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jueves, 9 de abril de 2020

La responsabilidad del Centro

  


Hughes
Abc
 
Los centristas, que no han dejado de equivocarse en los últimos años, siguen ahí, Dios los guarde muchos años, mirando la actualidad desde su colina de libros y moderación, esa altura montaigniana.
Ahora topo a menudo con las críticas que le hacen a Pedro Sánchez y compañía y me asombra que se hagan los escandalizados. Los conceptos que maneja la izquierda, que maneja Sánchez, que manejan los Ferreras de turno son centristas. Son de ellos.

Las fake news, lo primero. Las fake news, los bulos y las mentiras cibernéticas eran la posverdad. ¿Han olvidado la posverdad? No era nada inventado por Trump, sino el concepto que se saca de la manga el mundo académico y “demoliberal” para explicar la perturbación en la fuerza que supusieron el divino rubio y el Brexit.

La posverdad no la decidía América, América votó a Trump, la posverdad la decidían los lectores de Pinker. Nunca fue un concepto democrático. ¿Qué era verdad y qué era mentira? Había dueños de la Verdad. Y ahora Sánchez tira del concepto. Sánchez añade a los escrúpulos centristas el arranque bolipodemita y su propia psicología, pero no dice cosas que no hayamos escuchado.

Esa posverdad y la profunda idiocia de sus votantes explicaban a Trump, frente a Obama, el político humanista e ilustrado. Todo sucedía por la degradación del mensaje público, la pobreza informativa y educativa, la degeneración comunicativa de Internet y su pérdida de jerarquías. ¿No se acuerdan?

Tampoco se pueden extrañar por los ataques sistemáticos a la “extremaderecha”, porque ellos participaron en acuñar el concepto. Participaron con entusiasmo en el cinturón sanitario y en la etiqueta “iliberal”. También en lo del “discurso del odio” que algunos creían podría justificar hasta una ilegalización (¿tendremos que recurrir a la hemeroteca?).

También han sido los primeros y más radicales defensores de la “Europa que nos hemos dado”, la Europa mágica, elevada a razón y horizonte democrático, convertida en la frontera entre el proyecto civilizatorio y la barbarie regresiva de los “nacionalismos”. Esa Europa se la han cargado los jueces alemanes, los belgas después y ahora los holandeses. ¿Y ahora qué? Habrá que apelar a un europeísmo que ni los europeos conocen, como hace Sánchez.

Muchos de esos argumentos se perfilaron y generalizaron gracias a cacúmenes centristas. Ahora tuercen el gesto y el meñique se les vuelve a poner estupendo. ¡Son de lo que no hay!