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domingo, 23 de agosto de 2015

El Córdoba en su hábitat

Paco Jémez, nuestro entrenador
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Vuelve la Liga del Madrid, Barça y puede que Atlético de Madrid. Desde Córdoba la vamos a mirar con la tranquilidad de que nos es ajena, porque estamos dispuestos a disfrutar compitiendo en 2ª. Donde nos corresponde. Lejos de los delirios de grandeza que nos hicieron creer que acorralábamos al Real Madrid y que el próximo partido lo ganamos.

    Que el Córdoba estuviera en Primera la temporada pasada fue un accidente. Llegaron jugadores con algún talento, pero los entrenadores parecieron césares de la Roma decadente incapaces de poner en vereda una guardia pretoriana carente de disciplina y sobrada de vicios que se sublevó una vez al mes ante el mínimo reproche por sus inadecuadas costumbres. A pesar de todo, el paso entre la élite nos dio a conocer y en todos los campos caímos bien. Nos cantaban que éramos de primera, nos invitaban a cerveza en sus peñas y nos hacíamos fotos intercambiando bufandas... mientras cumplían el trámite de ganarnos. No somos otro Cádiz, pero vamos camino de ello. Perdimos todos los duelos menos dos, pero incluso ganando nos abrazaban. ¡Cuánto cariño en San Mamés, nuestro primer triunfo...!

    El segundo fue ante el Granada, poco antes de acabar la primera vuelta en El Arcángel y desde entonces no hubo alegría a la vera del Guadalquivir. Ayer comenzó nuestra Liga. En la que competimos y donde disfrutamos por las incertidumbres de los partidos y los resultados. Una liga en la que cualquiera gana o pierde con cualquiera. Una liga de la que participamos y somos protagonistas. Una liga sin pronósticos y en la que nada queda claro hasta la última jornada.  Somos más cabeza de ratón que cola de león. Aunque nos pese.
    
El Córdoba se ha estrenado contra el Valladolid y ha sido mejor. Por éso el 1-0. El once de Pucela tiene obligaciones de ascenso por nobleza e historia, pero me ha parecido que si quiere llegar a buen puerto debe defender mejor por los costados y atenerse a fórmulas mas prácticas para llegar a las porterías rivales. El portero Kepa para mucho y bien, pero no puede hacer milagros. Chica, el veterano lateral derecho, es de tronco rocoso y compacto, mientras que el izquierdo, joven y Hermoso de nombre, acaba de abandonar el R. Madrid C en periodo aún de aprendizaje. El central Marcelo Silva está más lento que en su época del Almería. Juanpe, el otro, bien sin más. Óscar es el faro de un equipo tristón y melancólico. Ayer se distinguía por el brazalete blanco en camiseta morada. Nada más. Leao es mediocentro rascador, pero sin la fiereza típica del puesto. Timor me pareció el más comprometido junto a Juan Villar, un mozo que deslumbró en el Recre hace años y que llega a Valladolid con la falsa etiqueta de ser el mejor jugador del Cádiz en la campaña pasada.  Mojica, un colombiano veloz que creo que es aún del Rayo, pero al que Paco Jémez no soporta, parece mejor de lo que muestra, pero todo se le va en reñir a sus compañeros y cierta falta de conocimiento en el control de su fenomenal sprint. Rodri, el delantero centro, no es el que fichó el Barça hace unos años. La lesión lo frenó, pero aún tiene velocidad y transmite mucho peligro. Un 1-4-5-1 (un sistema que gusta a los analistas) puso Garitano en Córdoba con la pretensión de liarla en un contraataque, pero Mojica anduvo despistado y Rodri acabó asfixiado ante un equipo, el Córdoba, que fue mucho más que el Valladolid.
   
Si damos por bueno que el Valladolid es favorito al ascenso, nosotros, el Córdoba, no vamos a ser menos.