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lunes, 14 de diciembre de 2020

Palestina

Hughes

Abc

 
España lidera el desempleo juvenil en Europa y en lo que se conoce como mundo desarrollado. Cuando se es el peor, y con diferencia, en el mundo desarrollado quiere decir que, en realidad, se está con los subdesarrollados.


España tiene niveles africanos y comparte la tasa de desempleo juvenil con Palestina, lo cual tiene mucho sentido porque España es también un Estado ocupado. Tanto se parece a Palestina que su presidente habla ya de “los territorios”.


Pues en los territorios de España el paro juvenil es el de Palestina. Esto, sin duda, es el triunfo de un régimen, especialmente del partido que lo ha parasitado durante décadas, el PSOE, y su hermano tonto en la corrupción alterna, el PP. También de sus miserables palmeros y publicistas. Ellos, por supuesto, colocan a sus hijos.

 


 


También es un triunfo de nuestra entrada en Europa. ¿Cuándo nos van a decir la verdad sobre la convergencia europea? Se supone que a estas alturas nuestros jóvenes tenían que estar viviendo como los alemanes, no yéndose a Alemania. Es que hay una pequeña diferencia.


Yo ya no soy joven, bueno, podría vivir de ello unos añitos si me pongo ropa desenfadada y digo aún más gilipolleces, pero no pienso ser tan jeta de vivir como joven cuando los jóvenes de verdad tienen que emigrar. Porque este es uno de los logros de nuestro país, que los jóvenes formados se marchen a Inglaterra y tengamos que recibir a contingentes de personas sin cualificar, asunto que uno no puede apuntar sin riesgo de ser considerado racista.
 

Me acuerdo de ellos, pienso en los jóvenes, cuando escucho o leo a nuestros teóricos del bienestar, estos señores blandos y suavísimos, instaladísimos, que salen hasta en la sopa y que nos cuentan que nunca estuvimos mejor, que jamás en nuestra historia vivimos algo así, que ahora tenemos frigoríficos y teles en color y teléfonos móviles y una sanidad que es la envidia del mundo. Pero ¿cuándo íbamos nosotros a soñar algo así? ¡Si vivíamos en las cuevas de la última peli de Almodóvar! ¡En cuevas y bajo el crucifijo!
 

Es el mejor momento de nuestra historia. El Estado del 78 es una maravilla y Europa nos tiene nadando en oro. Pero hay un pequeño problema, una arruga en el sedoso relato: el paro juvenil.
 

El paro juvenil mantiene al joven en una prolongada situación de inmadurez. Esto está en la publicidad, con esas voces en off de jóvenes grotescos de cuarenta años vendiéndonos cosas. Lo joven es el fetiche de la izquierda heredera de Franco (franquista de cuna y colocación y antifranquista de boquilla), nuevo movimiento que fetichiza lo joven, que eterniza al español en juventud.
 

Ellos, los que nos cuenta estas milongas, colocan a sus hijos o fueron previamente colocados. Los hijos-de abundan en España. La España de los apellidos y los enchufes. De la familia como primera pandi.
Esta estructura desigual en el empleo garantiza que el joven español, para acceder, deba asumir unos costes enormes: másters, estudios abundantes, oposiciones quitavidas o una aceptación láctea y mamatoria de lo generacional. Es una mamocracia. Una mamocracia en la que como en Cádiz, ¡aquí hay que mamar!


La izquierda, ignorante, cutre, narcótica y literalmente barriobajera celebra hitos como el salario mínimo, pero del desempleo no dice nada. Estamos por oírles. Esta izquierda protege al Trabajador. Del desempleado se desentienden e incluso han llegado establecer un sistema de corrupción sobre sus cursos y prestaciones.


La llamada izquierda explota el desempleo, no es que lo remedie, lo explota, y no ofrece al joven una salida, un curso tradicional de ingreso en una vida, sino la problematización beligerante de su condición. El joven, uniformizado como joven, perpetuado como tal en el sistema económico y en la industria cultural socialista, es un guerrero woke para las batallitas de la izquierda ya sólo cultural.
El joven español se hace peter pan, se hace joven crónico con el desempleo. El desempleo juvenil condiciona vivencialmente, culturalmente al español, y la izquierda, que esto no puede, ni quiere resolverlo, desarrolla en sustitución un laboratorio ideológico en España, ofrecida al mundo como potencia imperial masoquista (¡el centro sumiso de una orgía bruselense!), destino turístico, gastronación (la gastronación de la publicidad institucional del gobierno con el cocinero y buena persona José Andrés es lo más lejos que ha llegado el gobierno en reconocimiento y defensa de la nación), como mucho, por tanto, gastronación, somos nuestros mejillones, y un destino de sol y parque temático a la barcelonesa sobre todo tipo de “avances” sociales, desde la vanguardia del género hasta la eutanasia burocrática. Laboratorio de sol y disolución, destino favorito de lo global.
 

¡Pero cuándo pudimos soñar algo así!

(Los partidos han hecho dos cosas, dos entre muchas: quedarse a Franco momificado para su necropolítica, para la administración de su legitimidad según una economía freudiana, y perpetuar al joven explotando su crónica situación de parado, ¡dos embalsamamientos! ¡dos taxidermias!).

Cuando nos dicen que estamos en el mejor de los mundos, ¿qué indicadores miran? Observen los apellidos de esa gente, miren su forma de colocación, su estructura familiar, de dónde les viene.
Un importante problema de España, quizás el primero, es su natalidad. Tener hijos. El segundo es ¡colocar al hijo! Según se coloque al hijo se está o no se está.
Esto es populismo, dirán, ¡y por supuesto!