Follow by Email

sábado, 5 de julio de 2014

Celanova





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En los 80 los franceses se pusieron muy pesados con la muerte de los grandes relatos.

    Por grandes relatos los españoles entendíamos aquellas novelas de Ray Loriga que tendrían lo menos un centenar de hojas, y no comprendíamos el pesar de los franceses por la desaparición de una cosa así, y eso que aún no se había inventado el tuit.

    Entre el tuit y una novela de Loriga estaba la crítica periodística, que podía versar de política, de cine, de fútbol, de toros o incluso de arte, género marchito en los periódicos desde los días… de Plinio el Viejo, que creyó asistir a la muerte de la pintura y escribió: “La desidia ha destruido el arte.”

    Sin arte no hay crítica.

    Pero un gran crítico, sostiene mi ensayista, sabe que es la sombra de un eunuco en comparación con el autor.

    –¿Cree usted que se escribirían libros sobre Dostoievski si fuera posible escribir una página de “Los endemoniados”?
    
Las últimas personas que me han hecho pensar en el arte son Rita, Erik y Sonia, escolares de Celanova, Orense, que me han obsequiado sus dibujos. Son alumnos de José Rivela, un profesor de artes plásticas que motiva la creatividad de los chicos sentándolos ante el espectáculo del periodismo, donde todos somos viñetistas (Olano, gallego de Villalba, llamaba “viñetas” a las columnas).

    ¿Por qué el periodismo y no la tauromaquia?

    Pues porque en Galicia no hay tauromaquia (tampoco es que quede mucha en Madrid, “gracias” a la derecha gobernante ), y a mí el miedo que ahora me da es que los estudiantes de Celanova acaben tomando a los periodistas la misma manía que Picasso tomó a las palomas, obligado por su padre, pintor colombófilo, a terminarlas en la cadena de montaje de su taller de postales en La Coruña, donde el pequeño Pablo, a la edad de Rita, Erik y Sonia, remataba ojos y patas.
    
Amigos de Celanova: que el dios de la kleksografía (arte de aprovechar los borrones que caen en el papel) nos bendiga en vuestros borrones de tinta.