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viernes, 9 de septiembre de 2016

"Rex"



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Al salir de vacunar a mi perro “Esteban” contra la tos de las perreras, nos cruzamos en la puerta con “Rex” (su nombre lo he sabido luego), un mistolobo sin prestancia y con cejas de Serrano Súñer que al estar a la altura de “Esteban” dejó escapar una tosecilla como la de la Dama de las Camelias en el otoño en que había de morir. Mi perro debió de tomar por burla semejante tos, y se arrancó como un saltillo contra el viejo mistolobo, molido de años y males, que tenía cita veterinaria para su “eutanasia”, y que yo creo que, por el malentendido, soltó una lágrima.

Luego, en las fiestas de la Virgen de San Lorenzo en Valladolid, la casualidad me llevó al hotel El Coloquio de los Perros, junto a la Universidad, que tiene por emblema una metáfora cervantina en la lengua más hermosa del mundo: “Algunos días me estragaron la conciencia las dádivas de la negra, pareciéndome que sin ellas se me apretarían las ijadas y daría de mastín en galgo”.

¿Y en esta casa admiten perros?
No.

De mastín en galgo darán los emprendedores a la española sobre quienes Cifuentes, la Sigrid del capitán Trueno, que sería Aguado, en esa isla de Thule que es la Puerta del Sol, derramará una subvención de 450 “leures” extraídos para el programa “Re-Emprende” de los bolsillos de los contribuyentes en la capital del País Más Envidioso del Mundo al que la justicia poética ha bendecido con el Hombre Más Rico del Mundo, saludado por Rufián, el malote de nuestra partidocracia, con un tuit (y guiñada de ojo): “Amancio Ortega empezó de la nada en un garaje de Tánger, Dacca y Delhi”.

Rufián, el “despedidor” despedido por absentismo laboral (“tenía que ir a las tertulias”), representa la otra forma, la rápida, de alcanzar la gloria en España, por encima de que, como se le recordó en la Red, el iPhone con que tuitea no fuera ensamblado en San Juan de las Abadesas ni sus Nike fabricadas en Hospitalet.

Mas pobre “Rex”, y su tosecilla y su lágrima.

Para los catarros, leche de burra.