El gran Abilio bajando el Zurraquín
Capitel de la Anunciación a la entrada de la iglesia de Lara de los Infantes
Ruinoso aspecto del coro, atribuido a Juan de Vallejo
Francisco Javier Gómez Izquierdo
No iba a contar la peripecia de la final de la Copa del Mundo en mi pueblo, mayormente por la poca importancia que dan al incidente los que allí viven de continuo -"...¡bah! cada dos por tres se van las cadenas. Unas veces por culpa de la antena del Alto la Horca, que son la tres, cuatro, cinco, seis... y otras por la antena que está en la parte de los Laras y que coge la una, dos, teledeporte..." El gran Abilio no coge la uno y se venía a ver los partidos de España a mi casa que está un poco más alta y supongo que mas despejada. Alipio, que ya es mayor, como no sabe si van a salir imágenes, pues tiene el televisor desenchufado y "...ya no me molesto ni poner el parte, ¡bueno!... el telediario que se llama ahora". El caso es que el 18, sábado por la tarde, a once o doce kilómetros de la meta de la etapa del Tour, cuando Pogaçar iba a pegar el hachazo, ¡zás!, la imagen en la cadena uno de TVE quedó parada y a los cinco segundos se puso todo negro y un letrero en azul verdoso que decía "No hay señal o es débil". ¿Qué se me vino al momento a la cabeza, maniático que es uno con la cosa del fútbol? "Cómo ésto pase mañana en la final..." Pregunté a Miguel que vive cerca y me dijo que era cosa corriente. Ésa misma tarde, de camino a Lara de los Infantes con Sinesio y Abilio a repartir dípticos de "Los Sietes Infantes" que se entregarían a los espectadores de la obra "El Conde Fernán González" que se representaba en la que fue Nova Augusta romana (¡Qué gran pueblo Lara desde su pequeñez!, ¡qué Iglesia!, ¡qué piedras en las paredes de sus casas!), Sinesio dijo que se había ido la señal en todo el pueblo y hasta en la cabeza del partido judicial que es Salas de los Infantes. Ya de noche en casa tuve que ver el Fancia-Inglaterra por el móvil con un mosqueo morrocotudo. De mañanita, antes de salir a la ruta que Abilio decide, puse el tele y nada... "Nuria -dije a mi hermana-, esta tarde no te bajo a Salas para que cojas el autobús a Burgos. Te llevo directamente. Aunque venga la señal no me arriesgo a que a mitad del partido se presente el apagón". Al mediodía llegó la Uno, pero la decisión ya estaba tomada y la final la vi en Gamonal con mi doña, que siempre ha hecho el mismo ritual. Prepara tortilla y no ve el partido porque se pone muy nerviosa. A César y Manoli, mis otros dos hermanos que se quedaron en el pueblo, dejó otra tortilla para no desbaratar la ceremonia y ya es conocido el resultado. En el fútbol, ciertas supersticiones a mi parecer ni cuestan dineros por lo general ni suponen desequilibrio mental en los que se sujetan a ellas. La Antigua de Gamonal tocó las campanas como llamando a Misa de Gloria. Del Liverpool salían eufóricos gritos y hasta cohetes se escucharon en una noche en la que nada más entregar el trofeo a Rodrigo, me fui a la cama porque tengo contado que me gusta mucho el fútbol y las parafernalias que se usan ahora -¡Dios mío!, el descanso de media hora me pareció puñalada de fenicio- me incomodan en demasía.
En la parte de la Demanda que se localizan los Infantes de Lara, lo de la tele le da más o menos igual y por ejemplo al habla con nativos de Moncalvillo donde no hay cobertura telefónica, dicen que cuando llegue el eclipse de agosto, prefieren que no vaya nadie a verlo a su pueblo y no lo promocionan como lo hacen otros pueblos de la Sierra, donde sus pocos vecinos están libres del perverso idioma del tertulianismo y de ese encabronamiento propiciado en la televisión por "gente mu mala". ¡Hombre!, la final de un Mundial es cosa seria porque no hay nada que tenga la capacidad que tiene el fútbol, a pesar de su persistente y escandalosa corrupción para paralizar al Mundo ante una pantalla. Quede claro que mis hermanos y Abilio vieron y disfrutaron la final sin sobresaltos. A mí me hubiera gustado celebrar en Castrillo, pero... soy de los del miedo guarda la viña.



