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jueves, 23 de abril de 2020

Centro y Derecha


Hughes
Abc

A primera vista parece que Pablo Casado muestra en esa foto dolor, o al menos intensidad. Una profundidad. Pero luego, mirando mejor se ve que lo que aporta es una profundidad física, de perspectiva. Al mirar la foto, que es de primeras bastante sorprendente y hay que mirarla un poco, el efecto es un desdoblamiento. Acaba habiendo dos Casados. Pero antes que nada hay uno. Casado ante el espejo nos muestra la espalda de Casado, su “derriere”. Casado coge relieve, profundidad, se redondea. Se hace ser corpóreo, materia. Casado gana fisicidad. Con esto quiere desmentir que sea un cartón piedra. Casado existe, existe tanto que por si hubiera dudas (que las había) se refleja en el espejo.

El espejo nos devuelve su imagen, el espejo certifica, y al hacerlo vemos que es un ser de más de una dimensión. Hay una corporeidad en Casado. La profundidad no la consigue con su gesto consternado, ni con los puños de ira contenida (Casado está obligado a ser suaviter como uno del PSOE y a ser viril como Abascal, ¡ése es el centro más difícil! Estar en un ejercicio constante de balance entre la soltura pélvica de Sánchez y la corpulencia macizorra de Abascal, tiene que ser dificilísimo), pero esa profundidad de Casado no es la del gesto, es la del ser humano por fin en sus varias dimensiones.
Es el efecto de la foto. Casado existe, un espejo lo confirma. ¡Casado se verifica! Y además tiene dimensiones, es un ser con profundidad, con perfil, con su cosa poliédrica. Esto es importantísimo para el proyecto del PP. Casado se complejiza, dice aquí estoy yo. La única manera de percibir la realidad de Casado era a través de un espejo. Realidad un poco sobrenatural, realidad no dicha, escupida.

Pero lamentablemente, eso tiene un riesgo, una contrapartida. Cuanto más se mira la foto más se percibe que encierra un grito de socorro que va más allá de las víctimas, un grito que es sobre todo personal. Casado dramatiza y desvela su propio drama al darse profundidad. Su espejo no refleja paz. Son dos seres enfrentados. Casado es dos Casados. El líder que intenta la titánica labor de liderar el centro-derecha, el llamado “centroerecha”, muestra su bipolaridad. No es uno, son dos, y en ese ser dos vive un auténtico drama. Esta imagen revela el sufrimiento de que un Casado tenga que ir atando a otro Casado.

Al salirse de la pose, al certificar su existencia, el espejo nos ha mostrado su profundidad y se ha visto que Casado vive disociado. Ha aflorado su dramón. Casado es dos y ahí se ve: Centro y Derecha. Miren cómo se miran. ¡Si no se pueden sostener la mirada! Al asomarse al espejo ha perdido el guión copulativo, el -, y se ha visto lo que sufre ese hombre con el que ya podemos empezar a simpatizar.

Partido en dos, como un gran cisco freudiano, eros y tánatos, tótem y tabú, centro y derecha. En un lado del espejo está el que dice no a todo lo de Sánchez; en el otro lado está el que le dice que sí. ¡Es un grito de auxilio hecho imagen! El Casado fuera del espejo hace de leal oposición, y el de dentro del espejo está hundido. Casado, que era un político barbilindo y demasiado compuesto, por fin se ha abierto, mudo, por fin ha mostrado la herida supurante de realidad, la herida lynchiana del centro-derecha. Casado, Casados. ¡Ahora sí!