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viernes, 24 de abril de 2020

No mentirás

 Pío Tamayo, “Pollito Pío”,
 comunista venezolano, creador del concepto
 "democracia avanzada" que tanto citan nuestros liberalios


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un juez cullerense en ejercicio pide la prohibición, y por lo penal, de la mentira. ¿Qué es la mentira?

    Hombre, si Pilato, con su “¿Qué es la verdad?”, se convirtió en el arquetipo del perfecto socialdemócrata relativista y escéptico, no sé en qué lo convertirían a uno, si le preguntara a un juez qué es la mentira. Y más tratándose de un “juez (y jueza) para la Democracia”, es decir, de los que llevan casi medio siglo porfiando, sin el mínimo éxito, por un sistema, la democracia política, con su principio representativo de la sociedad, su principio electivo en el gobierno y su principio divisorio del poder en el Estado. ¡Un Juvenal de Cullera!

    – ¿Qué haría yo en Roma, si no sé mentir? –suspiraba el satírico romano.

    ¡Prohibir la mentira en esta España de Salas Barbadillo!

    El lenguaje (y esto lo dice Popper, un filósofo amenazado con un atizador por Wittgenstein) nace de la broma de gritar «¡Que viene el lobo!» siendo mentira, de donde surge el problema de la verdad, y con él, el pensamiento. ¡El pensamiento!

    La democracia representativa de Hamilton fue, con Johnson en la Casa Blanca, el único gobierno occidental que permitió representaciones públicas de «MacBird», obra en la que Johnson asesinaba a Kennedy para erigirse en Presidente. Si nuestro “juez (y jueza) para la Democracia” prohíbe la mentira, entonces su ideal de democracia no es la “democracia representativa” de Hamilton, sino la “democracia avanzada” de Pío Tamayo, “Pollito Pío”, comunista venezolano.
    
Vivimos en un país políticamente peligroso, donde la demagogia de la idiotez constituye, según un gran pensador, el más eficaz antídoto contra el peligro social de parecer diferente.

    –El consenso en la vulgaridad y necedad de las opiniones es necesidad social en épocas de transición del despotismo a la insinceridad del sistema político.
    
A 23 de abril, cabe preguntarse por qué en medio siglo aún no hemos producido un Sthendal que retrate nuestra pasión de parecer idiotas que nos domina.