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lunes, 14 de julio de 2014

La herencia española




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Que dicen los “hestetas” del tiquitaka que la heredera estética de “la Roja” es la Alemania de Brasil, ese “nuevo funcionalismo rubio” que Hughes ve manifestarse en la línea Neuer-Kroos-Müller, aunque unos sabios británicos de “ScotlandsADN” ya han salido en la prensa avisando de que los rubios podrían extinguirse debido al cambio climático.

    Los “hestetas” (con la “h” de Cortázar) son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta (socialdemócratas), en definición de Juan Luis Romero Peche, autor del Libelo contra los estetas (1999).
    
Romero ve en la “hestética” (en el fútbol, la de los tiquitaqueros) un fenómeno de desvarío colectivo con reveladores matices de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni se aprehende, pero se ejerce con demagógico machamartillo).
    
La apreciación de la Belleza es a los fantasmeos de los “hestetas” como el amor cortés a las sudorosas maniobras con una muñeca hinchable.
    
El “hesteta” considera “artístico” a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”. Por ejemplo: “Xavi quiere meter un gol para dedicárselo a un niño con cáncer”, que dijo un radiofonista “hestético” en un Barça-Milán. O: “Íker no ha celebrado el gol de Cristiano porque se ha muerto un niño polaco al que quería mucho”, que dijo el “Marca” el día del Madrid-City.
    
Mas los “hestetas” sobrevivirán a todo, porque los suyos siempre serán argumentos progresistas y rebeldes, es decir, sentimentales.
    
Pero decir que la Alemania de Brasil es la España de Del Bosque es como decir que la Wermacht que desfiló en París era la heredera del Quinto Regimiento de Líster.
    
La verdadera herencia del tiquitaca español no es la Alemania de Löw, ese señor atildado que en la banda combate el estrés haciendo pelotillas con los tuétanos nasales, sino el Bayern de Guardiola, con Müller (otro descubrimiento de Van Gaal) en el banquillo.
    
Alemania entró en la Historia de Brasil’14 como sólo lo hacen los hijos de Hegel, devastándola, ayudado por un Brasil que más que un equipo parecía una redada, especialmente David Luiz, ese Sergio Ramos escapado de una silla eléctrica (Robben le hizo las mismas jugadas a Luiz en la Consolación que a Ramos en la Apertura). Hasta esa fecha, los “hestetas” sólo habían visto en Alemania a una banda de pueblo con Khedira, “el tuercebotas de Mourinho”, tocando el bombo y Özil el violín.
    
Cuando Mourinho lo trajo al Madrid, Valdano no sabía quién era Khedira. Hoy se lo disputan todos los jeques del mercado (cosa que no ocurre con Canales, la apuesta “hesteticista” de Valdano), y el alemán, habitualmente pitado por el piperío del Bernabéu, puede escoger destino. Que Dios le bendiga, por todo lo que ha corrido para los figurillas blancos.
    
En Brasil, peor que Brasil sólo jugó Argentina, finalista por los juanetes de Mascherano y las yemas de los dedos de Romero, ¿y dónde fue el escándalo de Valdano?
    
Después del malísimo partido de ayer [Argentina-Holanda], ¿han visto a los argentinos celebrarlo? ¿Fútbol espectáculo? Narices, la victoria es lo que vale –tuiteó Javier Clemente, y su “Narices” sonó al “¡Nuts!” del general yanqui McAuliffe a los nazis que le exigían la rendición de la 101, copada en Bastogne.



DI STÉFANO / DEL BOSQUE
    En los colegios de frailes del Norte la gracia oficial más repetida por Navidad era la de la humildad cristiana de Jesús, que, pudiendo nacer en Bilbao, “nasió” en Belén. Así se entendió en su día la mítica humildad de Del Bosque, que rechazó la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, el club en que cada noche, durante décadas, había apagado la luz para ahorrar. Y así hay que interpretar su clamorosa ausencia (con la de su jefe Villar) en la despedida a Di Stéfano en el Bernabéu. “Moscas para niños traviesos –dice Shakespeare–: eso somos para los dioses”.