La democracia representativa nace del equilibrio entre el optimismo lockiano de Madison, con su canto a la libertad republicana, y el pesimismo hobbesiano de Hamilton, preocupado por el destino de la nación recién alumbrada en un mundo de lobos, como Inglaterra, Francia y… España, donde fue embajador John Jay, que vivió en Madrid de 1781 a 1783, cuatro antes de la democracia y nueve de la guillotina. Ante Floridablanca, Jay lamenta el desprecio de las letras de cambio americanas, necesarias para proveer a la visión de su amigo Hamilton: un Ejecutivo fuerte y músculo financiero para sostener un fuerte ejército. Y de estas necesidades, Pablemos, nació la única Constitución democrática del mundo, que ahí sigue, tan terne.
[Noviembre, 2015]

