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jueves, 8 de septiembre de 2016

Tuteos

Valladolid

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Del gamberrismo senil de Carmena jugando a condesa Don Julián con la valla de Melilla (“En el campo de Melilla / ha nacido una amapola / con un letrero que dice / “¡Viva la sangre española!”, cantan con alegría sevillana los que la saltan) al gamberrismo infantil (¡la enfermedad infantil del comunismo!) en una señal de tráfico para plaza de estacionamiento “handicapé” con un letrero que dice: “Si me quitas mi plaza quédate también con mi discapacidad”.

El tono insolente y el tuteo de las fuerzas del cambio –tuitea José María Nieto, que remite la foto desde Valladolid.
El tuteo fue una gran conquista del falangismo y, aparte los profesionales de la Revolución Pendiente, lo aplican las grandes empresas en la comunicación con sus clientes.
Los profesionales de la Revolución Pendiente y los directores de comunicación de las Grandes Empresas creen haber inventado la igualdad, como Shigaliov, el ideólogo de Dostoyevski en “Los demonios”: uno para todos y todos para uno.

Todos esclavos e iguales en la esclavitud. Ante todo igualdad. Como primera providencia se rebaja el nivel de la educación, la ciencia y el talento. Los esclavos deben ser iguales. Sin despotismo no ha habido nunca igualdad. Y en el mundo sólo hace falta una cosa: obediencia.
El prurito de educación es para Shigaliov un prurito aristocrático: en cuanto un hombre se enamora o funda una familia siente el deseo de propiedad privada.
Los propietarios de una vivienda, para defender su propiedad avisarán ahora a los “okupas” con un letrero en la puerta de su pisito que diga: “Si me quitas mi piso quédate también con mi hipoteca”.
Además, como nos recuerda Roger Scruton en sus “Usos del pesimismo”, contra las hipotecas (contra los créditos y los seguros, en general) ya previno Mahoma, pues cada préstamo cultiva una deuda para el futuro, y el futuro, ay, no pertenece al hombre, sino a Dios. La alternativa es Keynes, con su “a largo plazo todos estaremos muertos” y el último que apague la luz.