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viernes, 7 de agosto de 2015

Magdalenas

En busca de Walter Burns

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    De “Mecano”, que fue cuanto nos dejaron los 80, decían que lo había contado todo Grace Morales en un libro (“Mecano 82. La construcción del mayor fenómeno del pop español”), pero aquello que queríamos saber y no nos atrevíamos a preguntar sólo nos lo ha resuelto mi Hildy Johnson (la verdadera Hildy Johnson, aún en busca de su Walter Burns), que se lo plantó a Ana Torroja:
    
Llevo más de veinte años queriendo hacer esta pregunta. ¿Qué eran “las magdalenas de sexo convexo”?
    
(“Y María se moja las canas en el café / Magdalenas del sexo convexo”).

    A Ana Torroja la recuerdo desde el “Hoy no me puedo levantar”, antes de comprarse el sintetizador. Después vino el “Perdido en mi habitación”, pero la casa de Mecano era tan grande que, al final, se me perdieron de vista, aunque la fiesta anual de los Cano (Nacho, el del sintetizador, y José, el de las magdalenas) era insuperable.

    –La verdad es que José tiene unas letras

    Si las magdalenas de José María Cano (autor, por ello, de uno de los himnos del Madrid) pueden ser del “sexo convexo”, los 80 fueron para mí la década trigonométrica: del triángulo político de la Transición al triángulo pop de Mecano (para llegar, ay, al truño del “derecho a decidir” de un Savater al baño maría de Tony Judt).
    
Suárez quiere que la relación que ambos tenemos con el Rey se dibuje como un triángulo equilátero; yo creo que es un triángulo isósceles; aunque en realidad es un triángulo escaleno –había explicado Torcuato Fernández-Miranda (el último político español con formación clásica) sobre la relación Rey-Presidente de las Cortes-Presidente del Gobierno, que hoy nos recuerda Juan Fernández-Miranda en “El guionista de la Transición”.
    
Ana Torroja, que cree que la vida tiene muchas curvas (“La vie est ondoyante”, solía repetir Pla, tirando de Montaigne), querría cambiar el himno español (en Twitter proponen su “Maquíllate”), porque “España está viviendo una catarsis”.

    – Y María se moja las canas en el café