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viernes, 10 de abril de 2020

El Viernes Santo del Cristo de la Conversión


 Puertas cerrada a cal y canto

 Rafael Dorado y el joven escultor Pedro García Velasco

  El año pasado de procesión por el barrio

 Cristo de la Conversión


Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
         Hoy, 10 de abril del 2020 era el día. Un día redondo. Un día fácil de recordar. Un día que un barrio entero esperaba para institucionalizarlo como si fuera el día de Año Nuevo o el de Navidad. Hoy comenzaba en el barrio de la Electromecánicas, “la Letro”, “Su” particular Viernes Santo con el propósito de que lo sea  para el resto de los siglos si a bien tiene durar este mundo. Hoy salía por primera vez el Cristo de la Conversión a la carrera oficial de Córdoba. Semejante  acontecimiento sólo ocurre una vez y los hermanos llevaban esperando este Viernes con la emocionada ilusión de participar en algo histórico. Sobre todos, uno: Rafael Dorado, el Hermano Mayor del que ya hemos hablado varias veces en Salmonetes... y que es un señor jubilado con tantas ocupaciones como necesidades detecta en un barrio a la otra punta de la ciudad del mío al que me acercó el fútbol y al que acudo de vez en cuando por la adopción de sus vecinos.  
      
Para poner en marcha una Hermandad se necesitan años, paciencia y determinación en el propósito además de muchas consideraciones que no estoy capacitado para explicar. Si en el proyecto no hay ricos que aporten dinero, todo se ha de hacer con trabajo, dedicación y sin la mínima concesión al desaliento, cualidades de las que está sobrado Rafa y con las que contagió hace años, cual saludable virus, a todo el barrio. “Mañana por la tarde, voy con Rafa a C. Real a ver una banda” me dijo hace dos o tres meses Miguel el del pescado, con ojos alegres desde su gran humanidad, implicado en el sueño de Rafa y entusiasmado por participar de los últimos detalles.
 
Rafael nos lleva llamando no sé cuántos años para ir sumando euritos con sus barras económicas en  su cine de verano, sus festivales de sevillanas, coros... etc, para pasar las tarde-noches de primavera y verano en un ambiente familiar y tranquilo. En el barrio todos se conocen y su situación en una especie de isla a la izquierda de la carretera de Palma del Río ayuda a la confraternización y al cultivo de los buenos sentimientos.
      
Ya pusimos en su día que el Cristo de la Conversión nos transmite un sereno morir y mas paz que dolor. Al escultor, Pedro García Velasco, lo vimos orgulloso hace unos años cuando presentó en la curiosa iglesia de la Letro la imagen que ya se ha clavado en el corazón de una comunidad que nunca imaginó que el empeño de Rafael tuviera tan buen fin.
       
Sé que hoy hay mucha pesadumbre en todo el Parque Azahara por esta peste criminal que nos condiciona, pero también les aseguro que hoy allí se llorarán muchas  lágrimas. Lágrimas de impotencia por posponer  una ilusión de años a la que tocaba tomar tierra en éste 2020.
      Rafa y hermanos, estáis obligados a soportar con la debida entereza éste pequeño disgustillo. Como la tuvo San Dimas. El Buen Ladrón. El que murió a la derecha de Cristo. El de la Conversión.
      Será en el 2021. El número no es tan redondo, pero tampoco es feo.