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miércoles, 8 de abril de 2020

Miércoles Santo

La Paz. En reciente exposición

 Palco y manto de La Paz

Salidadel Calvario en San Lorenzo

 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

  Hay días que uno se recoge a casa sin ver algún paso de los que salen porque se ha hecho tarde y hay que dar mucho rodeo para encontrarlo en lugar aparente, porque está de vuelta y no nos va a dar tiempo a llegar ó simplemente porque se está cansado y mañana hay que trabajar. Hoy, Miércoles Santo, se va a ver a la Paz y luego las demás. Las cordobesas, guapas de natural, se visten y arreglan para presentarse como Dios manda ante la Madre de todas. Lo hacen las señoras ya mayores que gustan de verla salir en Capuchinos, las madres jóvenes con carrito que esperan en Cruz Conde por la amplitud de la calle, las mocitas con y sin novio que los últimos años se plantaban en los jardines de Colón sin el respeto debido y las niñas de diez y doce años que de la mano del padre abren los ojos admiradas en las callejas de San Miguel. La Paz, obra de Martínez Cerrillo, cordobés de Bujalance un tanto autodidacta pero que supo plasmar como nadie “la serena melancolía” en esta Virgen, emocionó hace años a mi madre y muchas tardes de camino a misa, allá en Gamonal -qué lejos parece todo en estos días de confinamiento- se lo recuerda a sus amigas de quinta del 29 y a las poco más jóvenes con un movimiento de manos y un “¡qué manto, chicas!”.

     Hoy, suelo acercarme primero a la salida del Calvario en San Lorenzo por palpar la precisión de los costaleros ante la dificultad en la portada de salida por su peldaño y angostura. Antes de fijarse la carrera oficial en el entorno de la mezquita buscaba primero la Paz y luego el Perdón,( “La Bofetá”), que fue imagen que se hizo a principios de los 90,  viviendo yo ya en Córdoba. No me pierdo al Cristo de la Piedad, Hermandad también muy joven, por ser el que desde mas lejos llega. De Las Palmeras, barrio problemático en el que viven muchos infelices aficionados a las drogas. Hacían una bajada muy airosa por delante del Círculo de la Amistad. Ahora ya es otro el recorrido y suelo esperar a los de las Palmeras, a la Misericordia de San Pedro y la Pasión en el patio de los Naranjos para de vuelta a casa ya entrada la noche, reencontrar a la Paz en Colón, donde los costaleros bailan el trono en un exhibicionismo al que les obliga la muchedumbre allí congregada.