lunes, 6 de julio de 2026

En la muerte de Díaz Novoa



Francisco Javier Gómez Izquierdo


     La muerte de José Manuel Díaz Novoa me pilla en la Demanda donde la cobertura se reparte a cazos y a mi modesto móvil desde don pongo ésto, llega a cucharaditas.


   Servidor ya no estaba en Burgos cuando llegó Novoa, aquel señor que tanto admirábamos y que con Vega Arango y alguno más que no recuerdo pusieron en marcha la Escuela de Mareo. Nos cautivó el juego del Sporting cuando lo entrenó a final de los 70 y principios de los 80 y a mí me alegró cuando lo fichó el Burgos que no era el Burgos CF sino el Real Burgos que vestía de camiseta roja con una franja vertical parda a la altura de la tetilla.


    Del legado de Novoa en el Sporting no tengo aquí apuntes ni modo de buscar. Allí en Asturias le despedirán como merece y cronistas veteranos contarán bondades de un señor serio (serio, serio), formal y sobre todo discreto.

 

   Para mí queda una tarde de sábado o domingo en el 90 que me acerqué en tren a Sevilla para ver en el Sánchez Pizjuán y ante un equipo en el que jugaban entre otros Polster, Zamorano, Bengoechea..., una máquina acordeónica, equilibrada, alucinante para mí y el sevillismo presente que decía: "¿Es el Burgos o el Milán?".


   Era el Real Burgos rojipardillo de Elduayen, Villena, Gonzalo, Ayúcar, Juric... y sobre todo de Díaz Novoa. Ayúcar y Juric ensombrecieron el 1-0 de Polster con dos golazos combinativos dignos de Champions.


   No imaginan ustedes qué tarde tan formidable pasé. Aquella tarde y toda la semana presumiendo de mi equipo "Matagigantes". Inolvidable la victoria ante el Real Madrid con Juric en las vallas. De aquellos sensacionales días la culpa fue de Novoa con sus sensatos y sabios conocimientos de los secretos del fútbol.


    Se va un grande, un grandísimo hombre del fútbol español.  Un hombre que amaba este deporte como si fuera una vocación. Así me lo parecía.


    Descanse en paz.