Paco al pie del pino-roble
150 años lleva el pino en las entrañas del roble
Robles juntitos cuchicheando
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Desde antes de la peste que vino de la China, vulgo pandemia, no había ido a ver el pino-roble de Canicosa de la Sierra, que en verdad es el roble-pino, pues fue antes el roble que el pino. Dicen los canicosos que no hay cosa igual en el mundo. Que es único. Que un roble que ya andará por los tres siglos se "empreñara" hace uno y medio de un pino albar y ambos sigan vivos para admiración de quien los mirare es fenómeno no sólo asombroso sino grandioso y sensacional. Llevé a Paco a ver los pinos y los robles de Vilviestre y Canicosa. A él, que dice pinus sylvestris y quercus robur sin pedantería y con la emoción que sólo unos pocos privilegiados están capacitados de sentir, como luego le pasaría ante el sabinar de Moncalvillo, sucumbió ante tanta belleza. "Ya me puedo morir", decía Paco en el robledal. Robles venerables los de Canicosa por edad, inquietantes porque parece que vigilan, eróticos y hasta pornográficos porque su sombra invita a placenteros retozos. Por aquí vio Nuño Salido las cornejas de mal agüero y el águila anunciadora de muerte de los Infantes de Lara y es circunstancia la del romance que a Paco le da un poco igual mientras no para de mirar y remirar el vigor del pino y la maternidad del roble. "Se está inclinando el sylvestris por la altura y puede abrir en demasía al roble. Seguro que lo dañará."
Nada más salir de Canicosa por la carretera que lleva a Navaleno se ven robles que parecen platicar entre sí, unos como pelando la pava, otros quejándose del nocturno ululeo del búho entre sus ramas... y ancianos los más, que andan por los trescientos años, imponen con un silencio que procura abortar las malas intenciones "del hombre blanco", como dice Paco. Allí está el roble-pino... o el pino-roble, como ustedes quieran para darles paz y sosiego natural.



