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lunes, 25 de febrero de 2019

Fútbol y propaganda

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Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ausente el rey del fútbol, los ratones de la propaganda se divierten. Con el Madrid en el diván de Solari, los roedores del fútbol español salen a tomar el sol.

El primero, Guardiola, Gandhi de Sampedor, que se niega (¡por lo que le toca!) a incluir al Madrid, que acaba de cumplir mil días seguidos como campeón de Europa, entre los tres mejores equipos de la década. También hay simples que escriben “Dios” con minúscula, siguiendo el consejo gramatical de fray Gerundio, para quien las cosas grandes debían escribirse con mayúscula, y las pequeñas, con minúscula. Para Guardiola, el Madrid es un club pequeño, y Martí i Pol, un poeta grande.
Pase usted, señor King Kong, / señor Popeye, don Astérix, / Roberto Alcázar y Pedrín. / El Gato con botas y / señor Charlot con Obelix. / Y Pinocho con la Moños / hurgándose en la nariz, / el Pato Donald, Zipi y Zape, / el Coco y el Lobo Feroz, / y el Capitán Trueno en bañador –cantaba (bueno, “responseaba”) Jaume Sisa (Cualquier noche puede salir el sol) en ocasiones así.

Y el sol salió la noche del Atlético-Juventus en La Peineta, con dos peinetas de los centrales uruguayos al equipo de Allegri, que estuvo tristísimo. Ancelotti explica que el Atlético te hace jugar mal, pero todo indica que la Juventus (Cristiano y diez más) juega mal como quien es modesto, que no puede ser otra cosa. En los toros, dijo aquí Corrochano, es modesto quien no puede ser otra cosa, y en el fútbol estamos en las mismas. El favorito de los expertos para la Champions de este año era la Juventus que cayó en La Peineta a manos de dos centrales y ahora los propagandistas nos venden que ése fue el mejor partido de la historia del fútbol, por encima del Real Madrid-Eintracht Frankfurt de la Final de la Copa de Europa del 60 o del Brasil-Italia de la final del Mundial de México 1970, partido, por cierto, que los mismos propagandistas han rememorado… ¡con los goles de Messi en Sevilla!
Ni que decir tiene que esto del mejor partido de la historia va en gustos. El mío siempre me lleva al Atlético de Madrid-Burgos, de diciembre del 76, y aquel 0-3 que consagró al más genial extremo español que he conocido, Juan Gómez Juanito. Lo del Atlético-Juventus, en cambio, parecen sólo ganas de sacudirse el miedo que se tenía, metiéndole, de paso, un dedo en el ojo al Madrid de los Mil Días y otro al Cristiano Ronaldo que busca su sexta Copa. Cuando la sana afición atlética (“la juventud sana que sólo bebe horchata”, que diría Ansón) le llamó “violador”, Cristiano contestó con la manita de los Copones, lo cual enfureció a la parroquia, con Cerezo echando cuentas en el palco: no son cinco, que son tres, porque su memoria selectiva ha decidido que las dos ganadas al Atlético no las ganó Cristiano, que las ganó la perra loba, que pasaba por allí. No parece buena idea airar al tótem, que necesita la sexta Copa para optar al Balón de Oro que lo ponga por delante del caballo predilecto del Sistema, que es Messi. Un tótem cabreado basta para dar vuelta de calcetín a la eliminatoria.
El Balón de Oro del 18 se lo dieron a Modric contra Cristiano, bajo cuyos pies se abre ya el abismo de la edad teniéndolo todo en contra, comenzando por la propaganda, que este fin de semana ofreció su cara más obscena comparando la forma de celebrar un gol de Messi en Sevilla con la forma de celebrar un gol de Pelé en México. El caso es hacer ruido, Messi Pelé, Pelé Messi, ir tomando veneno hasta que nos sepa bien, llegar a la conclusión de que Messi es el más grande, arrebatándole el pasodoble a Marcial Lalanda. Después de todo, si Picasso va a ser feminista, ¿por qué Messi no va a ser el Único? Sólo hay que empujar, y cada vez que hace un gol, decir que ni Pelé. La propaganda es como la tos: en los niños, para vivir, y en los moribundos, para morir. La propaganda que trata de encumbrar a Messi es la misma que trata de arruinar a Bale.
Bale es callado, pero ¿por qué eso es un problema? –ha tenido que decir su ex compañero Peter Crouch, que no entiende que anden cerdeando a un gran galés únicamente porque no es amigo de trasnochar en Madrid.

También en el fútbol todo es mentira menos lo malo.



RASCACIELOS ATLÉTICO

El cholismo es cojonudismo argentino resumido en el póster que al término del Atlético-Juventus improvisó Simeone para su afición posando como el Bardem de los “Huevos de oro” de Bigas Luna, historia de un tipo llamado Benito González, “hortera ambicioso”, que regresa del servicio militar en Melilla con la idea de cumplir sus dos objetivos existenciales: casarse con la mujer que ama y construir un gran rascacielos. El rascacielos de Simeone es el Atlético, en cuyo proyecto lleva ya más años que el guarda de Nuevos Ministerios, cuya obra se terminó gracias a una viñeta de Mingote, que pintó al personaje pavoneándose de disponer de un empleo “para toda la vida”. La viñeta la llevó Franco al consejo de ministros y ordenó la aceleración de las operaciones que pusieron el punto y final. A Cerezo le gusta el cine, pero no es Franco, si bien su reacción al 2-0 a la Juventus indica que para él el punto y final de su rascacielos, ganar una Champions, va a tener lugar este año.