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jueves, 26 de julio de 2018

Ícaro

Huella de luz
Saldaña y Lelly


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Pillar el avión oficial para llevarse a la “Cari” de concierto "indie" es corrupción, sólo que Sánchez preside un gobierno-okupa (entró a La Moncloa por la puerta –letra–, pero forzando la Fac –espíritu– de la Constitución), y entonces las mangas se vuelven anchas.
Todos entendemos a Sánchez, reencarnación de Saldaña en “Huella de luz”, de Rafel Gil: un empleado de Manufacturas Sánchez que conoce a Lelly y decide hacerse pasar ante ella por millonario. La cosa se estropea con las explicaciones de los lambiscones.
Para la señora Calvo, pillar un avión del Estado es “agenda cultural”, cuando la única agenda cultural con cargo al Presupuesto para ese hombre debería ser un programa de Refuerzo con vistas a un Bachiller.

Para el Canario Flauta, el “voletío” del Ícaro de La Moncloa (no confundir con el Astroduque, quien, por cierto, bien podría ir de chófer en el Falcon) es… “promoción musical”: a un lado, Quincy Jones produciendo a Michael Jackson, y al otro, Sánchez con la “Cari” quemando queroseno sobre “The Killers” porque el hortera de bolera Iván Redondo, que conoce bien el mal gusto del Régimen, pide… “modernidad”.
Y para el Gramsci de Torresandino la “cuestión de fondo” (todo el mundo comparte aquí muletillas) es que “la falta de regulación convierte el uso del Falcon presidencial en munición política”. La “regulación” a que se refiere este pensador debe de ser el cartel “gipsy” que preside la vega del Jarama en San Martín (donde la Warner): “Prohibido robar”.
La adulación, avisa Burke, corrompe a quien la recibe y a quien la da, y Sánchez, a quien nadie ha votado, ya puede parodiar a aquel rey de Oscar Wilde que al oír la rendida alabanza de un paje ordenó: “Que le doblen el sueldo”. Con la diferencia de que el paje de aquel rey no cobraba nada, y siguió sin recibir un céntimo.

El sanchismo viene a ser una mezcla de la “servidumbre voluntaria” de La Boétie y la “bajeza en todas las venas” que dijo haber sentido Pushkin en su encuentro con el zar.