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viernes, 18 de julio de 2014

Federer


Proudhon



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Federer, ese suizo que juega al tenis y que hace hijos como gana trofeos, a pares, es el nombre de moda en la política española, donde hasta Pedro Sánchez (Pedro de la Preveyéndola, en acuñación de Rosa Belmonte) nos quiere federar, aunque el columnismo socialdemócrata no se le echa encima por eso, que es lo gordo, sino por no votar a Juncker, que ya nos dirán a quién c… le importa.

    –¿Y usted cómo arreglaría la corrupción?
    
Preveyéndola.
   
 ¿No sabe conjugar el verbo prever (el único verbo importante en la política, que es la ciencia del poder) y va a federar España?

    En un país en el que los escritores no leen y los lectores sólo escriben, Pepe Ramoneda, el Ortega de Cervera (donde la funesta manía de pensar), que ya en su día puso su dedo en la llaga del fascismo (para él, Belén Esteban), no ve inconveniente en unir (federar) lo ya unido.

    Pero el pez gordo de esta tropilla de federalistas proudhonianos que no han leído a Proudhon es Victoria Camps, madame Curie de la ética felipista. Curie descubrió el polonio, y Camps, una especie de “actimel” para activar las defensas socialdemócratas mediante esa cháchara de márketing emocional que te lleve a aceptar (“Esto me va a doler a mí más que a ti”) el troceo de la nación más vieja para salvarla. Entre todos la troceamos y ella sola desapareció.

    Es inútil decirles que para trocear una nación no existe en nuestra civilización el “derecho a decidir”: ni el de unos pocos, como quiere Mas, ni el de todos juntos, como cree Rajoy.
    
Y es que son catedráticos de cosas, pero tienen del derecho la misma idea que una vecindona votando en la junta la instalación de una bajante en el patio.

    Claro que en la tropilla de simplones hay algunos pícaros que en el “federar” ven el viejo truco de los clubs de fútbol que, para no pagar sus deudas, sólo tenían que cambiar de nombre, como el Burgos.
    
¿Mas qué se puede esperar de una sociedad que mira por encima del hombro sólo porque se sube a una bicicleta?