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sábado, 25 de abril de 2020

Misa

La libertad religiosa según El Ayuntamiento de los Juristas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Circula (poco) por la Red un video del desalojo de una misa en Madrid (parroquia de San Jenaro, en Vital Aza), perfectamente adecuada (en lo que se ve) al artículo 11 del Decreto de Alarma.
    
Dos guardias de Almeida, con cierto desaliño y pistolón colgandero al cinto, se plantan ante el altar (en terreno de la iglesia) como ante un tenderete de trileros en la Gran Vía y exigen, con desgana de Gian Maria Volonté en papel de mexicano, la documentación al sacerdote, que rebusca entre la casulla para darles el carné. La escena es de una violencia estética extrema, muy superior a la de la irrupción de Rita Maestre, que entonces sólo era una estudiante, en la capilla de la Complutense (“¡Arderéis como en el 36!), pues hablamos de la fuerza armada del alcalde, héroe por accidente (¡Dustin Hoffman!), hoy, para los medios, donde no se le cae de la boca la palabra “sensibilidad”.
    
¿Sensibilidad? ¿Y cuál es la sensibilidad del alcalde ante la misa en este tiempo de angustia medieval que padecemos? Venimos de ver a Almeida marcarse con Rita Maestre un consenso municipal muy celebrado por el periodismo de peluquería que lo peta en España. ¿Sabe Almeida del origen cristiano (¡constantiniano!) del consenso que le pone los ojos en blanco?
    
En los 70, la policía, más blandita que la de Almeida, no consiguió reventar un debate del cura Aguirre, luego duque de Alba, que defendía la misa como banquete, con el padre Venancio Marcos, que defendía la misa como sacrificio. ¿Qué misa defiende Almeida para extraer el voto de las beatas pemanianas con rosario de laspislázuli?

    El adolescente Gustavo Bueno iba a misa con el “Tratado teológico-político” de Espinosa metido en un devocionario de su tía, y el notario, que estaba a su lado, le miraba de reojo y le decía a su padre: “Oye, tu hijo muy bien, va para cura”.

    A Almeida le han dicho en la Sexta que va para Azaña, y se lo ha creído.
    
Nuestra única esperanza está en la injusticia de Dios –nos dejó como epitafio Gómez Dávila.