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domingo, 13 de julio de 2014

Nuevo funcionalismo rubio

Hughes

En algún momento de este campeonato, al ver a Neuer salir del área, extender su dominio por el campo o detener la pelota como si fuera una bolita de velcro, recordé la fascinación infantil por Schumacher. Ya sólo pronunciar su nombre vigorizaba. Era un Arconada con misterio. Nieto de Maier, padre de Kahn. Podríamos incluir a Bodo Illgner, que entre nosotros parecía uno de esos silenciosos veraneantes alemanes que se quedan leyendo en la piscina.

Neuer, heredero de todos, parece una estatua de Arno Breker, miguelangelesco, rubio y colosal con un perfil de genuino germanismo que resulta... ¿envidiable? Parece bruñido en un metal noble. Neuer, el de la sien heroica. Estoy sonando casi anticonstitucional, pero algunos atletas alemanes tienen en su sonrisa un rastro de superhombre. De niños siempre íbamos con Alemania. Muchos podríamos decir «Yo fui un niño germanófilo». La ensoñación ingenua por lo rubio cada vez que el comentarista decía «teutón» se repite en la columna vertebral Neuer-Kroos-Müller (Özil es Pierre Littbarski), a los que vemos jugar con la boca abierta. Y falta Reus.
 
Neuer realizó el sueño cruyffista y contra Ghana inventó un puesto nuevo. Müller lleva consigo el espacio (un guión bajo) y Kroos formará con Modric los carretes de una casete temible. Löw le ha dado a Alemania riqueza. Como cualquier superhéroe que se precie, un equipo moderno tiene que tener por lo menos dos versiones de sí mismo. Sin falso nueve y centrocampismo de estuco, une a los tres interiores las posibilidades cooperativas de Özil y Müller, de modo que puede llegar a tener cinco tramando. Hace poco se lo leí a Zerolo: «Mi madre me enseñó a vivir en red». Pues Alemania ya sabe hacerlo, y además conserva su verticalidad, sus contras, sus bandas y el orgullo de Klose y Schweinsteiger.
 
Lo de Löw parece un neofuncionalismo. El fútbol alemán tenía la belleza del diseño industrial. La «gute form », la buena forma, el diseño hermoso por exacto. Hay coches, relojes o electrodomésticos alemanes que son bonitos de un modo inexplicable. Hasta un despertador alemán tiene un encanto raro. Su bip bip molesta menos. Pues esta selección ha hecho por su fútbol lo que los nuevos diseñadores. Personalismo, mezcla, flexibilidad. La forma un poquito más allá de la función. Como idea, finura o conceptismo futbolero, lo de Alemania es vanguardia. Contra eso queda el 10 de Messi, tieso en lo físico, pero influyente de modo silencioso. Ha ido adaptando para mejor la idea de Sabella a lo largo del campeonato. La gran esperanza albiceleste es él, el innegable rostro de campeón que posee Sabella y la franqueza macha de Mascherano, que aperturó su orto. Postocojonudismo y providencia contra el nuevo escarabajo.