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domingo, 11 de septiembre de 2016

Agnus Dei Qui Tollis... Ite missa est

 El mono y la linterna mágica

Jean Palette-Cazajus

  (Podéis ir en paz, pero dudo de que la tengáis)

Hice mi primera disertación de filosofía persuadido de ser un pequeño Descartes. El profesor, lo reverenciaría luego de por vida, fue comentando nuestros ejercicios empezando por la nota más alta. No era la mía. Siguió desgranando notas y no aparecía mi nombre. Ya casi al final, sosteniendo, con sumo desdén, unos folios entre las yemas de pulgar e índice, preguntó: “¿Quién es Jean Palette Cazajus?” Levanté un dedo aterrado. “El mono y la linterna mágica” fue el escueto comentario.

El improbable lector de los anteriores episodios habrá inferido que el mono, incorregible, sigue paseando su linterna vertiginosa por la historia del mundo. Confieso mi incapacidad para dar cuenta de la complejidad del momento en tan breves apuntes. Pero peor habría sido añadir “la Biblia en verso” a la incandescencia del tardoverano. He pecado de simplista, pero no de radical, más bien de indulgente. Recapitulemos las siete plagas de Europa :

Louis Dumont
Homo Hierarchicus, Homo Aequalis

1.    La primera es el síndrome poscolonial sintomatizado en el binomio culpabilidad y arrepentimiento, virus básicamente evangélico. En otras latitudes, históricas y geográficas, poder y conciencia nunca han solido disociarse.

2.    En segundo lugar viene  la consternante memez del lema “Diferentes pero Iguales”. Mandamiento básico del “multiculturalismo”. Lean al inmenso Louis Dumont (1911-1998), descubran su luminoso concepto de “Jerarquía”. No teman, es todo menos “reaccionario”. Nunca hay igualdad donde hay diferencia. Si no hay desigualdad, habrá «jerarquía» . Daré un ejemplo : dice Matthieu Bock-Côté que el multiculturalismo es «la inversión del deber de integración». Se invierte la «jerarquía» natural, puesto que, ahora, nosotros somos los que debemos  integrarnos a los valores del recién llegado.

 Régis Debray en Madrid
Junio 2016
 Régis Debray en Madrid; Junio 16rid; Jo 2016
3.    La Historia es un invento occidental que transforma el acontecer en novela. Nos ilusiona creer que la escribimos,  página tras página, sobre el papel del tiempo. La creemos irreversible. No logramos entender que otras culturas son, se creen o se quieren contemporáneas de su pasado. Contra nuestro viejo y, dicen ellos, egocéntrico “Universalismo”, nuestros sitiadores y sus amigos locales han inventado la cacareada «Diversidad».  Es la coartada utilizada para  reinocular en nuestra historia ideas y valores peores que los que tuvimos que machacar y expulsar de nuestro magma inicial, cuando quisimos crecer como ciudadanos y sujetos pensantes.

4.    Plaga corolaria es el tema de las viejas naciones, supuestamente tullidas bajo el peso de su histórica negrura criminal. Las nuevas naciones suelen brotar y eternizarse en el caos y la sangre de las matanzas étnicoreligiosas. Vean el reciente caso de Sudán del Sur. Siempre se beneficiarán de un prejuicio virginal. Incluso cuando están en fase de autoinvención. Son muchas las aludidas y  pueden ser exógenas o endógenas, como todos saben…

2008, Lévi Strauss tiene 10 ... os
 Nada sin instituciones

5.    Quinta plaga, el cáncer comunitario. El problema son las fronteras dice la corrección política.  ¡No borders!, proclama una secta tan perturbada como perturbadora. Hace unos meses,  Régis Debray vino a Madrid  para contar cómo las fronteras de Europa son hoy el baluarte del espacio democrático y plural (Elogio de las fronteras; Gedisa, 2016). Mientras, las comunidades transfronterizas, étnicas y sobre todo religiosas, ningunean literalmente las naciones históricas. Reparen en un hecho fundamental: el destino de quienes emigran no suele ser un país concreto sino la comunidad de pertenencia asentada en dicho país.

6.    Es incomprensible la clamorosa ceguera frente a la pesadilla  de las perspectivas  demográficas.  Las Luces europeas bañan en el peor arcaísmo cognitivo. Sus referencias científicas parecen dieciochescas. Como Voltaire, sin su talento, abundan los tarugos científicos. Miopes ante la realidad bioevolutiva del Hombre.

7.    En sus “Unpopulars Essays”, de 1950, Bertrand Russell ya advertía contra “The fallacy of superior virtue of the oppressed”. La idea de la superioridad moral de los pobres y oprimidos fue otro regalo envenenado del cristianismo. La irracionalidad de este punto de partida engendró todos los totalitarismos del siglo XX y sigue coleando. No es tan difícil entender que la compasión y la justicia son valores divergentes.  La miseria y la opresión degradan a quienes las padecen. Jamás actuarán como motor del “Bien”. Nuestra sociedad abierta se postuló como vacuna. Apenas le dio tiempo a probarse. Elaborada para los ciudadanos, la vacuna se revela inoperante en los nuevos contextos demasiado heteróclitos y proliferantes. Asterix es un enano y la poción mágica  ya no surte efecto.

Memento Europa

Hace unos días dejé caer la pregunta, muy de pasada: ¿Es la cultura occidental una metacultura? Y a todo eso ¿qué es una metacultura? Francamente no lo sé. Tal vez la que tiene posibilidades multiusos. Algo como una navaja suiza de las culturas. Es sobre todo la que tiene la capacidad de  cuestionar sus propios fundamentos. La capacidad de relativización absoluta del conocimiento. Con su corolario: la capacidad de suicidarse.

O mejor dicho, más que la capacidad, la vocación por el suicidio. Los tontos no suelen suicidarse, lo hacen los más lúcidos. Desde Tales y Anaximandro, son más de 2600 años los que llevamos haciendo preguntas. ¿Para qué balance? lo resumió admirablemente el añorado maestro Lévi Strauss: «Sabemos que no somos nada o muy poca cosa. Y en el fondo, ni esto sabemos, porque la cuestión es hoy la propia posibilidad de un saber». Íbamos errando por un universo enigmático, inconmensurable con el pensamiento. De pronto, desde las profundidades del espacio-tiempo, ha surgido Alien. Alien se cree hijo de «La» respuesta y lleva muchos siglos alimentándose de su ubre. Flácida y reseca la teta, dramáticas son hoy las carencias proteínicas del monstruo. Jamás ha probado las preguntas y se ha vuelto mortalmente alérgico a ellas. Hoy piensa recuperarse eliminando a quienes las formulan. 

Somos unos cuantos en dudar del porvenir de Europa. Más numerosos son los que piensan que el peligro está en nuestra miopía y nuestro egoísmo. Gente que me recuerda irresistiblemente el supuesto experimento de la rana metida en una olla de agua templada y calentada progresivamente. Dicen que la rana se muere sin intentar reaccionar. Mis sospechas se vieron confirmadas por un texto de Leonora Miano, guapa novelista camerunesa. «Os asusta quedar culturalmente minoritarios, pero ya se os pasará. Europa está en mutación; ya ha mutado. Entiendo que haya gente asustada con esta transformación. Pero ¿para qué tener miedo? No  estarán aquí para ver el final del proceso».

El artículo más trascendente para la problemática abordada en esta miniserie, lo he leído en una revista de moda. Aparentemente las «trendsetters» más conspicuas, se están pasando en la playa a tendencias más cubridoras. En origen, un «think tank» de celebrities más físicas que metafísicas, de más carnes que neuronas. La palma incumbe a una tal Nigella Lawson, famosilla británica conocida, creo,  por conjugar exhibiciones mamarias y recetas de cocina. Aparece bañándose en Australia enfundada en un atroz burkini, entre luctuoso y ortopédico. Sin duda por solidaridad con la pasada «represión» francesa al burka acuático.

Nigella Lawson and modelito

El caso «Nigella» no merecería una palabra si sólo fuese una pataleta más por el vital acceso al papel cuché. Pero la actual guerra de culturas opone la que ha sido capaz de llegar a los máximos extremos de la relativización de valores a otra que permanece encerrada en el caparazón prescriptivo y prohibitivo más pétreo que haya conocido la historia. Al final del relativismo está el nihilismo. Es un vampiro que aletea desde siempre sobre nuestra pulsión suicida. Lo mejor de nuestro mundo fue cuestión de  Voluntad y Representación. Capacidad para representar opciones incompatibles y voluntad de discriminar entre ellas. El «caso Nigella» nos muestra una persona que en su frivolidad nihilista se cuela literalmente en el molde de la presión mojigata. Una instrumentación fútil e irresponsable del concepto de libertad coincide aquí, en su resultado, con quienes la temen, la odian o la desconocen. ¿Cómo se resuelve el puntual encuentro entre el todo vale y el todo prohibido ? El dogmatismo es pétreo y el relativismo palo al aire.

En 2010 salió la traducción española del polémico libro de Christopher Caldwell, titulado «Una revolución europea. Cómo el Islam ha cambiado el viejo continente». Me sé de memoria sus últimos renglones. Me permiten ahorrar el esfuerzo de una lúcida conclusión: «Cuando una cultura insegura, maleable y relativista se encuentra con una que está arraigada, confiada en sí misma y reforzada por unas doctrinas comunes, suele ser la primera la que cambia para adaptarse a la segunda.»

Rapto de Europa
De momento sin burkini