Qué valor
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Racionamiento de alimentos en Ceuta, pero los ministerios de Defensa e Interior proyectan la excusa de que a ellos nadie los avisó de una invasión de ochenta mil tíos. La incompetencia, pues, es el último grito en Occidente: los mandos del Pentágono han enviado a sus tropas en el Golfo, con racionamiento de munición, un correo preguntando si tienen alguna idea brillante para hincarle el diente a Irán. Es la muerte del pensamiento estratégico.
España carece de pensamiento estratégico desde los gloriosos días de Farnesio. Y Europa, desde 1945: derrotada por el fascismo, primero, y luego por los aliados anglo-rusos, todo el pensamiento estratégico del continente se hacía en Washington, que desde su victoria en la Guerra Fría también lo tiene perdido, y la prueba es que su Ejército lo dirige un ex presentador de la Fox, y que su presidente, que se escaqueó del servicio militar hasta en cinco ocasiones, publica en su red social un montaje fotográfico en el que aparece él vestido de uniforme flanqueado por Patton (un “hijo de p…”, pero muy competente) y MacArthur, el general rebelde.
Douglad Macgregor, un guerrero de Caballería apasionado por la logística (autor de “Breaking the Phalanx”), recuerda la visita de Bradley, segundo comandante del grupo de ejércitos en la II Guerra Mundial, a Patton con motivo de una grande necesidad en el Tercer Ejército. “Tengo, le dijo, a un coronel recién salido del mando de un regimiento de infantería con un grande historial de combate, un comandante muy exitoso. Si te lo diera, ¿qué harías con él?” Y Patton contestó: “Lo pondría al mando de la logística”. Y Bradley, perplejo: “¿Qué? ¿No lo quieres en acción?” Pero Patton defendió su posición: “No, necesito a alguien en logística. Alguien que ponga orden, alguien que haga que ese tren avance. No estoy recibiendo con la rapidez necesaria todo lo que necesito. Tenemos que mandar allí a un soldado de combate que tome el control y haga que funcione.” Algo así, dice Macgregor, como lo que hace Rusia al quitarse los guantes en Ucrania, repescando a Surovikin, llamado “el general Armagedón”, con fama de genio de la estrategia y que en su día fue apartado por “tibio” en lo de la Wagner. Nuestro Surovikin en España sería la general Hurtado, encargada en La Moncloa de “detectar amenazas y coordinar el seguimiento de las crisis”, como lo de Ceuta.
Nuestros tertulianos, ninguno de los cuales ha pasado de las solapas del Touchard (una vez muerto su traductor al español, Javier Pradera), hablan de “crisis de Estado”, que según Lenin, que lo estudió, aparece cuando a los síntomas de falta de autoridad se añade la falta de potestad y los magistrados dejan de obedecer a los magistrados, que no son respetados por los ciudadanos.
–Es la logística, estúpido.
[Martes, 11 de Agosto]

