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viernes, 6 de diciembre de 2019

Juramentos


Tom Paine
 

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A las beatas, aconsejaba D’Ors a Pemán, conviene escandalizarlas de quince en quince días, y eso hacía él en sus glosas periodísticas, al publicar, por ejemplo, una lista de cosas que no tuvieron los griegos que incluía la “confesión vocal” al lado de la bufanda y las gafas.

    Como secretario perpetuo del Instituto de España, D’Ors redactó un juramento metafísico a base de Dios, Franco y Ángel de la Guarda, con el que juró, sin ir más lejos, Pío Baroja. Pero el juramento de la Constitución (“lo singular y específico del juramento consiste en que el que jura se vincula ‘existencialmente’ con su persona”, en palabras del fundador de la ciencia constitucional) es otra cosa, aunque los diputados de lista de partido (¡fervientes partidarios todos del Ángel de la Guarda!) no sepan qué.

    Ton Paine se enorgullece de que sus americanos han terminado con todos los juramentos personales.

    –En América, el juramento de lealtad se hace sólo a la nación.

    Y lo razona: si el objetivo superior es la felicidad de la nación, la intención de un juramento de fidelidad no debe verse oscurecida al hacerlo figuradamente a, o en nombre de, ninguna persona. Las leyes pueden ser buenas o no serlo, pero no pueden tener más sentido que el de ser conducentes a la felicidad de la nación, y por tanto están incluidas en ella. Los juramentos personales, pues, son por una parte restos de la tiranía, y por la otra, de la esclavitud, y deben ser abolidos.

    Lo pintoresco de aquí es que la Constitución del 78, por “imperativo legal” (aquel birlibirloque “de la ley a la ley”, en la chuscada del Relato Oficial, que hubiera hecho bizquear al infatuado abate Sieyes), dejó fuera al Rey y a la Nación, esos dos náufragos que a veces, en situación de extremo peligro, lanzan señales de socorro (un discurso en TV, una bandera en el balcón) sin que el Sistema, que después de dos votaciones sigue pasteleando un gobierno de patanes, se dé por aludido ni ninguna de sus beatas por escandalizada.