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lunes, 10 de agosto de 2015

El delirio

Necrológica de Dalí en ABC
Mingote

Hughes
Abc

EL decreto de convocatoria electoral de Mas es un episodio excepcional que no se ha analizado bastante. El mismo acto jurídico tuvo su efecto normal y, a la vez, una interpretación plebiscitaria. La realidad por un lado; por el otro, una proyección insensata, absurda.

Esto tiene resonancias quijotescas, quijotescas por delirantes. Desde el Estatut, los actos de la Generalitat ofrecen ese desdoblamiento entre lo real y lo disparatado.

Puede decirse que el gran homenaje al Quijote se lo esta haciendo Artur Mas metido a caballero desandante que no va, sino viene de Barcelona. A Mas, cuerdo-loco absoluto, le pasó como a Alonso Quijano, pero leyendo dictámenes de constitucionalistas cuando el Estatut. Ahí se echó al camino.
Todo parte del shock identitario, la nación, manifestado luego a través de la megalomanía, el narcisismo, la manía persecutoria, la metaforización incomprensible y un rosario de delirios.
Primero, sobre los propios atributos (armadura, rocín, escudero). El nacionalismo se tiene por democrático, legalista y progresista. Progresista desde luego no es, y su «de la ley (autonómica) a la ley (nacional)» es un disparate, pero donde más se observa el trastorno es en el furor democrático. Han votado en ayuntamientos, han votado en las calles, sacan las urnas morbosamente, sin censo ni sentido, con ese amenazante «la mitad más uno» (pero ni uno más). Su idea de democracia es puramente aritmética, consiste en aritmética y en la introducción física del sobre, ¡sin lo demás!
Ahora se ve alterada la interpretación de lo real. Los agravios son cada vez más ilusorios, la consulta es referéndum y un vulgar decreto es el pórtico de la gloria nacional.

El no catalán, que se tenía por quijotesco, está de Sancho, de elemento comparsa, realista y con-llevante. Aquí se observa lo de Madariaga: su quijotización, el contagio por prudencia o codicia.
Pero el uso del delirio como instrumento ya tiene un antecedente catalán: Dalí y su método paranoico-crítico de creación artística. «Es hacer que los demás acepten como cosa natural los excesos de mi personalidad y descargarme de mis propias angustias creando una especie de participación colectiva». Para hacer uso del método es «menester ser catalán, es decir, estar armado para el delirio». Mas usa el método paranoico-jurídico, político. De hecho, su «proceso» es creativo porque ni sigue los cauces del derecho internacional ni un método violento. Lo suyo es la implosión del ordenamiento a través de otra categoría daliniana: lo «supergelatinoso»: estructuras blandas, quesos camembert, relojes derretidos. Mas le hace a la Constitución lo que Dalí a los relojes, y su nacionalismo es supergelatinoso (aunque el fetiche de lo supergelatinoso, el hombre-paradigma, sea Miquel Iceta).

Por eso el Quijote se fue a Barcelona. Del realismo castellano se eleva el misticismo, o se sale por el delirio quijotesco hacia la paranoia mediterránea. ¡El delirio es secreto vertebrador de España!
Mas camina hacia una independencia supergelatinosa por el método paranoico-jurídico instalado (¡verbo okupa!) en el aprovechamiento del fenómeno delirante. Y pudiera ser que la declaración de independencia no cambiara mucho. Todo seguiría igual, unos en lo real, ajenos; otros en la ilusión por Gala/Dulcinea/Nación. Que de la independencia aceptaran sólo algunos efectos, o que lograran la sublime independencia declarada pero no desarrollada, el súmmum de la no-consumación (¡El gran masturbador!).