jueves, 9 de julio de 2026

La selección de fútbol de Argentina adopta a un anciano y lo convierte en mascota: se llama Messi


jed.ai. master


Pepe Campos


En el primer mundo vivimos tiempos de geriatrización, cuya realidad se convierte en un problema para muchas sociedades, y no todas dan un buen ejemplo en la manera de tratar a sus personas mayores que trabajaron duro para que la vida hoy sea más llevadera para los jóvenes. Los problemas suelen traspasar fronteras y situaciones sociales, y la abundante existencia de gentes que viven más y mejor en el mundo de hoy se ha trasladado al deporte del fútbol. Ese deporte inventado por los ingleses allá por el siglo XIX, donde siempre ganaban los alemanes a lo largo del siglo XX, y que en la actualidad —en pleno desarrollo del siglo XXI— es gestionado por los argentinos (con el permiso de la FIFA, claro). ¿Y cómo están ejerciendo ese dominio los argentinos sobre el planeta fútbol —soccer en EEUU—? La respuesta es digamos sencilla: acudiendo a la gerontología y ubicando a su máxima estrella —Messi— en el centro de la práctica viva de la geriatría. Messi había vivido sus años de juventud en aquellos territorios donde Don Quijote había sido vencido por el Caballero de la Blanca Luna. Allí recibió clases oportunas de picaresca, aquella que le sirvió para hacerse una estrella mundial. Di Stéfano —un jugador total— definió en su día a Messi como un pícaro. No creo que hubiera envidia en ello, sino la mirada de la experiencia. En el fútbol un pícaro —pillo, astuto— puede sobrevivir si su equipo le protege, los contrarios hacen la vista gorda o le envidian y si las normas son laxas. El primer aspecto lo encontró en ese gran Barcelona que se construyó alrededor de la habilidad y buen fútbol de Messi. Messi era hábil y los demás jugadores del Barcelona trabajaban para él (hubo algún jugador díscolo y tuvo que emigrar). Acabado el botín, Messi tuvo que buscarse las habichuelas en Francia (en Francia no se vive la picaresca) y se le obligó a trabajar como a los demás integrantes de la plantilla del Paris Saint-Germain. El fracaso fue morrocotudo. Ahora bien, en la vida siempre pueden existir soluciones, pues si una puerta se cierra otra se abre, y el mejor remedio en tiempos de crisis y necesidad consiste en volver al origen, al hogar, y acudir a la protección de la familia. Ahí en ese instante de máxima emergencia en su carrera futbolística es cuando le surge el acogimiento por parte de sus colegas argentinos que poco antes de 2022 (Mundial de Catar) le comenzaron a diseñar un plan geriátrico de conservación, mantenimiento y puesta en escena.


Ese plan exitoso ha consistido en poner todo lo que fuera necesario a su servicio, sin fisuras, ni controversias. Entonces, usando en gran parte el modelo de su etapa catalana, se le rodea de una selección de jugadores —con su guardia pretoriana— que luchan en el terreno de juego por él hasta la extenuación y le liberan de todas las miserias del fútbol antiguo, como era aquello de correr, defender o trabajar. Si todo el mundo está de acuerdo, y se convierte en un buen vasallo, el plan puede ser perfecto, y así ha sido, aplicado en una época de normas relativas y cambiantes. Coincidiendo con el ascenso político y social de la gerontología. Nada mejor que creer en un anciano, apoyarle, suministrarle recursos y poner a su servicio a la juventud, que le tendrá como un modelo y le puede convertir en una ansiada forma de mascota. Messi ha mutado en talismán, en fetiche, en amuleto. Él pone de su parte —y no es poco— pues su pie izquierdo se mantiene vigente, y es capaz de poner centros para que los rematen sus servidores, además se muestra todavía avezado en darle zurriagazos al balón para meterlo en las mallas de las porterías de los equipos rivales, que son consentidores de esa puesta en escena mediante la ayuda mutua, la cooperación, el auxilio, la asistencia, el amparo, digamos, también, con la sugerencia de una subvención, pues algo habrá y puede que se reparta y llegue. La FIFA gestiona: Mundial en Catar, Dembelé deposita su mano en el hombro de Di María y llega el penalti. Después, fuimos testigos del reparto de los Balones de Oro. Mientras, hay una apuesta por la geriatría que se abre a un nuevo conducto de éxitos, a través del Mundial de EEUU —ahí estaba ya Miami—. En este Mundial 2026 y llegados los actuales eventos, de nuevo la familia: donde aparece su guardia pretoriana que en los encuentros reparte estopa y resguarda, al mismo tiempo, a la mascota. La mascota, a pesar del cansancio, responde, le pega duro al balón. Se la rodea de algodones y de normativas afines. Una apuesta geriátrica —que podría a priori no entenderse, ni venir a cuento— pero que está en consonancia con los tiempos que corren donde el calor se abre al beneficio económico —la hidratación—, al relativismo —el VAR— y al multiculturalismo —rivales exóticos— hasta que llegue la prueba de fuego —cuando toque jugar contra un verdadero equipo— que se intenta dilatar y que no suceda.


La dinámica expuesta está en curso y es posible que termine con el resultado idóneo. Un segundo campeonato consecutivo. Otros equipos quisieron ponerla en funcionamiento pero no encontraron consenso interno —Portugal, con Cristiano Ronaldo, a mayor distancia Colombia, con James—. En tanto, la mayoría de escuadras del Mundial 2026 se bate en un mundo más verdadero, si bien vislumbrando que en el futuro les puede llegar la fórmula exitosa argentina, mezcla de geriatría y mascotismo clásico. La FIFA, ojo avizor, cuida, cuidará, a todo su rebaño. Si entramos en la valoración de este Mundial de Fútbol tenemos que aceptar el éxito masivo de público —un público globalizado—. La inexistencia de auténticos duelos hasta la fecha. Algunos llegarán en la fase de cuartos. Planificado para que se produzcan en semifinales, seguramente en la final. Una demora que funciona en el mundial, pero no en las ligas nacionales (con poco interés, a excepción de la Premier), ni en la Champions (reformada para que se den pronto los enfrentamientos con contenido). Así, en la nueva Champions todo pasa por la lozanía y no existe espacio para la vetustez. De modo que podemos asegurar que la pauta triunfante de los últimos dos mundiales con su defensa de la ancianidad no cabe en el resto del planeta fútbol. El Mundial, tal cual, viene a ser sólo una isla, un territorio vetusto, y si algún aficionado deja de ver ahora su fútbol, su decisión sería la correcta, acertada y virtuosa. No se pierde nada. Ahora bien, digamos para terminar que el equipo de Francia atesora talento a espuertas con cinco jugadores de arriba fantásticos como Dembelé (el del dedito sobre el hombro de Di María dentro del área, en 2022), Doué (exquisito driblador, como se vio en el partido contra Paraguay), Mbappé (con toque y ambición), Olise (visión de juego) y Barcola (llegador). Inglaterra posee a un delantero centro clásico que marca goles, se asocia y trabaja (Kane), y ello podría darle el título (si las meigas o el fiferío lo permiten). Marruecos luce nervio, algo en detrimento en el mundo moderno. Noruega alinea a un pateador de época, con el don de la ubicuidad (Haaland). Y España sabe jugar al fútbol antiguo (centrocampismo) siendo por ello un fútbol moderno. Lo que pueda suceder de aquí al final (19 de julio) pasará y se moverá según los deseos e intereses del Poder, en este mundo viejo que parece hay que proteger en estos precisos momentos.