Análisis espectral de Europa”–, los indígenas de las Islas Británicas son totalmente incomprensibles.
Para empezar, y como dice un amigo, qué bien beben. Tienen el don de la ebriedad, ese modo de coger la copa que aquí sólo he visto en Claudio Rodríguez y en Jorge Berlanga. Son populistas (partidarios de un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”) y nacionalistas, cosa que nosotros no. Nosotros somos estatalistas, que es otra historia (bastante peor).
–El pueblo inglés se sintió nación mucho antes que los continentales –recuerda Ortega en su “Meditación de Europa”–. Inglaterra es, como nación, la más vieja de Occidente.
Esta anticipación es para Ortega como una ley de evolución occidental: “la normal precedencia del pueblo británico con respecto a los pueblos continentales en casi todas las formas de vida”. Y eso incluye el recibo de la luz. Así nos encontramos luego con que el pueblo más nacionalista de la tierra tuvo su último dictador en Cromwell, hoy con estatua en el Parlamento. Y tuvo a Richard Hooker, que acertó a distinguir a tiempo “sociedad” (grupo comunitario) y “Estado” (organización del poder), distinción que les salvó de caer en el absolutismo, mediante el intraducible concepto de “Commonwealth”, que vendría a ser “la versión continua que la monarquía inglesa da a la ‘res publica’ romana y que expresa la totalidad política inglesa, antiabsolutista y antitotalitaria”.
¿Cómo íbamos a enterarnos del Brexit?
[Miércoles, 10 de Febrero]
I Go For My Cconstitutional ("Pero ¿qué coño es nuestro constitucionalismo?")
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Los magistrados del Constitucional Jiménez, Aragón y Rodríguez, señalados por El Paíscon sus respectivas etiquetas ideológicas por ir a los toros al callejón de La Maestranza
en domingo de Miura mientras se ventila el Estatuto de Cataluña
Inglaterra no tiene Constitución. Hay quien pretende que la Magna Charta, el Bill of Rights o el Act of Settlement equivalen a una Constitución; pero la verdad es que el Parlamento inglés podría abolir mañana mismo cualquiera de estos Códigos o los tres juntos en unas Cortes ordinarias sin que semejante medida fuera susceptible de interpretarse como un acto anticonstitucional. En rigor, si el Parlamento quiere, nada le impide poner al propio rey de patitas en la calle, así como el rey, a su vez, puede, cuando se le antoje, suprimir la institución llamada Parlamento. En Inglaterra no hay actos constitucionales por la razón sencillísima de que los ingleses carecen de Constitución. La frase Bristish constitution se usa mucho, es cierto, en las Comisarías de Londres, pero únicamente para determinar hasta qué punto ha entorpecido el whisky la prosodia de los detenidos. En cuanto a los constitutional walks (paseos constitucionales) de que hablan tanto los ingleses, sería un error confundirlos con estos paseos de las ciudades españolas que ahora se llaman de la Constitución y antes se denominaban de Alfonso XII o de Primo de Rivera. Para un inglés no hay más constitución que la individual y fisiológica, y al decir un paseo constitucional, lo único que quiere significar el hijo de la rubia Albión es, sencillamente, un paseo higiénico. En realidad, hasta el sustantivo paseo se suprime, por regla general, suponiéndolo implícito en el adjetivo.
-I go for my constitutional (Voy a dar mi constitucional) -dice simplemente el inglés.
Y todo el mundo lo entiende. Lo constitucional en Inglaterra ha pasado a ser sinónimo de lo pedestre, o, por si esta palabra pudiera parecer peyorativa, de lo ambulatorio y peripatético, como diría quien yo me sé. En suma, que, prácticamente, se refiere tan sólo al acto de pasear.
Sí, señores. Inglaterra no tiene Constitución. No hay un documento ni una colección de documentos que pueda nadie tomar en su mano y decir:
-Aquí está la Constitución británica.
¿Que cómo se las arreglan entonces los ingleses? ¿Pero es que ustedes han tomado en serio a los diputados de nuestras Cortes constituyentes cuando les decían que sin Constitución no hay manera humana de vivir, y que como ellos eran los únicos capacitados para hacernos una, teníamos que mantenerlos en el Congreso hasta que la diesen por terminada, so pena de un cataclismo nacional? Más difícil que vivir sin Constitución me parece a mí vivir sin dinero, y ello no obstante, los españoles vamos tirando todavía, a pesar del estado verdaderamente desastroso en que se encuentran nuestras haciendas.
Los ingleses no tienen Constitución, ni la necesitan, porque tienen, en cambio, lo que un notable tratadista llama "sentido constitucional". Por nuestra parte, nosotros tenemos una Constitución; pero como carecemos de sentido constitucional, es, poco más o menos, igual que si no la tuviéramos.
Este sentido constitucional se podría definir como una equivalente política del sentimiento de caballerosidad. En una reunión de personas realmente caballerosas, ¿qué falta hacen las leyes ni los guardias llamados a imponerlas? Y, por el contrario, ¿de qué le sirve a uno toda la legislación de lo criminal ni toda la Guardia Civil cuando los azares de la vida le han llevado a jugar a las cartas con una partida de fulleros?
Y claro que las Cortes constituyentes no podían crear en el pueblo este sentido constitucional del que, probablemente, carecían ellas mismas; pero yo, en vez de una Constitución con artículos, lo que hubise hecho es una Constitución con rayas. "Hasta aquí pueden llegar los Gobiernos en su atropello de los ciudadanos" -diría sobre algunas rayas-. "Hasta aquí -se leería sobre otras- pueden llegar los ciudadanos a atropellar a los Gobiernos". Y como esta Constitución gráfica no hubiese tenido que pasar a manos de una Comisión de estilo, tendría, por lo menos, la enorme ventaja de la claridad.
HACIENDO DE REPÚBLICA / LUCA DE TENA EDICIONES
martes, 16 de febrero de 2021
Cistercienses Calatravas
Cumplen 800 años. Como la catedral. Tras varias mudanzas se asentaron en el barrio de San Cristóbal y se las ve a veces por Gamonal haciendo compras para el convento. No esperaba uno ver hábitos tan modernizados. Imagen de hoy, en calle de Vitoria. Lo que sería el centro de Gamonal.
FJGI
Sobre populismo
“el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Dice Nigel Farage que el populismo está para quedarse, y tratándose de Inglaterra, pueblo libérrimo que corta en banderillas como el mítico “Cazarrata” de Saltillo, a lo mejor tiene razón.
“Populismo” es la forma despectiva de designar a “la democracia representativa” (de sistema mayoritario, el que por “vergüenza inglesa” pedía Fraga en el 78), enemiga mortal de la oligarquía de partidos europea (de sistema proporcional, el que por mandato alemán impuso González en el 78), bajo la cual se puede ser demófilo, mas no demócrata. “Un hombre, un voto” es hoy un lema subversivo.
La base “filosófica” del populismo son las tres voces de Lincoln en Gettysburg el 19 de noviembre de 1863 sobre la democracia representativa como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, boutade más demagógica que democrática, y que nada significa, aunque sirvió para marcar popularmente las diferencias entre la “democracia representativa” de la Constitución americana (“la obra más maravillosa lograda por la inteligencia y la voluntad de los hombres”, al decir de Gladstone) y el rastacuerismo parlamentario europeo.
Los tres principios de la democracia representativa (representativo en la sociedad, electivo en el gobierno y divisorio del poder en el Estado) no se compadecen con las tres voces de Lincoln, maravillosamente estudiadas, una a una y en su alcance literario, por nuestro Santayana, demófilo de una elegancia suprema.
Para el oligarca el pueblo es una hez a la que echar de comer como a los chanchos, pero al demófilo lo sigue inquietando el problema, aún sin resolver, planteado por el atrabiliario abate Sieyes: “¿Quién es el pueblo?”
Para el fundador de la ciencia constitucional, el pueblo es una “unidad política” (¡justo la que aquí estorba!), es decir, un sujeto capaz de decisión, “específicamente capaz de la decisión política que distingue al amigo del enemigo”.
Sin tetas no hay paraíso: el populismo es lujo de pueblos que eludieron el Estado absoluto.
[Martes, 9 de Febrero]
La libertad perdida (probablemente para siempre)
-La
libertad que predicaban y ofrecían los viejos carlistas era quizás más
sólida que la que postulaban los liberales. Era la libertad entendida a
la manera antigua. No la libertad con mayúscula, abstracta y vaga,
escrita en un papel; sino las libertades concretas, garantizadas por
organismos, instituciones, costumbres y hábitos antiguos, vivos y de
escamoteo imposible. No de otro modo se gobierna en Inglaterra. La
concepción liberal de la libertad ha sido destrozada por el socialismo.
La libertad la hemos perdido, probablemente para siempre.
UN SEÑOR DE BARCELONA / JOSEP PLA




























