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miércoles, 18 de julio de 2018

Cumbre



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Marx sería muy listo, pero de su época lo único que queda es la visión de Tocqueville según la cual Estados Unidos y Rusia dominarían hoy el mundo.
Los politólogos de ahora no ven venir nada porque hace falta mucha inteligencia para predecir el futuro mediante la observación del movimiento profundo de los acontecimientos políticos en el presente. Decían que el Mundial lo ganaría Inglaterra, “porque juega como Guardiola”, y lo ganó Mbappé, pues Mbappé es a la Francia del 18 lo que Pelé al Brasil del 70, dando lugar al “moonwalker” de Manu Macron en Moscú, especie de Chiquito de la Calzada bailando “Billie Jean”, pero inmortalizado por el fotógrafo de Putin como la nueva “Forma Única de Continuidad en el Espacio” de Boccioni, un modo desesperado de compensar la ciática espirituosa de Juncker, el presidente, que (tampoco) nadie ha votado, de la Unión Europea, esa socialdemocracia que añora su salsa: la Guerra Fría.
Mitt Romney, que llama a Rusia nuestro “enemigo número uno”, no se da cuenta de que es el siglo XXI –fue la lección moral de Obama (“This is my last election –confía a Medvédev–. After my election I have more flexibillity”) en 2012.

Los politólogos pensaban forrarse con Trump, y nos anunciaron una Gran Depresión (superior a la del 29, en palabras de Poli Krugman, Nobel de Economía), la Guerra Total de los árabes por el traslado a Jerusalén de la embajada americana y, desde luego, la Tercera Guerra Mundial (nuclear, por supuesto) con Corea del Norte. Pero ¿qué nos encontramos en Helsinki? Una de “diálogo”, esa papilla socialdemócrata que nos brindan los “analfabetos culturales locuaces” (en jerga de Buela), donde cada uno dice lo que el otro quiere escuchar, pero quien habla no cree lo que dice.

¡Ah, no! ¡Nada de palabras! ¡Queremos Crimea!
Si Trump no va a la guerra por Crimea, será porque Putin tiene un video. Y si Pedro Sánchez es moroso de la Otan, será porque su hermano hizo la carrera de maestro Ibarbia en el país de Putin.