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viernes, 1 de febrero de 2019

El MIR por la Candelaria

 Mi doña y mi chico

Con la Candelaria en 2013 que también cayó en sábado


Francisco Javier Gómez Izquierdo
      
  Mañana sábado, 2 de febrero, día de las Candelas, no sé cuántos miles de españoles van a jugarse en un examen “retorcido y reconcentrado” un futuro que los españoles deseamos y esperamos placentero y brillante por lo que nos toca.
        
 Mañana es el MIR. Tras seis años de carrera y un séptimo de recogimiento absoluto preparándose para este día, los estudiantes de medicina españoles se encomiendan en vísperas, además de al sacrificio de sus horas de estudio (media de diez diarias desde el último junio), a los santos y a su suerte para conquistar un número que les procure ejercer en la especialidad que les atrae. Puede que el examen sea cruel y desagradecido (cinco horas y doscientas nosecuantas preguntas) pero desde que conocí cómo se desarrolla, me impactó su justa e igual contundencia para todos los examinandos  y la escasa posibilidad, no dudo que haya alguna, de favorecer recomendados. A la misma hora de este día 2 y en las distintas sedes de las comunidades, (en Andalucía hay tres, Sevilla, Cádiz y Granada), los médicos aspirantes a especialidad agudizarán, dudarán y responderán, todos en el mismo tiempo de cuatro a nueve de la tarde, al carro de preguntas con mala baba que le son presentados. La nota en la carrera cuenta el 10% y con la media sacada,  saldrá el número en el escalafón de cada cual.
     
El número 1 elige primero y si el cerebrito es de Sabadell y le atrae la cirugía del corazón y decide ir a Madrid porque en el hospital Ramón y Cajal, un poner, hay un servicio eminente donde aprender, a Madrid que se va por sus méritos. Si el nº 2 es gaditano y le llama, yo qué sé, aprender con dos célebres oncólogos de Gerona, en Gerona que se planta el pisha, y así hasta que se cubran todas las plazas ofertadas. Las plazas para médicos residentes no tienen añadido el don de lenguas del aspirante ni pamplinas políticas, pero siempre hay cerriles de aldea que no entienden de nada y creen, como ésa señora baleárica, que Jesucristo habló en catalán y el idioma basta para sanar. Extraña un poco la estupidez tratándose de asuntos de sanidad, pero lo cierto es que la baranda ha convertido en antipáticas “sus” islas y a ellas prefieren no ir éstos graduados de vocación científica porque nada se aprende allí y los que podían enseñar huyen espantados ante tanto cerrilismo institucional. ¿Cómo puede haber personas así?

      No sólo en las Baleares, en Andalucía hay déficit de médicos y hablan hoy de que la Consejería de Salud quiere solicitar un MIR extraordinario para cubrir las muchas plazas ocupadas por médicos contratados por necesidad sin haber aprobado el MIR. Y en las Canarias también. Y en Madrid, y... Los estudiantes de Medicina por lo general, se exigen ellos solos desde cadetes y salen, creo, muy bien preparados de la Universidad. Luego pasa que a muchos los descorazona el panorama y se van a otras naciones a ejercer, asqueados de tener que soportar mandarines como la mallorquina, y arreglar con guardias, sueldos inferiores a bedeles y barrenderos cuyo único requisito para la colocación se limita a la consanguineidad con el primo o el cuñado concejal.
     
Mi chico es uno de esta última hornada de médicos y a Sevilla le acompañaremos. Me da que no es exclusivista en la especialidad y que se adaptará a lo que le llegue. Bueno, si aprueba. Para que así sea, además de a sus supuestos conocimientos, está encomendado a la Virgen de las Candelas, a la que su madre y doña mía tiene mucha fe desde pequeñita y a la que con Mari Carmen, la consorte del gran Paco hace unos años ofrecieron con la devoción debida, sin sospechar ni remotamente la coincidencia de este año 19, una fiesta muy celebrada en los Montes de Toledo.
     
Mi madre en Gamonal irá a misa a despedir al Gaitu y a rezar por su nieto a una Virgen “que me ayuda mucho”, “ay, si no fuera por lo que me ayuda la Virgen...”
     
Pues ¡hala!, que Amén y a Sevilla.