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lunes, 14 de julio de 2014

Novillada en Las Ventas. Hace falta valor


 El chino del iPad

 El cartel

 No es Gaza...

 ...es el muladar de Abella, el catalán que tiene
 el PP para acabar con la tauromaquia en Madrid
 Nuevo en esta plaza

 El azulejo usurpador
(¡Con la mala suerte que trae!)

 Esto es un toro en Las Ventas

 ¿Dónde están los orejeros de San Isidro?

El chino de delante

José Ramón Márquez

¡Hace falta valor! decía Auserón, y la verdad es que hace falta valor para dejar las comodidades de la vida moderna, abandonar la siesta reparadora e irse a Las Ventas el 13 de julio, primer día del verano real, es decir del calor, a ver una novillada de los Herederos de don Manuel Santos Alcalde que, por si alguien fuese capaz de dudarlo, son más juampedritis, en esta caso juampedritis charra, que la metástasis del monoencaste también se va adueñando de Salamanca inexorablemente.

Antes de nada daremos las buenas noticias. La primera la del lleno, que si bien los tendidos presentaban un aspecto desértico, era un festín contrastarlos con el llenazo de no hay más gañote en el mogollón de burladeros del callejón, que estaban petados, como un día de San Isidro de los de postín. Lo segundo, congratularnos de que  prosigan a buen ritmo los trabajos de restauración del alicatado dedicado a Nicanor Villalta, encargados personalmente por ese alfarero de la gestión llamado Abella a quien Tirios y Troyanos conocemos como Abeya, dado que aún no ha sido repuesto y en su lugar permanece el de Manuel Benítez el Cordobés que se colocó ahí por cuestión de estética, para que no quedase el hueco vacío mientras se verificaba la delicadísima operación, equiparable por su complejidad a la de la limpieza de las pinturas de la Capilla Sixtina.

Del ganado hay poco que decir. Llamó la atención por lo feo, y cuando decimos feo nos referimos a todo en conjunto, empezando por el hierro, siguiendo por los colores de la divisa, por el rollo de los crotales, por el aspecto abecerrado, como de utreros, por lo cornicortos, por lo débiles, por el medio geniecillo cobardón que sacaron. Nada hubo que llamase la atención de los novillos de los Herederos, que ni en forma ni en tipo parecían juampedreros, si acaso una marca blanca, el Hacendado Juampedro. El segundo se fue de vuelta al lóbrego agujero y en su lugar soltaron uno negro de Los Rodeos -ganadería con nombre de aeropuerto-, que por comparación al de los Herederos que le antecedió, parecía un toro hecho y derecho, aunque su debilidad motriz, su falta de fuerzas y su congénita imbecilidad deshiciesen en seguida esa ilusión. El hecho de que, según el programa oficial, la ganadería heredada no hubiese lidiado un solo toro el año pasado retrata de manera elocuente el celo con que los Choperón Father & Son y el custodio de Las Ventas, Abeya el alicatador, se toman la cuestión ganadera.

Para el finiquito de las prendas heredadas pusieron en el cartel a Tomás Angulo, nuevo en la Plaza, Brandon Campos y Gonzalo Caballero.
De Tomás Angulo lo mejor que se puede decir es que es extremeño, de  Llerena, y su indudable ansia de triunfo a cualquier precio. Lo otro es su afán bullidor, su falta de conocimiento o de buena aplicación del conocimiento, su manera constante de recortar el viaje de los novillos lo mismo con la seda que con el percal. Ni con el bobito que le tocó en primer lugar, ni con el mansete rabiosete que le tocó en segundo, ni con el taimadillo que le tocó en suerte por la cogida de Caballero se vio en él nada que pueda hacer presuponer que su carrera pueda tomar el más mínimo vuelo. Fue atropellado por el tercero, el de Caballero, y ese percance le produjo una cojera intermitente, que afloraba en momentos cruciales donde se requiere el aplauso compasivo de las gentes y que desaparecía mientras el joven torero desgranaba sus mantazos. Sea por la cojera o sea por lo que a las gentes les gustó el planteamiento del chico, recibió el fervor popular acrecentado por los momentos en que en vez de la muleta de trapo precisaba de la muleta de ortopedia. Además otro toro le metió un cabezazo cuando intentó hacer una media de rodillas, brindó su primero al hijo de Michelín y trató de darse una vuelta al ruedo por su cuenta, todo desparpajo, a la muerte de su segundo. Mata tirando el engaño al suelo, por lo que pueda pasar.

El queretano Brandon Campos ya es conocido en Las Ventas. De nuevo demostró su gracia con el capote y volvió a dar la sensación de que es torero que está presto para la alternativa. Pensamos que luciría más con ganado de más entidad. A su primero, el negrito de Los Rodeos, una monja de la Caridad, le toreó con gusto y suficiencia y, a veces hasta se quedó en el sitio. A su segundo, novillo menos bondadoso, parado, con menos afición que el chino que se sentó delante de mi en la Andanada, apenas pudo esbozar alguna filigrana con el capote. Cuando Caballero fue a hacer su quite a este toro, se echó el capote a la espalda para ir por gaoneras, el novillo se le arrancó con fuerza propinándole un fenomenal porrazo que lo mandó inconsciente a la enfermería.

En el único novillo que mató, Caballero -nada que ver con el charlatán que comenta las corridas de la TV- mostró dos caras. Por un lado quiso hacer el toreo serio y bien cimentado. Plantea un inicio de faena por ayudados rematados con el pase del desprecio, de buen sabor. La faena en sí misma la inicia haciendo galopar al novillo, dándole distancia sin recogerle para ligar, y luego sigue con series por la derecha en las que brillan algunos muletazos hondos y templados. A la vista de que en la Plaza habría unos veintisiete aficionados, opta en el final por la cosa de los invertidos circulares, las manoleras y las bernarderas que entusiasman por igual al público de oriente y de occidente. Digamos que Gonzalo Caballero puso a funcionar la cabeza para ver de sacar un triunfo de Las Ventas, pensó en la cara del toro lo que era más conveniente a su interés y lo puso en práctica. Tumbó al toro de una estocada aguantando muy bien ejecutada, que es lo mejor que se vio en toda la tarde, aunque quedase delanterita, que sirvió como perfecto pasaporte para enviar al novillo al Valle de Josafat.

Caballero está pidiendo a gritos que alguien ya mismo le dé la alternativa.